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EL DIARIO DE VIDA DE HERMES ANTONIO
BLOG EDITION FOR THE INTERNET’S WORLD WIDE WEB (ONLINE).

Aquí es donde escribiré cosas que no son críticas de cine ni nada, pero que igual me dan ganas de decir y qué tanto.

VIERNES 26 DE ABRIL

Encuentro que el gimnasio es un lugar fascinante. Y extremadamente aburrido, así que no tengo opción más que ponerme a hacer observaciones profundas. Yo voy a un gimnasio de aquellos del imperio Pacific Fitness. Ustedes saben, esos gimnasios que proliferan en la ciudad porque miles de personas se inscriben por un año y no van nunca, aumentando las ganancias y reduciendo los costos de mantención o qué sé yo, me vieron cara de economista. El punto es que un nuevo Pacific Fitness abre todos los días en algún lugar de Chile y no me explico por qué si somos todos guatones. Bueno quizás ahí está la respuesta. Somos guatones y queremos hacer algo como inscribirnos en el gimnasio, pero no ir.

Yo estoy tratando de ir lo más posible porque suficiente dinero he donado a estos gimnasios. También porque encontré por fin la motivación correcta para querer quemar toda la grasa que he acumulado toda la vida. No es ningún secreto mágico lamento informar, es algo desagradable que me pasó y que no voy a compartir con nadie. Pero ese incidente es lo que más combustible me ha dado para querer quemar mi gordura para siempre. Eso es bueno, encuentro.

En fin, lo que quería contar es algo extraño que me ha tocado ver en estas semanas de elíptica, trotadora y pesas, partiendo por la obsesión que tienen en el gimnasio con la película Hulk, de Ang Lee. Ustedes saben que hay televisores en los gimnasios, siempre puestos frente a las máquinas aeróbicas (elípticas, trotadoras, bicicletas). Estos son los ejercicios más aburridos de todos porque uno está ahí básicamente como hámster sudando non-stop como un autómata. Nada en contra de estas máquinas, para la gente como yo (que usa lentes) son la solución perfecta porque no hay que mirar obstáculos así que uno puede clavar la mirada en el horizonte o cerrar los ojos sin preocuparse por quedar metido en un árbol, o atropellar abuelitas que se cruzan en la ciclovía. El que no tenga que usar lentes permite que pueda sudar en paz, que mi rebote no me los saque, etc. Pero pese a que estoy sin lentes, igual pude darme cuenta de que la película Hulk de Ang Lee estaba siempre puesta, con inusual frecuencia.

A la hora que fuera al gimnasio, ahí estaba. Hulk de Ang Lee. A veces la agarré desde la mitad, otras veces justo cuando estaba empezando, otras vi el puro final. Al principio pensé que uno de los funcionarios del gimnasio era fanático de la película, pero de a poco fui desechando la teoría. Una porque iba en horarios muy aleatorios (está abierto las veinticuatro horas) y otra porque nunca pillé a nadie viendo la película. Además era raro que fuera esa película en particular ¿Por qué no The Avengers que es más buena/nueva? ¿O el remake por último? También pensé que la película era parte de un gran video que estaban siempre rotando, pero no. Vi que cambiaban el disco entre Hulk y las otras cosas. Después de pensarlo llegué a la conclusión de que mostrar Hulk de Ang Lee en verdad era una orden de algún jefe, una política de la empresa. Una política que fue instaurada simplemente porque Hulk se trata de un musculoso, y tiene grandes secuencias de superioridad física.

Los videos que ponen cuando NO están dando Hulk refuerzan mi teoría. Si no está Hulk peleando contra los tanques, dan unos videos donde musculosos hacen proezas imposibles. Tiburones con una mano, sentadillas con un camión en un hombro, abdominales colgando de un precipicio, entrenamientos a lo Insanity y cosas que yo jamás en mi vida humana conseguiré hacer. El que alternen estas cosas con Hulk me obliga a pensar que alguien importante en Pacific decidió que esas cosas motivan a la gente a ejercitar, cuando en verdad hacen todo lo contrario.

Créanme, a mí me cuesta ene ir al gimnasio. Ir a sudar en un galpón poco ventilado nunca es más atractivo que quedarse en la casita viendo tele comiendo pan con queso. El que esté ahí en esa elíptica viendo tele mientras sudo es mi monte Everest personal. Y ver a esos musculosos grotescos haciendo cosas que yo jamás podré hacer consigue el efecto opuesto a motivarme. Me recuerda lo lejos que estoy de estar en forma de verdad, y lo desafortunado que fui (según algunas escuelas de pensamiento) al tener más desarrollados otros aspectos de mi humanidad en lugar del interés por el ejercicio, o una contextura normal. Y lo peor es que la gente como yo es mayoría en ese gimnasio. Digo, hay musculosos, sí, compadres disciplinados que seguramente van todos los días durante horas a levantar pesas, los felicito. Ojalá pudiera ser como ellos. Pero cuando miro a mi alrededor ahí delante de las teles veo a más gente como yo que gente como ellos, ¿se entiende? Señoras con guatita que quieren tener una vida más sana, gorditos tímidos que sudan todos colorados con zapatillas y equipo deportivo completamente nuevecito de paquete, comadres que se ponen polerones alrededor de la cintura para que no se les vea tan grande el traste en calzas, señores cincuentones rellenitos que seguramente están ahí por órdenes médicas. Todos con expresión de castigo, evitando contacto visual con los demás, todos parándose a descansar más tiempo del que ejercitan, todos tratando de llenar un vacío. O más bien vaciar un lleno. Gente como yo, en resumen, que está haciendo el esfuerzo máximo por el solo hecho de estar ahí.

¿Por qué, señores del Pacific Fitness, creen que nos va a motivar ver musculosos deformes levantando sus cuerpos con un meñique? ¿Y por qué encuentran que un efecto especial digital que representa un MONSTRUO, una alegoría de la RABIA de un científico reprimido, es un buen modelo a seguir? Creo que nunca nada va a motivar a la gente a hacer ejercicio, eso tiene que venir de uno no más. No hay nada que puedan poner en esas teles que haga a la gente querer quemar sus grasas. Quizás la clásica noticia del gordito que pesa quinientos kilos y se pone una sábana encima para dar entrevistas. ¿Hará eso que uno diga “Sí, en verdad no quiero ser así, vamos por diez minutos más”? No creo. Y sería ofensivo igual. Pongan conciertos de Beyonce, de Rihanna, de Black Eyed Peas. O pongan capítulos de Los Simpsons, qué sé yo. Igual nadie ve realmente esas pantallas. Son ruido visual para tener de fondo, lucecitas de colores para clavar los ojos mientras uno se ejercita. Pero los amigos del Pacific deberían conocer mejor a sus clientes. Les ofrecería asesoría pero ya me conocen: Prefiero escribir alegando que hacer algo al respecto.

MIÉRCOLES 10 DE ABRIL.

Llevaba como diez años sin comer carne. Me acuerdo que fue un día almorzando, miré la presa de pollo en el plato y dije “No, no quiero comer más animales”. No voy a sermonear al respecto, solo les diré que de pronto no me sentí cómodo con la idea de comerme un ser que alguna vez estuvo vivo, caminando por el mismo planeta que yo y respirando el aire.

La conversión al vegetarianismo fue simple. Lo más difícil fue que mi vieja entendiera que ya no comería más carne. A cada rato me preguntaba. “¿Y jamón?” Eso es carne, mamá. “¿Pero de pavo?” Igual. “¿Entonces atún?” No, atún tampoco. Pobre mamá. Lo que más le complicaba era hacerme almuerzo y alimentarme. Pero mi vegetarianismo la hizo ser muy creativa y de a poco se hizo experta en el pastel de choclo con champiñones en vez de carne, los tallarines con carne vegetal, las tortillas de verduras, los completos con salchichas de soya, las pizzas vegetarianas, etc.

Creo que pasaron siete años sin que probara la carne ni me dieran ganas. Nunca fui bueno para los asados ni para los crudos ni nada de eso, y no me gustaban los mariscos, así que ni siquiera noté el cambio. También me di cuenta de que los carnívoros no soportan que alguien no coma carne. Es divertido porque la gente parece estar de acuerdo con que los vegetarianos son buenos para sermonear a los carnívoros pero en realidad es al revés. Las peores experiencias fueron precisamente en asados o instancias sociales. Cuando me veían rechazando los jugosos platos de carne empezaban las preguntas. Y es IMPOSIBLE contestar esas preguntas, en ese contexto, sin sonar mala onda.

¿Cómo decirle a alguien que está disfrutando un costillar enorme que no como animales porque me da pena comerme un ser que estuvo vivo? ¿Cómo explicar que no puedo dejar de ver CADÁVERES en esas presas de pollo? Me acuerdo que hubo muchos momentos incómodos, por lo que empecé a optar por respuestas más diplomáticas. Me acuerdo que a un compadre le dije que era por motivos religiosos. A otro le dije que la carne me hacía mal. Cualquier cosa por evitar sonar como un juez. Porque créanme que mi posición nunca fue que nadie comiera carne. Para mí era una cosa personal. A mí me incomodaba comer carne, que el resto haga lo que le plazca, no le devuelve la vida a la vaca rechazar un plato de carne ni sermonear a la gente.

De todas maneras el carnívoro se enoja y empieza a hacerte observaciones mala leche. Que los huevos también son cadáveres. Que las lechugas son seres vivos. Que mis zapatillas probablemente son de cuero. Todo el mundo suele asumir que tu vegetarianismo es una cruzada ecológica y no entienden que en verdad es una opción. Pero bueno, me acostumbré.

Las cosas se hicieron más complejas cuando unos siete años después me enfrenté a un plato de pastel de jaiba. Me lo pusieron delante sin preguntarme, porque era una comida con menú, donde no podíamos escoger. Olí el aire como hipnotizado, y sin preguntármelo siquiera me zambullí en ese plato increíble. Fue en Puerto Montt donde dejé de ser vegetariano por la pura debilidad de mi glotonería, devoré ese pastel de jaiba como si estuviera en un concurso de chanchos, y me sentí muy culposo después. Como si todo ese tiempo hubiese sido un farsante.

Pero ahí descubrí que había un montón de gente que no comía carne pero sí comía mariscos y pescados. No eran vegetarianos, pero parecía ser una dieta decente. Y por alguna razón los pescados y los mariscos no me producían lo mismo que las vacas, los pollos o los cerditos. Así que empecé a comer mariscos. Sushi. Ceviches. Atún. Todo lo que me negué por mucho tiempo. Era mucho más fácil y nadie te preguntaba nada si rechazabas el pedazo de asado pero tenías un salmón en el plato. Y así fueron los últimos tres años de mi vida, comiendo mariscos y alejado de la carne.

Pero a fin de año algo pasó. De pronto encontré que me estaba enfermando mucho. Y cada cosa que me daba los doctores me decían que era por tener “las defensas bajas”. También pasó que estaba aburrido de mi comida de siempre y cada vez tenía más ganas de comer carne. Pollo, principalmente. Comí pavo en Año Nuevo y me encantó. Quise seguir comiendo. Y de a poco me fui dando cuenta de que necesitaba la carne, tenía ganas de comer como nunca antes, y era algo más que un simple antojo.

Y esto es de lo que quería hablarles. No es fácil reintegrarse a la sociedad después de tanto tiempo sin comer carne. De partida mi opinión sobre la carne no ha cambiado nada. Me sigue molestando comer cadáver, me sigue dando pena comerme un ser vivo, pero siento que lo necesito. Y me gusta. Que es lo peor. ¿Por qué nos torturamos así como seres humanos? Entiendo que biológicamente somos carnívoros, que es natural, que todos los animales matan otros animales para comer, etc. Pero mi cerebro sigue haciéndome sentir mal igual, recordándome que un animal no tendría que morir por mí, que debería poder alimentarme de otras cosas. Pero no me resultó no más. O agoté mis años de no comer carne, no sé. (Hace tiempo una nutricionista me dijo que el efecto de la carne es “acumulativo”. O sea, si comiste carne siempre, podrás prescindir de ella un buen tiempo. Después de ese tiempo deberás hacerte chequeos y probablemente tomar vitaminas). Lo que sé es que desde que empecé a comer carne de nuevo (principalmente carnes blancas) me siento mejor. No me he vuelto a enfermar. No más defensas bajas.

Lo penca ahora es lidiar con la gente que me conoce. Como les dije, no es fácil reintegrarse a la sociedad. Todo el mundo cuando te ve comiendo carne te dice “¡¿Y tú que no eras vegetariano?!” y te lo dicen con un tonito triunfal y abacanado. Como si fuera una derrota para uno y una victoria para ellos. Y esto NO PARA DE OCURRIR. Creo que llevo meses comiendo carne de nuevo y todo el mundo sigue sorprendiéndose y/o increpándome.

Lamento sentir que necesito comer carne. Quisiera que mi cerebro le ganara a mi cuerpo, pero es indiscutible. Me siento mejor, he adelgazado, tengo más ganas de hacer deporte que antes, siento que no tengo que comer tanto para llenarme. Pero a la vez me mortifica comprar pollo, cortarlo con un cuchillo y despedazar huesos y tendones. Entiendo a todos los vegetarianos y veganos del mundo y los envidio un poco. Pero también entiendo y envidio a los carnívoros que nunca se han cuestionado siquiera su ingesta de carne.

El otro día en un avión me puse a ver Avatar. La de los gatos azules que luchan contra los terrícolas pelmazos, ustedes saben. Y la escena en que cazan y después le piden perdón a sus presas me llegó caleta. Porque eso es lo que me pasa. Les pido perdón a todos los pobres seres vivos que me como, y así y todo me siguen doliendo.

Gracias, hermanos animales, por todo.

2013: VIERNES 11 DE ENERO.

La Tita era la mejor mascota que alguien podría tener. Me la encontré en la calle dos días antes de que una polola me pateara rompiéndome el corazón, por lo que puedo decir que la Tita desde el principio me salvó. Me distrajo con sus encantos de gatito cachorro cuando yo lo único que quería hacer era llorar y afeitarme la cabeza, y nunca dejó de ser mi amiga. En ese entonces vivíamos en casa, pero nos cambiamos a un departamento, y la Tita disfrutaba mirar la ciudad desde el balcón, cuando amanecía. Se sentaba en un rincón muy peligroso y se quedaba inmóvil, por lo que mi vieja empezó a decirle “la gata Batman”. Todos decían que la Tita me quería a mí y a nadie más. Que no pescaba cuando la llamaban, que se encerraba en el clóset hasta que me escuchaba llegar y ahí recién salía y comía y jugaba.

A la Tita le gustaba subirse a mi espalda, y me saltaba encima apenas me veía remotamente inclinado. Si me agachaba a recoger algo, PUM, Tita en la espalda. Me agachaba cuando hacía la cama para meter las sábanas debajo del colchón, y ahí saltaba la Tita. Si me quedaba agachado, se acostaba. Si me paraba, ella se acomodaba y se quedaba sentada en mi hombro, aunque yo caminara. Siempre me sorprendía y me hacía gritar porque me clavaba sus garras, pero me mataba de la risa y me alegraba el día. En mi casa me molestaban porque le compraba la comida cara que para los demás gatos era un privilegio ocasional. La Tita no quería comer comida flaitonga después de probar la comida cuica. Una princesa.

A la princesa también le gustaba que la cepillaran. Si me veía con el cepillo de gato en la mano me seguía maullando, como exigiéndome que la cepillara. Y mientras la cepillaba ella abría y cerraba sus garritas, amasando en el aire, feliz. Y como toda buena mascota, su felicidad era extremadamente contagiosa.

Cuando se enfermó se puso flaquita muy rápido, y dejó de saltar sobre mi espalda. Se escondía más seguido que nunca en el clóset y salía rara vez. Le dio esa infame leucemia felina, aunque según el veterinario era una variación de esa enfermedad. Me dijo que podían prolongarle la vida al gatito, pero que no era una vida muy feliz para ellos, con mucha transfusión de sangre y cosas así, y ahí fue cuando me empezó a dar esa pena inconsolable de verla sufrir sin poder explicarle por qué le pasaba lo que le estaba pasando. Cada vez que la pinchaban, cada vez que la subían a su jaula, ella se quejaba y gastaba las energías que no tenía en resistirse. Qué ganas de poder explicarle que había tenido mala suerte y estaba enferma, y que todo lo que hacíamos era para ver si se mejoraba. No poder comunicarle todo eso es uno de los dolores más terribles de tener mascotas y sufrir sus enfermedades acompañándolas. No había nada que hacer, el tratamiento era doloroso y caro, y con remotas probabilidades de que se salvara, así que todo se reducía a esperar el momento correcto para sacrificarla.

No estaba listo para que se fuera la Tita, era demasiado importante en mi vida. La gente que no tiene mascota o que no ama los gatos es incapaz de entender este dolor, pero para mi la Tita era familia. A quien esperaba ver cuando llegaba a mi casa, a quien echaba de menos cuando estaba lejos. Y aunque estaba enfermita y muy mal, mi Tita seguía disfrutando que la cepillara. Aunque no se movía, si estaba acostada y sentía el cepillo en su pelaje lindo, la pobre seguía abriendo y cerrando sus patitas, señal de que seguía disfrutándolo, de que todavía era ella.

Para mí esto era suficiente para seguir manteniéndola con vida. No tenía energías, no jugaba, casi ni comía, pero seguía disfrutando el cepillo y me lo hacía saber con sus patitas abriéndose y cerrándose, como la cachorra que alguna vez fue. Sabía que no le quedaba mucho tiempo, así que la cepillaba siempre, para hacerle saber que seguía ahí para ella, y que todavía había cosas buenas en la vida.

Hasta que un día en la tarde me le acerqué, le pasé el cepillo por su costado como siempre, y nada. Sus patitas no se movieron ni un solo poco. Se quedó inmóvil respirando rápido, sin dar ninguna señal de nada. Y yo supe que tenía que dejarla ir. Creo que empecé a llorar en cuanto fui a buscar su transportador para llevarla por última vez al veterinario. Cuando la metí dentro, cuando salí a la calle a hacer parar un taxi porque no había nadie que pudiera llevarme, llanto. Lloré todo el camino y todo el rato que el veterinario me hizo esperar en la sala de espera. La Tita no se movió, no protestó, no se resistió. Lo único que yo quería era que la pobre entendiera que todo era por su bien (siempre lo fue) y que todo se iba a acabar pronto.

Después de las inyecciones mortales el veterinario me dejó solo con la Tita para que me despidiera. Y Tita, lamento profundamente que tus últimos instantes en la tierra hayan sido junto a un gordo que no paró de llorar haciéndote cariño. Ojalá te hubiera dicho algo, pero llorar y hacerte cariño fue lo único que pude hacer. Era tanta mi pena que no me dio ni para darte las gracias por haber sido tan buena mascota, ni para hacerte las voces tontas que te hacía siempre y a las que seguro estabas acostumbrada sin entender nada.

Hoy las cenizas de la Tita están aquí a metros de mí, en un baúl cursi de feria artesanal con una plaquita que dice “Tita”. Han pasado casi seis años desde que te perdí y sigo poniéndome a llorar como niñita cada vez que me acuerdo de tus saltos sobre mis hombros y de tus patitas que se abrían y se cerraban cada vez que te cepillaba.

No me gusta ser tan sensible sobre este tema, quiero poder contarle a alguien cómo eras sin que se me inunden los ojos, y quiero poder ver tu foto sin sentir la necesidad de escribir esto en mi blog. Me demoré cuatro años en atreverme a tener gato otra vez, y hoy soy feliz con la Sofía y el Mayo. Pero creo que tú fuiste la primera mascota que sentí mía por primera vez, y por eso que no te olvido.

Ojalá exista el cielo de gatos, Tita, y ojalá tenga un balcón desde el que puedas pararte a mirarlo todo con esa seriedad que solo tenías tú, gata Batman. También espero que pueda ir a verte algún día, y que te subas de nuevo a mi espalda. Llevaré tu cepillo también, lo juro.

MARTES 22 DE MAYO.

¿Les ha pasado a veces que se topan con una canción que define perfectamente sus vidas, en el preciso momento en que la escuchan? ¿Alguna canción que es como si un peliculasta todopoderoso apareciera de la nada, decidiera que la vida de uno es una escena, y POOF musicaliza perfectamente tus sentimientos, tus emociones, tu mirada sobre el mundo? Bueno ese peliculasta imaginario acaba de anotarse un poroto musicalizando mis días, que por hoy no han sido los más alegres ni los más optimistas, no sé si me explico. No he conseguido escuchar la letra entera de esta canción (entiendo inglés pero para entender las canciones tengo que concentrarme heavy, o leerlas) así que no estoy hablando de lo que DICE (aunque hay canciones que también te flechan en alma con eso). No, estoy hablando del ESTADO de esta canción, de cómo es triste, pero enojada, de cómo habla de alguien que está siempre ahí pero no, y de incluso cómo ese alguien se mete en la canción en un momento. Me gusta que el ritmo sea más lento que rápido, pero que el compadre grite desde el alma. Me gusta que la canción sea intensa acumulando sonidos encima del ritmo piola, y me gusta que sean sonidos que suelen no existir en las canciones. Me gusta esta canción. No sé quiénes son los que cantan, ni si a alguien le va a parecer hipster o whatever que a uno le guste esto, pero me cayó del cielo como un rayo, y aquí estoy, marcando ocupado. ¡YOUTUBE!

SÁBADO 21 DE ABRIL.

“You don’t know nothing about love. Some pretty little thing catches your eye, next thing you know it’s been 56 years and you’ve shit all over yourself in the movie theatre, and she the only one to help you clean it up. That’s love”.

Ese diálogo lo dice un abuelito que despertó un día y se encontró a su esposa de hace cincuenta y seis años, muerta. Lo dice en el velorio, mientras uno de los dueños de la funeraria trata de consolarlo diciéndole que la difunta ahora vivirá por siempre en su corazón, o alguna frasecita apestosa de esas. El abuelito no está ni ahí con esas frases, claro, así que mira al loco y le dice que no tiene idea lo que es el amor. Y va y le suelta ese diálogo, que me dejó para dentro.

Hace tiempo que no veía Six Feet Under, cabros. Pero andaba medio achacado y como siempre que uno anda achacado quise achacarme todavía más viendo cosas tristes. Terminé viendo seis capítulos al hilo, y cada vez que terminaba uno me sentía más vulnerable que antes, más mortal, más enamorado, más perdido y más vivo. ¿Qué onda, Six Feet Under? ¿O qué onda yo?

Yo siempre he creído que las series, las películas, los libros, los cómics, las historias me entienden, son importantes. Para mí (ya se habrán dado cuenta) son mucho más que algo para pasar el rato, entretenerse o tirar la talla. Aunque a algunos les suene a loser, yo creo que son parte de la vida tanto como la familia, los amigos y lo que quieren. Y las que nos conmueven pueden cambiar cómo miramos el mundo, cómo nos relacionamos con la gente, o qué opinamos de ciertas cosas. ¿Esa idea de PLANTAR un pensamiento en la mente de las personas de Inception? Pffft, eso lo vienen haciendo las historias hace mucho tiempo, qué te haces el bacán Nolan. Si yo hubiera sido Del Caprio habría hecho una película y apuesto que el Espantapájaros al final igual habría tomado esa decisión.

Bueno por eso mismo siento que es importante estar viendo/leyendo/sintiendo siempre aquellas historias que nos conmovieron o nos hablaron. Son como un amigo que uno deja de ver pero no de querer, ¿me entienden? Y a veces ese amigo va a estar cambiado, y uno no lo va a querer tanto, y no va a volver a verlo nunca más. Pero otras veces el amigo va a haber crecido con uno, y va a ser distinto a antes, pero igual de increíble.

¿Les ha pasado con alguna película? ¿Una que les encanta cuando son más chicos, pasa el tiempo, la ven de nuevo y uno ALUCINA y siente que la está viendo POR PRIMERA VEZ? Bueno, eso es justamente lo que me está pasando con Six Feet Under. No ha pasado tanto tiempo desde que la vi, pero yo cacho que estoy en un punto distinto de mi vida, y todo me ha llegado mucho más. Personas que conozco en la vida real aparecen reflejadas en los personajes de la serie, y cosas que otros personajes sienten o viven, me hacen pensar en cosas que he vivido yo. No sé, me cuesta explicarlo, pero hoy día en la mañana lloraba como un mamasán mirando capítulo tras capítulo, quizás pensando y sintiendo más que con cualquier película cabezona de su elección.

Creo que no voy a parar de verla hasta el final. Sé que me esperan momentos brígidos que antes me hacían pebre y quiero ver qué me pasa ahora. Porque uno va renovando los ojos con los que ve las cosas, y la vida se encarga de hacer sus propios remakes. A estas alturas yo cacho que perdí toda objetividad con esta serie, quiero mucho a los personajes, sus dramas me hablan demasiado y ya no sé si muchas de las cosas que pienso del universo aparecen en Six Feet Under, o si Six Feet Under me hizo pensar así. El huevo y la gallina, ustedes saben. Pero quizás es un poco de ambas. Quizás uno piensa cosas que las historias completan, y por eso a uno le gustan. Qué sé yo.

Lo único que sé es que me estoy pegando el medio viaje emocional. Y que es bacán. Aunque me raje llorando por culpa de un abuelito viudo. De nuevo. ¿No fue suficiente con Up?

DOMINGO 04 DE DICIEMBRE

Soy joven y no tengo mucha experiencia en conciertos porque yo soy más de ir al cine, ustedes saben, así que nunca pero nunca había ido a un concierto a puro ESCUCHAR y nada más. ¿Cómo? ¿No que todos los conciertos son para ir a escuchar? Sí, es verdad, pero en algunos se escucha más que en otros. Por ejemplo cuando fui al concierto de Placebo fui a puro saltar y pegarle a compadres con rimel. Ya conocía las canciones y fui a canturrearlas, y a bailotear, y a pasarlo pork, porque en verdad todo el guitarreo a todo chancho no se escuchaba muy lindo que digamos. Cuando fui a Paul MacCartney con mi vieja también fue distinto porque el compadre es un Beatle y uno iba a verlo a ÉL, y a escuchar las canciones que uno se sabe de memoria desde antes de nacer (yo nací sabiéndome Let it Be, lo juro). A Madonna fui a cachar a la viejuja y si se le veían los músculos igual de cerdos que en los videos, etc. Pero anoche me invitaron de la nada a ver a esta banda Kings of Convenience y partí haciéndome el que los conocía y poniendo la mejor cara de experto en música indie hipster apestosa péinense carajo se las juran.

De entrada tengo que advertir que para variar estoy llegando tarde porque en este concierto estaban TODOS. Vi a gente famosa, a actores de la tele, a amigas de mi hermano, al cantante de Glup (con rimel) a Mirage Man (sin rimel) a una señora drogada, etc. Igual me empezó a apestar el público apestoso, pero cuando salieron estos Kings of Convenience se me olvidó todo. Yo les explico: Eran dos flacos, uno Napoleon Dinamita y el otro más piola. Cada uno con una guitarra acústica, y sería. Había un teclado pero lo usaron dos (2) veces. El resto lo hacían TODO con las guitarras. Y apenas empezaron las canciones, ni les explico. Me acordé al tiro de Simon and Garfunkel porque cantan a dos voces que hacen un sonido único y suena tan perfecto que uno no puede distinguir las voces por separado. Y también porque es el mismo tipo de música: Suavecita, para escuchar acostado en la alfombra con velitas y los ojos cerrados medio quedándose dormido pero no. Y aquí viene la parte de ESCUCHAR: Era tan piola la música que uno en el concierto a lo más podía mecerse de un lado a otro como un árbol milenario en el viento invernal (metáfora) porque era el puro PLACER de escuchar. Salían sonidos tan ricos de las guitarras que cualquier gil que cantara o aplaudiera molestaba, y afortunadamente el público cachó esto porque todos se portaron (relativamente) bien. Obvio que en algunas canciones “conocidas” (no por mí) algunos pelmazos embalaban y arruinaban los soniditos cantando encima o haciendo “wooo”, pero en general estaban todos ahí ESCUCHANDO. Y aunque yo todo lo estaba escuchando por primera vez, lo disfruté como nunca había disfrutado en un concierto antes.

Claro, a muchos conciertos uno va porque quiere ver a los giles en persona, o porque quiere ir a quemar calorías como cuando fui a Prodigy y salté hasta que hice una arcada con mis propios riñones, pero esto fue otra cosa, me entienden. También fue chistoso cuando Napoleon Dinamita le dedicó una canción a un chileno que los había ayudado cuando estaban empezando a hacer música en Noruega, y el chileno se llamaba Pedro. Grité “Vote for Pedro” pero nadie se rió porque los hipsters no me entienden. En resumen, lo que estoy tratando de decir es que se consigan discos de Kings of Convenience y escúchenlos, si les gusta el tipo de música como esta canción, gracias: ¡YOUTUBE!

Consíganse el disco Declaration of Dependance y/o el Riot on an Empty Street y están al otro litro.

DOMINGO 13 DE NOVIEMBRE

Tuve una experiencia terrorífica, cabros. Venía en un vuelo desde Buenos Aires, el martes en la noche, en plena tormenta. No tengo mucha experiencia viajando en aviones, así que para mí fue nuevo todo. No sabía lo que se sentía una TURBULENCIA, ni lo que pasaba en la guata de uno cuando el avión hace movimientos bruscos. Yo venía con mi computador abierto con una película de terror (obvio) cuando empezó el zangoloteo. Y fue tan brígido el movimiento que la imagen de la película empezó a tener interferencia. Tampoco escuchaba nada con el ruido de los motores y el avión chirriando, y eso que tenia los audífonos puestos  a todo volumen. En una turbulencia en que el avión me tiró para arriba y sentí que el traste se despegaba del asiento para después volver a azotarse contra él decidí que no estaba ni ahí con ver películas e hice lo cualquier ateo asustado hace en este tipo de circunstancias: Rezar. Más encima los del avión potenciaban el horror apagando las luces y dejando que a uno lo iluminaran los medios ni que relámpagos que entraban por la ventana, y que habría encontrado bonitos de no haber estado en El Tagadá de la Muerte.

Pensé hartas cosas estando muerto de susto, cabros, entre ellas que debería tener escrito un post de despedida para Flims en caso de que me muera en un accidente o algo así. Es bien emo pensar eso, pero qué quieren que le haga, lo pensé. Sería muy penoso que Flims quede botado con alguna crítica maestra, así que lo voy a hacer. Voy a escribir una carta de despedida y de buena onda y de garabatos contra todos los que me sobrevivieron por giles, y los lectores maestros podrán dejar comentarios. Y si alguien deja algo mala onda puedo meterme al perfil de administrador desde el más allá, verle la IP al gil, y dar con él para penarlo, qué sé yo. Una buena idea por donde se la mire.

La cosa es que después de un rato empecé a pensar en el viajecito que me había pegado, y que igual todo valió la pena, así que si se caía el avión yo me iba a morir feliz. A no ser que se cayera en Los Andes y algún sobreviviente pelmazo me usara como alimento. En ese caso, mala onda, porque no tengo por qué recorrer el tracto digestivo de nadie, menos de ese brasilero asqueroso que lo único que hacía era sorbetear sus propios mocos, que se pudra. Y bueno, como tuve flashpacks de mi viaje, se los voy a contar ahora, porque esta entrada es como película, parte en una escena brígida (la tormenta en el avión) y ahora vamos al pasado.

DIEZ DÍAS ANTES.

Estaba yo ahí sentado en un avión de la aerolínea más pelmaza de la historia (Gol) cuando el capitán dijo que nos teníamos que bajar, porque el avión estaba malo. Tal cual. Llegué al aeropuerto a las cinco de la mañana porque el vuelo era a las siete, y a las ocho nos hicieron bajarnos del avión. No quiero contarles lo charcha que fue estar ahí esperando qué iba a pasar con nosotros porque fue una lata, y recién a las DOS DE LA TARDE nos dijeron que no podríamos viajar hasta el día siguiente. Moraleja: No viaje en Gol. Después de la agonía infernal en la desolación abyecta de la desesperanza terminé volviendo a mi casa con los bolsos, y perdiéndome el viaje que hace tanto rato venía esperando.

Porque no sé si ustedes saben, pero mi polola vive en Argentina. Sip, somos como los de esa película Amor a Distancia, pero más bonitos y sin familias pelmazas. Bueno, por mi parte sí, sorry. Este amor hace que yo viaje cada vez que puedo, y como nunca es suficiente, el que los de Gol me hayan robado un día de mi vida es algo que no podrán devolverme nunca, y no descansaré hasta asesinar a todos los empleados de esa compañía. Digo, poner un reclamo, eso, mejor borro esa parte de ahí.

Finalmente viajé (la foto esa del ala con la nubecita es del viaje de ida, que no fue terrorífico como el de vuelta) y cuando llegué allá empezó lo bueno. Porque gente, cómo les explico lo bacán de este viaje. Ya sé. Punto por punto.

EL BARS.

Lo primero que pasó fue que los amigos de Video Flims (sí, Flims, igual que nosotros) me invitaron a un festival de cine que hacen allá llamado Buenos Aires Rojo Sangre (BARS). Yo al principio no estaba ni ahí con ir a encerrarme a un cine (eso lo hago en Santiago y solo) pero justo ese día mi polola tenía que hacer así que filo, fui no más. Y lo pasé INCREÍBLE qué quieren que les diga. Lo primero que hay que decir es que estos argentinos tienen CALETA de peliculastas dedicados al terror, los flims de asesinos, zombis, asquerosidades, etc. Todo lo que me gusta a mí y a ustedes porque son maestros. Y no sólo eso sino que además no se creen la zorra como los peliculastas chilensis.

Es chistoso igual porque siempre todo el mundo ha dicho que los argentinos son quebrados y soberbios y se las juran, pero en mi experiencia es todo lo contrario. En Chile un gil hace una película y aunque le quede como el forro ya quiere que todo el mundo lo aplauda y se enoja si no lo hacen. Los amigos de este festival en cambio eran todos piola, y se ponían a hablar de películas conmigo aunque no tenían idea quién miércales era yo. Me hice tan amigo de estos peliculastas que me pasaron como cuarenta películas para que las vea y las comente acá en Flims, así que prepárense porque se viene. Gracias, cabros por la buena onda, aunque nunca lean esto.

LA PARADA ZOMBI.


Viajar en Halloween hace que uno se tope con cosas bacanes como el BARS y la Parada Zombi, que es como estos argentinos locos le dicen a la Zombiewalk. A diferencia de acá en Santiago donde puro salí a sacar fotos (AQUÍ), allá acepté que me maquillaran de zombi y partí con mi polola también maquillada a mezclarnos entre los muertos vivientes trasandinos ché. Dos cosas sobre esta Parada Zombi. Uno, Argentina nos vuela el traste en CANTIDAD. Bueno, hay MUCHA más gente en Buenos Aires así que obvio que iba a haber más giles disfrazados de zombis, qué tanto. Pero dos, Chile le vuela el traste a Argentina en CALIDAD (guaja). Los compatriotas como que se toman mucho más en serio esto de disfrazarse y se producen CALETA. En verdad me volví loco sacando fotos acá. Bueno en Argentina igual hay algunos que se lo toman en serio, pero en general anda puro compadre con la cara con talco poniendo caritas y sería. Igual saqué algunas fotos buenas, como este compadre que me quería comer el costillar.

COLONIA, URUGAY.

Cuando uno está en Buenos Aires puede tomar en Puerto Madero unos barquitos que van a Uruguay y que queda al lado. No me acuerdo del mapa mundi, pero uno cruza un río (asqueroso) y listo. Yo pensé que el famoso barquito iba a ser una porquería enana con motor a bencina como los que andan en Vietnam en las películas de guerra, pero era como un minicrucero gigante con sala de juegos, restorán, y tienda como las del aeropuerto. Siempre entro a esas tiendas a manosear los M&Ms, a apretar los Snickers y a echarme perfumes y después me voy sin comprar nada, pero esta vez tenía hambre así que me compramos una bolsa de Mini-Snickers para el camino. Después de tres horas arriba del crucero llegamos a Colonia, y decidí que aquí es donde quiero envejecer, sentado delante de una chimenea y de una pantalla full HD 3D de 500 pulgadas porque será en el futuro.

Colonia es una ciudad enana como de cinco kilómetros que uno puede recorrer en una hora si se arrienda un carrito de golf de los que hay en todas partes. También se puede recorrer como en un día a pie, y en diez segundos si uno es Flash, pero lo más fácil es el carrito. Por lo menos por estas fechas no hay nadie en las calles además, y uno pistea como un campeón arriba del carrito por la costanera, a cinco kilómetros por hora. Y es bacán.

Hacía frío pero igual nos fuimos a meter a la playa. Si hubiese hecho calor NICA me meto a esa agua, porque era como el río de chocolate de Willy Wonka y yo no soy ningún guatón de la historia de Willy Wonka. Es el famoso Río de la Plata, pero en mi opinión ese nombre es muy optimista, y es como si mi primo Feto se llamase Brad Pitt. En la playa conocimos a un perrito muy simpático que nos dio pena porque seguro tenía hambre así que decidimos darle uno de los Mini Snickers. En esta foto pueden ver lo mucho que le gustó nuestro regalo.

Lo más bonito de Colonia fue lo que se llama “Barrio Histórico”, porque son puras calles chiquititas como europeas con casas viejas, un faro, tiendas de artesanía pintoresca donde uno entra, está tres horas y no compra nada (guaja), abuelitos, etc. No me contaron ninguna historia, pero igual. Por el clima tropicalón y la época del año (yo cacho) estaba todo lleno de flores, y la dura que me sentía en una película de Bourne, o en esa etapa del Mario Kart. Más encima se puso a llover de pronto y te encargo el olor a flores. “Con razón se llama Colonia”, me dijo mi polola, y con razón.

(A propósito: La lluvia que tan rico olor despide en Colonia es LO PEOR si te pilla en Buenos Aires, porque verán, Buenos Aires es la capital mundial de la cacuca de perro en las veredas. La dura, hay que andar jugando al luche para no pisar alguna, y cuando llueve, OH MY GOD).

Después de comer como chanchos y ver todo lo que queríamos volvimos a Buenos Aires, en el mismo crucero que antes, pero ahora de noche, con frío y en plena tormenta. Yo como soy melancólico salí a sapear la tormenta en cubierta y miré al cielo y vi aviones entre medio de los rayos. No sabía que en una semana me iba a tocar a mí. Heavy.

BAIRES EN GENERAL.

Ya estoy aprendiendo a andar en Subte, que es Metro en argentino. Para los que quieran deprimirse cada vez que carguen la BIP, en Baires el metro y la micro cuestan aproximadamente $150 pesos chilenos, que es lo que costaba el metro en Chile el año 145 A.C. Lo bueno del metro chileno por sobre el argentino, es que está todo terriblemente señalizado y hay que ser imbécil para perderse. En Baires es mucho más complicado, hay caleta de combinaciones posibles, y casi nada de letreritos que expliquen dónde está uno y cómo moverse. Pero no me la ganó, y eso fue bacán, porque la primera vez que fui e intenté andar en Subte solo terminé acurrucado en un rincón de la estación, llorando.

Un día con mi polola fuimos al MALBA, que es un museo a toda zorra donde hasta dan películas. Y son tan maestros que un día dieron ni más ni menos que Alien: El Octavo Pasajero en el cine, en una función a las doce de la noche. Yo cacho que voy a escribir de eso en detalle, pero igual. Me fascina Ripley.

¿Les conté que fuimos a un recital? Era una cuestión llamada el Personal Fest, que es como el Lollapalooser, con muchas bandas, escenarios, etc. Yo no tenía ganas de ir pero soy buen pololo (sometido) así que partí. Lo que me sorprendió fue que adentro de la cuestión REGALABAN cosas. Se me acercaron unas minocas y me regalaron BOLSAS con cachureos: Serpentinas en spray, una polera, maracas para meter bulla, chaya, etc. No soy muy de ir a recitales, pero esto era nuevo para mí. La última vez que fui a un recital acá quise tomar  bebida calientita sin gas y me salió como tres lucas, no estoy acostumbrado a que me regalen cosas, así que les regalé mi billetera a las minocas en compensación. También había un Tagadá (gratis) adentro de la cuestión, y promotoras regalaban copetiwis. Lástima que no estaba ni ahí con ninguna de las bandas y me quedé dormido arriba de un árbol. ¿Les cuento una buena? En el recital cantó el Calle 13, y como allá la educación es gratis y están todos felices, el compadre no tenía contra qué reclamar así que se puso a hablar en contra de (lo juro por Dios) WIKIPEDIA. También reclamó contra la gente que lo criticaba a él y contra los programas de farándula, y me apesté heavy así que intenté popularizar el grito “¡Que se calle 13!” pero nadie me pescó porque los argentinos no me entienden. (Quizás debí decir “Que se cashe 13″ ahora que lo pienso, mmm).

Ah, también debería hablarles de lo mucho que amo a las pizzas argentinas pero mi polola puede ponerse celosa y empezar a sospechar que voy a Argentina a comer, y no a verla a ella. Lo cual es erróneo. En cierta medida. Digamos que las amo a las dos por igual, ¿okay?

DE VUELTA EN EL PRESENTE: LA TORMENTA PERFECTA.

Y bueno, de todo esto me acordé mientras el avión se zangoloteaba y me metía miedo y me hacía creer que moriría. Miré para adelante y vi un abuelito durmiendo, así que me calmé pensando que él tenía más experiencia en viajes que yo y por eso dormía. Después pensé que quizás estaba muerto en realidad, de un infarto producto del miedo, y que nadie se daría cuenta hasta al aterrizaje. Pero qué tanto, valió la pena. Mientras Argentina tenga a mi polola secuestrada voy a querer seguir viajando, y voy a seguir encontrándolo increíble todo y ustedes van a tener que seguir aguantando mis relatos.

Porque voy a seguir escribiendo. ¿Qué más puedo hacer para que se me olvide lo mucho que la echo de menos?

PD. El abuelito del avión estaba vivo.

JUEVES 13 DE OCTUBRE

Ayer me pasó algo cuático. Estaba esperando el Metro mirando Twitter en el teléfono, y de pronto apareció un tuit de una comadre que les juro por Dios no recuerdo haber seguido nunca. Sigo a caleta de gente, pero como que todos me suenan, o me acuerdo de haberlos seguidos, etc. Lo importante es que UNA comadre destacó del resto y dije “¿Y esta quién es?” y fui a verle el perfil. No me acordé nunca de quién era así que dije “Filo” no más, y seguí mirando el teléfono para no pescar el mundo a mi alrededor. En eso entró el tren a la estación, paró, abrió las puertas y me subí. Y cuando estaba instalándome al lado del fierro amigo, miré a una comadre sentada frente a mí y no me van a creer pero ERA LA MISMA QUE ACABABA DE VER EN EL TWITTER. Dije “No, debe ser parecida”, volví a sacar el teléfono y miré la foto y nope. No era parecida. Era ella. ¿Cómo tanta coincidencia? Me negaba a creerlo así que busqué confirmación. La comadre tenía unas carpetas y cosas así en las manos y pensé que como en las películas podría tener algo con su nombre a la vista. Así que disimulé para sapearla y ADIVINEN. Era ella. El mismo nombre, la misma cara, etc. Fue tan impactante que estuve a punto de decirle “Oye yo te sigo en Twitter pero no me acuerdo por qué” pero después la comadre iba a quedar muy friqueada. Igual quedé con ganas de darle un significado trascendental profundo a esta cuestión, pero no pasó nada. Me bajé del tren cuando llegué a mi estación y sería.

Cuando caminaba por la calle me pasó otra cosa heavy. Iba caminando y delante mío iba una comadre. No la habría pescado pero la pobre iba caminando en una pose muy extraña. Tensa, y con las dos manos afirmándose la polera en el traste. Obvio, debe ser una lata que todo el mundo te ande mirando el traste, pero si tanto le molestaba podría haberse puesto una chaqueta más larga, ¿o no? O un polerón amarrado como hacen mis amigas. Pero entonces me di cuenta de que andaba con pantalones blancos, y que no se estaba tapando el traste, estaba tapando un accidente maldito que sólo le puede pasar a las comadres. Pobrecitas. (Reacción de mi polola cuando lea esto: “¿Por qué le andai mirando el poto a las mujeres en la calle ah?”. Sorry, baby, fue sin querer).

DOMINGO 25 DE SEPTIEMBRE

Son como las tres de la mañana, y como buen vividor que soy, aquí estoy sentado delante del televisor viendo blu-rays. Igual quería contarles que el blu-ray de The Nightmare Before Christmas se ve increíblemente la zorra. Lo puse para tenerlo de fondo mientras terminaba unas críticas maestras (me gusta la música), pero si miro a la pantalla me quedo pegado. Se ven las texturas de todos los monitos, el material de la ropa, los pelos, todo. Es como cuando fui al oculista por primera vez y me puse mis primeros lentes. Hache dé pero brígido.

Alguna vez critiqué esta cuestión (cuando la reestrenaron en 3D), pero verla ahora en verdad me ha hecho renacer el amor por el flim. Una vez me dio tan fuerte con esta película, que en mi casa estaban chatos y mi mamá me amenazó con quemarme el soundtrack. También empecé a fumar puros y a tomar whiskey para que se me pusiera la voz ronca y poder cantar como Jack, pero no resultó y mis viejos me metieron a rehabilitación. Debe ser la película que más me gusta que tiene las palabras Tim y Burton en los créditos, y eso es mucho decir. Claro que él no fue el director y eso explica que sea tan maestra, apuesto.

¿Saben qué detalle me gusta caleta? Cuando el doctor Finkelstein (Felipe Bianchi) decide hacerse una enfermera hot, y le pone la mitad de su propio cerebro, para llevarse bien con ella. Y ¿no es esa cuestión lo que nos gusta en las otras personas? ¿Cuando se parecen a nosotros? Los voy a dejar con esa reflexión profunda, ahora me voy a ver qué hace Oogie Boogie.

LUNES 19 DE SEPTIEMBRE

1.- Tengo un montón de cosas random que he querido escribir en esta sección oculta maestra del misterio, partiendo por la canción de Superman. Les explico. Hay un crítico de cine gringo que sigo en el Twitter y  un día contó lo que hacía cada vez que viajaba en avión. Según el compadre, lo mejor que uno puede hacer durante el despegue del avión es prender el iPod (o lo que sea) y poner la canción de Superman justo cuando el avión se eleva. Y adivinen quién hizo eso mismo el otro día. Ya sé que uno tiene que apagarlo todo, pero si la hacen piola igual pueden enchufarse el reproductor MP3. La clave es tener la canción lista, y darle PLAY apenas el avión se pega esa acelerada inicial. Les juro por Dios que se van a emocionar como nunca arriba de un medio de transporte, y si les pasa como a mí, el vuelo va a empezar justo pero justo en la fanfarria más emocionante de la canción. Increíble. Si yo fuera dueño de una aerolínea, les juro que la pondría por los parlantes para que todos sientan lo mismo. Y las azafatas chatas.

2.- Fui a ver El Planeta de los Simios (R) Evolución acá en Buenos Aires. Mi novia no la había visto y obvio que la llevé a la rastra porque es la mejor película de la historia. La vimos en un cine lleno (un Hoyts) y lo que más me gustó es que la historia de los simios es universal porque vieran las reacciones de los argentinos. Quedaron todos para dentro en las mismas escenas, al final aplaudieron e incluso escuché a un señor de unos sesenta años hablando en contra de Tim Burton. O sea, somos todos hermanos.

3.-Ya, yo sé que esto puede ser usado en mi contra, pero filo. Hay cosas que siempre terminan picándome irremediablemente, y una de esas es cuando me dicen, en cualquier contexto, “¿Pa qué te picai?” o cualquiera de sus variantes apestosas “No te piquís”, “Sin picarse”, etc. La gracia del lenguaje es que uno puede armar el mundo con palabras. Al final describimos todo lo que nos rodea con palabras, y eso es un mundo en sí mismo, ¿me comprenden? Bueno, cuando uno dice “¿Pa qué te picai?” inevitablemente está creando un mundo, donde el otro está picado. Y aunque no lo esté, al decirlo, lo transforman en un picado. Me han dicho esa frase muchas veces, pero no hay cómo reaccionar. Si uno se enoja mucho pareciera que en verdad estaba picado. Si uno no dice nada, es porque se amurró. Si intenta decir calmadamente “No, no estoy picado, pero tú al decirlo construiste un mundo en el que lo estoy, y eso te convierte en un pelmazo”, el que queda de grave es uno y todo mal, así que es una frase infalible. Es como decirle a alguien “Pero cálmate” o “Tranquilízate”. Inevitablemente el otro gritará “¡Estoy tranquilo!” y quedará como la mona. En fin, lo que estoy tratando de decirles es que usen el lenguaje con cuidado, como si fuera una pistola cargada o qué sé yo. “No quiero discutir” es otra. Puede que no hayan estado discutiendo HASTA QUE LO DIJERON.  En fin, yo creo que tener conciencia de esto me hará inmune a los pelmazos que gustan de decir esas frases en los peores momentos posibles. Usted por favor, que no sea uno de ellos.

4.- Fuimos a ver otra película, esta vez una argentina. Se llamaba Viudas, y se trataba de un compadre que se muere y deja a una esposa y a su amante. Suena entrete pero es la película más fome de la historia, y no actúa Darín así que todo mal. No creo que llegue a Chile, pero en caso de que se la topen, no la vean, es mi recomendación. Lo único bueno de la película es un cover que hizo Vicentico de una canción vieja, y se las dejo ahora de regalo para que mi sacrificio viendo la película sirva de algo. ¡YOUTUBE!

LUNES 15 DE AGOSTO

Anoche soñé que mandaban un robot asesino del futuro a matar a Camila Vallejo, porque iba a ser la madre del líder de la resistencia en la guerra contra las máquinas. Sí o no que sería la zorra un remake de Terminator en plena época de protestas chilensis. Apenas me desperté me imaginé una escena de persecución entremedio de las lacrimógenas, y a Terminator haciendo pebre a los carabineros chilensis tirándolos contra las micros, etc. Si yo fuera productor de Hollywood, contrataría de una a mi subconsciente.

De lo otro que quería contarles es de Michael Cera, el compadre cara de pollo que siempre hace de “incómodo” en las películas. Yo sé que mucha gente le tiene mala porque dicen que siempre actúa igual, pero filo. Yo lo conocí como George Michael en Arrested Development y siempre le voy a tener buena por eso. Y por Superbad, que sigue siendo mi película favorita de todas las comedias de amigotes garabateros del Judd Apatow. La cosa es que Michael Cera anda en Chile, y de a poco se ha ido transformado en el Yeti chilensis, porque de vez en cuando aparecen reportes de su avistamiento. Un amigo lo vio en una fiesta, otra amiga se lo encontró en la calle, incluso dicen que va a comprar películas a Fílmico, la tienda de DVDs amigui de Flims.

Bueno estoy aquí para contarles que todos los rumores son ciertos. Porque el sábado pasado me lo encontré frente a frente, en Bellavista, Chile. Yo iba a un cumpleaños, y pasé por un lugar con mucha gente apelotonada afuera porque los compadres nunca se deciden si entrar o no a los locales, y se ponen a deliberar en la puerta. Bueno, yo estaba pegándoles codazos a todos los giles para que me dejaran pasar cuando de repente levanto la cabeza y ahí está. George Michael Bluth en persona. Scott Pilgrim himself. El cavernícola fome de Year One que nunca me hizo reír y que ni terminé de ver.  Con la misma cara de pavo, la misma actitud de tener frío, y el bigotito más flaite de la historia. Lo más chistoso de todo es que yo iba con un amigo que ya se lo había encontrado, y George Michael lo saludó, así que por extensión me saludó a mí, y me dijo en español chistoso “Qué buena chaqueta” porque por si no lo saben yo soy terrible estiloso y uso ropa que impresiona hasta a las estrellas de Hollywood. Fue chistoso ver a un compadre que le he visto casi todas las películas ahí en persona, pero tampoco le quise sacar fotos ni decirle nada relativo a sus películas, porque qué lata, y porque lo único que haría sería preguntarle cosas sobre Arrested Development. La cosa es que hablamos un rato en español chistoso (se supone que el compadre está aquí para aprender chilensis porque va a hacer una película con el que hizo La nana) y él después se fue a otro lado porque con su grupo decidieron que pagar cinco lucas por entrar a un local era muy caro porque hasta en Hollywood hay crisis. Cuando se fue nos dijo “disfruten” y levantó la mano y yo le hice High Five, aunque ahora que lo pienso creo que estaba levantando la mano para despedirse de todos en general y yo le puse toda la palma. Ay qué tanto, es George Michael, está acostumbrado a que lo pongan incómodo.

En fin, creo que es la primera estrella de Hollywood que conozco, y la embarró que es buena onda el loco. Habla con todos y se toma la molestia de hacerlo en español chilensis, no tiene guardaespaldas ni nada, y anda como cualquier compadre paseando por todas partes y sin creerse nada, y eso que le puso Wendy con Ramona Flowers. Así que felicitaciones, George Michael. Me caiste bien y eso no es fácil. Se me olvidó felicitarte por Zombieland eso sí, mi favorita.

MIÉRCOLES 03 DE AGOSTO

Por culpa de mi ex tenía botada la serie de The Office. Hace tiempo decidí que la versión gringa era a toda zorra y que tenía sus propios méritos comparada con la inglesa, que según yo es una obra maestra del arte televisivo, la Capilla Sixtina de la tele, El Quijote de la pantalla chica, el Hermes Antonio de los rayos catódicos, ustedes entienden. La cosa es que me había aburrido hace tiempo, y no me dieron ni ganas de terminar el bluray de la temporada seis, pero un día aburrido lo volví a poner y déjenme decirles que lo pasé la zorra.

Sentí que estaba volviendo a ver a un amigo que me caía increíble, y me reí caleta. También me emocionaron cosas como el nacimiento de la guagua de Jim y Pam (spoiler) y ese tipo de cosas, y no sé por qué les quería contar al respecto. Si en una de esas alguno de ustedes también dejó de gustarle esta serie, les recomiendo que terminen su pololeo, reflexionen sobre sus vidas como por siete meses, pónganse a pololear de nuevo, sean felices, y vuelvan a verla. Lo van a pasar la raja.

Ah y también descubrí a un extra en una escena poniendo una cara tan chistosa que decidí sacarle una foto a la tele:

SÁBADO 30 DE JULIO

Quince días sin escribir en esta sección, lo que demuestra que la idea realmente prendió y lo transformé en un hábito. Nadie me ha comentado nada sobre las cosas que escribo aquí, así que o está muy fome, o nadie las ha descubierto.

Hoy día pasé por una librería y les juro sobre la tumba de mi primo Feto que había un libro que se llamaba 1001 Hoyos de golf que hay que jugar antes de morir. Y no es por ser muy drástico ni nada, pero los giles que escriben estos libros deberían morir quemados y después hacer pintura rupestre con sus cenizas en un baño público. Yo sé que estoy haciendo una sección (maestra) basada en el libro 1001 Películas que hay que ver antes de morir, pero después de pensarlo un rato llegué a la conclusión de que odio estos libros.

Primero, porque son unos libros pelmazos que le recuerdan a uno que se va a morir, por lo que son el equivalente en libro de esas señoras que te paran en el mall para ofrecerte sepulcros en el Parque del Recuerdo. Y segundo, porque ¿quiénes son ellos para decidir qué películas, discos, pinturas, libros u hoyos de golf me van a interesar a mí? ¿ah? Y no se hagan los que tienen buen gusto 1001 sustantivos que hay que verbear antes de morir, porque en su libro de cine vi que tienen la Batman de Tim Burton y Corazón Valiente en su selección, así que nada de vender la pomada del paladar fino. Apuesto que tienen un hoyo de golf que en realidad es como el forro también, ubicado en pendiente, o al lado de un volcán. Giles. Lo otro que pensé ahora recién es que apuesto plata a que hay caleta de abuelitos que murieron con Alzheimer enterrados en el Parque del Recuerdo y nadie cacha la ironía.

Si se fijan en esa foto (sacada en una librería real, sin Photoshop) verán que no estoy inventando el libro de los hoyos de golf. También verán que hay un libro que se llama 1001 Libros infantiles que hay que leer antes de crecer. ¿Antes de crecer cuánto, libro? ¿Centímetros? ¿Edad? Y no sé si soy exagerado o qué pero 1001 libros para leer antes de crecer es como mucho, creo yo. Apuesto que si sumamos todo lo que hay que hacer según esta colección, uno tendría que vivir como mil años y más encima ser millonario. Los odio.

Por último, les quería mostrar este YouTube que encontré en que el vocalista de Foo Fighters para una pelea y echa cascando al peleador del recital. Y entre medio le dice que a sus conciertos se va a bailar y no a pelear. ¿No debería cambiar el nombre de la banda a Foo Dancers entonces? Es pregunta, no me echís la foca Dave Grohl. ¡YouTube!

VIERNES 15 DE JULIO.

No sé por qué me da tanta risa el efecto sonoro de la aguja del disco que se saca de pronto. El típico ruido que ponen cuando quieren cortar la música de pronto y que no debiera darme risa porque nunca en la vida he usado tocadiscos. El sonido representa el sacón de onda, y eso es lo que me da risa. De hecho creo que cuando más me dio risa fue en un capítulo de Los Simpsons en que estaban todos los péndex en una fiesta, llega Milhouse corriendo alarmado a parar la música, aprieta el botón en un iPod ¡Y SE ESCUCHA LA AGUJA DEL DISCO! Chistoso el Milhouse.

Hoy día me acordé de ese sonido porque lo escuché en mi cabeza después de la media foca que me echó el señor ascensorista. Sí, mi viejo me mandó a pagar sus deudas porque soy su esclavo, y tenía que ir a un edificio en el centro, de esos antiguos con ascensorista. La cosa es que después de cumplir mis deberes de esclavo caminé al ascensor y había una señora igual a Patricia Maldonado (hot [not]) toda enojada mirando los números de los pisos, arriba del ascensor. Típica señora que habla sola y rabea. Cuando llegué al lado de ella, negó con la cabeza y se fue echando pericos porque tenía rabia contra el mundo. Como a los dos minutos después apareció el ascensor, y me fui de foca porque al parecer la señora había apretado el botón para llamar al ascensor COMO LOCA, y el ascensorista estaba chato y pensó que había sido yo. Pero yo estaba con audífonos y lo único que vi fue al señor con cara de perro ladrándome desde su sillita como si le hubiera sacado la madre. Estaba tan buena la música que estaba escuchando, que escuché esa aguja maldita en mi cabeza. Plop.

MIÉRCOLES 13 DE JULIO.

Querido Diario Blog. Hoy día se me ocurrió una idea brillante: Hacer un Diario Blog y ponerlo en Flims. También volví al gimnasio porque soy un gordinflón y quiero ser como Logan de X-Men, y tener calugas, y a lo más tengo chupones de manjar. Igual fue chistoso volver al gimnasio porque vi un señor que tenía los medios músculos, pero también tenía las medias orejas y me dieron ganas de ir a preguntarle cuál era la máquina para entrenar las orejas. Me arrepentí eso sí, porque después el compadre me hacía una llave con los bíceps y me clavaba una vena en el ojo y te encargo el olorcito. También había una gordita sudando brígido en una bicicleta con unas fotocopias adelante, y juro por Dios que no sé cómo puede leer la gente en los gimnasios. Yo en lo único que pienso es en que me duelen las piernas, o que estoy aburrido y quiero irme pa la casa. Una vez llevé unas fotocopias para leer y en verdad fue la pura mula, tal como  cuando llevo algo para leer al casino cuando estoy comiendo. Eso sí, igual puedo mascar chicle y caminar al mismo tiempo.

Mientras pedaleaba pensé en si iba a la marcha estudiantil de mañana o no. Mi viejo siempre se manda las partes con que él nos paga los estudios y que estamos en deuda con él, así que es él el que debería ir a la marcha a defender sus derechos. También pensé que los de la película Rise of the Planet of the Apes deberían atinar e ir a la marcha y repartir máscaras de mono entre los asistentes. Después cuando empiece a quedar la mansaca con el guanaco te encargo lo bacán que se verían los locos con las máscaras, ¿sí o no? A propósito de la marcha, hoy día leí una columna en que un compadre decía que la comadre dirigente era hot, y lo repetía mil veces. Qué lata ser bonito y tener que escuchar o leer todas esas cosas, en todo caso. Por eso que nunca voy a salir en la tele, menos ahora que voy a tener calugas.