En buena: ¿Qué les importa que alguien se disfrace de Harley Quinn?

Antes de Halloween, durante Halloween y hoy, después de Halloween, he escuchado la misma queja. ¿Cómo es posible que Harley Quinn, una mujer abusada constantemente por su pareja sicópata, sea escogida por tantas para hacer cosplay? La queja viene principalmente de boca de varones con mayoría de edad legal que dicen conocer muy bien al personaje y por lo tanto les parece mal que gente que no lo conoce, use su popular estampa para disfrazarse.

En mi opinión, es otra trampa de esas en las que es tan fácil caer por estos días. La trampa del discurso políticamente correcto.

Sí, todos apoyamos el feminismo. Todos nos apuramos en usar el hashtag de la semana no vaya a ser cosa de que nos crean el enemigo. Y por supuesto que está mal que tantas personas usen como modelo a un personaje que en sus inicios es justamente el símbolo de un problema que –literalmente- ha matado a muchas mujeres. La mujer abusada por su pareja, la que está en un espiral autodestructivo por un “amor” mal entendido que le da al abusador el poder una y otra vez. No, señorita. No se atreva a ponerse esas medias rotas, Harley no es simplemente el último personaje de ese tráiler famoso, es una víctima, no debiera ser modelo a seguir de nadie.

Mi pregunta es la siguiente: ¿Desde cuándo se le piden virtudes a un disfraz? Es el colmo que tenga que recurrir al diccionario, pero si buscan la definición de disfraz van a encontrar palabras como “artificio”, “simulación”, “máscara”, etc. y gran parte de la diversión de disfrazarse es, por supuesto, ser alguien (o algo) que no se es normalmente. Duh. No puedo creer que esté diciendo esto, pero les juro que es verdad: Cuando alguien se disfraza de zombi no está necesariamente a favor de la putrefacción, el canibalismo ni la resurrección, ni tampoco está manifestando su deseo de convertirse en esas cosas.

Hay muchos factores que inciden en la elección de modelo para disfrazarse, y en mi opinión esos factores nunca incluyen virtudes, ni corrección política, ni mensaje. La gente busca personajes conocidos, que tenga un look que se pueda recrear, que vaya bien con sus atributos físicos (a veces), y principalmente que sea un personaje que me gusta, lo cual no implica necesariamente que yo esté de acuerdo con el pensamiento y/o las acciones de ese personaje, que dicho sea de paso suelen ocurrir en un mundo llamado “ficción”.

Si escojo disfrazarme de, por ejemplo, Freddy Krueger, lo más probable es que esté pensando en el guante de cuchillos, en el chaleco rayado, el sombrero maldito ese, y en las películas de terror llenas de efectos especiales que tanto me gustaron siendo cabro chico. No significa que yo considere a don Fred un modelo a seguir, ni que crea que sus valores son dignos de repetirse.

Imagínense esta escena. Alguien se disfraza de Freddy Krueger y sube la foto. De inmediato empiezan a postearle que es el colmo que se promueva la pedofilia en una época con tantos casos de abuso infantil donde la iglesia católica es la principal encubridora y donde todos somos parte del problema de alguna manera, especialmente en nuestro país que últimamente ha demostrado que el cuidado de los niños y la infancia es una de sus falencias más escandalosas. El pobre Freddy Krueger dice que no sabía que Freddy era un pedófilo, que eso no se ve en las películas. El posteador enojado (que probablemente no se disfrazó de nada) le grita que debería conocer mejor al personaje antes de disfrazarse por pura moda, que tiene una larga vida en películas, cómics y libros, y que Freddy no solo era un pedófilo, también era un asesino, un racista, un depravado homofóbico y un pésimo padre, como se demostró en la película Freddy’s Dead: The Final Nightmare (1991). ¿De verdad quieres decirle al mundo que eres todas esas cosas en Halloween? ¿Por qué no piensas un poquito?

Yo sé que nadie se esta creyendo esta escena absurda, porque es imposible que exista gente que entienda tan mal el mundo, pero les juro por Dios que he leído ese tipo de intercambios a propósito de todas las Harley Quinn que invadieron Halloween (no vi ninguna). De hecho, no tengo que ir tan lejos de Harley en mi especulación: ¿Alguien sermoneó a alguien porque se disfrazó del Joker de Heath Ledger? A mí no me engañan, esa explosión de “cosplays” fue MUCHO más grande que la de Harley Quinn, y absolutamente nadie ha dicho nada al respecto. Nadie ha agarrado a ese pobre adolescente en la Comic Con ni lo ha sermoneado sobre las verdaderas implicancias del caos, los trucos de magia que hacen desaparecer lápices en los cráneos de la gente, ni la tortura sicológica para con los millonarios justicieros. ¿Cuál es la diferencia? Se me ocurre una sola no más, lamentablemente, y es que esta vez son mujeres.

¿Es por eso? ¿Es porque la mujer tiene que pagar “impuestos” cuando entra al mundo “nerd”? Es eso, ¿verdad? Un zorrón con guata chelera se puede poner una LED en la mano, dibujarse la barba candado más ordinaria que se imaginen después de ver Avengers y decir que es Iron Man y nadie va a decir ni pío. Si es una mujer disfrazada de Harley Quinn tiene que presentar declaración jurada notarial que demuestre que ha leído al menos cinco cómics de Harley Quinn (comprados en papel, no bajados de Internet), también tiene que nombrar a los creadores originales del personaje, identificar su primera aparición en televisión, y, por supuesto, tener el forro de Margot Robbie porque si no, ¿qué se ha creído? Ah, porque esa es la otra. Si la pobre que se disfraza de Harley o de Wonder Woman o de Black Widow no tiene el cuerpo de Margot Robbie, Gal Gadot o Scarlett Johansson tampoco es digna de pararse al lado de todos esos adonis reyes del gimnasio que se ponen poleras de Batman, Superman y/o Capitán América. ¿O no?

Por cierto: ¿Saben qué disfraz sí vi repetido varias veces en mis redes sociales este fin de semana? Uno que apareció recién en la cultura audiovisual, y que también viene de los cómics. Uno que no promueve absolutamente ningún valor positivo y que me tinca no tiene pero es que nada que aportar en la lucha feminista. Estoy hablando de Negan, de The Walking Dead, que por si no supieron llegó a esa serie a demoler no solo cráneos y globos oculares sino también nuestros corazones y la esperanza en el mañana. Sin embargo ahí estaban todos los compadres en las fotos, sonriendo con los bates al hombro y el pañuelito rojo al cuello, algunos con manchas de sangre en la ropa y ojos falsos pegados en el alambre de púas. En los comentarios pura buena onda. ¿Dónde están los reclamos? ¿Por qué nadie aparece a decirles que se lean un cómic para que sepan realmente de qué se están disfrazando? ¿Dónde están los posteos alegando que el compadre salió recién en la serie y por lo tanto es una moda que te convierte en un poser? Y más importante: ¿Dónde les reclaman porque no se parecen físicamente a Jeffrey Dean Morgan?

Lo que estoy tratando de decir, cabros, es que relajen la vena un rato. No por defender (mal) la lucha feminista van a terminar discriminando y “mansplaineando” sobre sus queridos personajes que al parecer son solo suyos y de nadie más. El disfraz (o cosplay o como quieran llamarlo) es eso, un juego, y todos (todos) podemos disfrazarnos del personaje de ficción que se nos antoje, porque ese es el juego. No le pidan a sus disfraces ser modelos a seguir porque no lo han hecho nunca, y esa es una de las gracias de disfrazarse. Les juro que nadie que se ponga la máscara de Jason Vorhees está buscando castigar a la juventud promiscua asesinándola con armas cortopunzantes, y si creen que necesitamos ese tipo de normas en nuestra sociedad, en nuestras fiestas de disfraces, o en nuestros Halloweens, entonces yo creo que estamos viviendo mal la vida no más. Disfrácense de lo que quieran, de héroes, de villanos, y de todo lo que esté entremedio. En palabras de Sarah Connor en Terminator 2: “Si un niño puede entender la gracia de disfrazarse, yo creo que todos podemos”. Gracias cabros.

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