[Adivinen qué día es hoy] Viernes 13: Un nuevo comienzo (1985)

Y llegamos por fin a la única película de toda la saga de Viernes 13 que NUNCA ANTES HABÍA VISTO, básicamente porque tiene pésima reputación. Estoy hablando de Friday the 13th: A New Beginning (1985), la quinta parte hecha inmediatamente después de que los peliculastas entregaron la que sería El capítulo final. Los muy mentirosos. Todavía no estaba ni frío el cuerpo de Jason Vorhees y ya estaban partiendo de nuevo. ¿No creen que merece cansancio el hombre? Aprovechadores.

Bueno, ¿y por qué tiene mala reputación esta película, dirán ustedes? Por un hecho muy simple y muy puntual que no sé si califica como SPOILER porque a estas alturas todo el mundo lo sabe y la película tiene treinta años. Y aquí va: En esta película el asesino no es Jason, sino un compadre equis que se está HACIENDO PASAR por Jason. Un Jason A Cuenta, se entiende. Jason de Meiggs. Jason Polystation. Mal. A estas alturas en la saga Jason Vorhees con su máscara de chalas Crocs (adquirida en la tercera película y conservada para siempre jamás) era el rockstar absoluto y amo y señor de la saga de Viernes 13. Uno quiere verlo a él matando gente y no a Juanito Pérez haciendo cosplay. En serio, ¿qué esperaban, peliculastas? Lamentablemente este es el MENOR de los problemas que tiene esta película, pero ya vamos a llegar ahí.

La historia es una continuación directa de la película anterior. Parte con el péndex Tommy Jarvis (Corey Feldman) yendo a ver la tumba de Jason Vorhees, solo para descubrir que a) Unos pelmazos van a desenterrar el cadáver y b) Los sepultureros enterraron el cuerpo de Jason con la máscara de chalas Crocs puesta y un machete al ladito. ¿Qué onda los servicios funerarios de este cementerio? Muy poco profesional, opino.  Obviamente Jason se levanta de la tumba y mata a los pelmazos, solo para acercarse al péndex que está ahí aterrado y… ¡ZUÁCATE! Era todo un sueño. Y debe haber sido un sueño muy traumático porque el compadre despierta luciendo completamente distinto y con ojos de otro color y todo.

Han pasado no sé cuántos años y Tommy está siendo trasladado a una especie de siquiátrico que está en Chimbarongo, donde los internos deben cosechar papas, cuidar gallinas, etc. El director del siquiátrico es un compadre muy relajado que deja básicamente que los internos hagan cualquier cosa, y el compadre me era cara conocida hasta que lo reconocí: Es el busca reliquias ese que termina inspirando a Indiana Jones en el prólogo con River Phoenix de Indiana Jones y la última cruzada. Acá no es tan buen personaje, pero cree en sus pacientes, no los reta por nada y no está ni ahí con la seguridad porque deja que Tommy tenga un cuchillo muy peligroso, por ejemplo.

Aquí es cuando la película empieza a ponerse mamerta, básicamente gracias a los personajes que son unos pelmazos idiotas insoportables que actúan peor que Teatro en Chilevisión y que son tan caricaturescos que parecen monos animados y/o habitantes de un universo paralelo donde nadie se comporta como ser humano. De verdad es una cosa verla para creerla, pero algo de inteligencia hay porque los únicos dos personajes que se salvan (un péndex negro y una rubia) son justamente los que en el clímax se enfrentarán a “Jason”.

Uno de los personajes más insoportables de hecho es un gordito crespo tontorrón que siempre está comiendo y que anda con los bolsillos llenos de dulces y chocolates que sobresalen, porque así somos los gordos claramente. El compadre anda molestando porque “quiere ayudar”, y al principio yo no sabía si el personaje era el “chistoso” del grupo y simplemente se les había pasado la mano con el retraso mental, o si el compadre era, en efecto, un enfermito y debía tenerle lástima. En dos escenas consigue irritar a unas minurris pacientes del siquiátrico y ensuciarles la ropa que estaban tendiendo con sus manos con chocolate, y después molestar a otro loco que está cortando leña con un hacha. Y justo cuando me estaba preguntando por qué llevábamos tanto rato mirando a este compadre, el que está cortando leña se da vuelta Y MATA AL GUATÓN A HACHAZO LIMPIO.

Cabros, digan lo que quieran de Viernes 13 V pero esta escena creo que es lo más fuerte que he gritado viendo una película de estas. No porque la escena sea particularmente buena, sino por el nivel de sorpresa inesperada y completamente a pito de nada del festín de hachazos que se llevó el pobre guataca. Para más remate después cuentan que el loco era huérfano y no tiene familia, que su mamá murió en el parto y nunca se supo quién era el padre, etc. En otras palabras, los peliculastas siguen pateando al personaje del gordito, aunque está tirado en el suelo, muerto a hachazos.

Y bueno de aquí en adelante empiezan las muertes, una por una, en la tradición clásica de las Viernes 13. El asesino tiene una máscara de chalas Crocs como la de Jason pero tiene rayas azules en vez de rojas (pista), y a cada rato van apareciendo personajes nuevos apestosos y mal actuados, que mueren poquito después de ser presentados. Aquí tengo que tirarles las orejas a los peliculastas porque la calidad de los asesinatos desde el punto de vista creativo fliméfilo sangrientoso es bastante baja, y retrocede muchos pasos desde El capítulo final que tenía muertes increíbles. Acá es casi como si a los peliculastas les dieran lata las escenas de asesinatos así que decidieron a última hora mostrar un cuchillo con sangre y listo, o cortar justo antes de que el machete haga contacto con la parte del cuerpo escogida para el daño, así que más puntos menos por eso también.

Hay mucha minoca que se saca la polera y/o se le moja la polera por lo que esta película será muy aplaudida por los amantes de la lactancia, pero para los que nos gusta más la muerte que la vida, es una decepción, hay que decirlo.

Tengo que decir también que pese a su mala reputación tiene “momentos Jason (sin Jason)” muy buenos, especialmente cuando quedan los únicos dos personajes que te caen bien (negrito y rubia), y se enfrentan al Jason Polystation en una noche lluviosa que por supuesto le moja la blusa a la rubia no dejando nada a la imaginación. Los peliculastas igual arman buena atmósfera con sus toques de genialidad como el momento en que la comadre aparece a pelear con Jason Polystation CON UNA SIERRA MECÁNICA. También es muy bacán cuando Jason Polystation sale de la nada dos veces y uno queda pegado en el techo. Bien ahí. Justo en este clímax es cuando aparece Tommy Jarvis, que desaparece como media película supongo que para hacernos creer que él mismo es Jason Polystation. Resulta que no, simplemente estaba escondido y aparece a salvar el día, enfrentándose a quien cree es su enemigo máximo, pero que en realidad no era otro más que (SPOILER, VIENE LA REVELACIÓN SCOOBY-DO DE QUIÉN ESTÁ DETRÁS DE LA MÁSCARA, OH MY GOD) el mismísimo CHÓFER DE LA AMBULANCIA.

Yo sé que están completamente en shock con esta revelación, pero traten de recuperarse que yo les explico. ¿Se acuerdan del gordito que muere a hachazo limpio a pito de nada y que nadie sabía quién era su padre? Pues aquí tienen. Era el chofer de la ambulancia, el mismo que apareció a llevarse su cadáver a la morgue. Quedó tan indignado el pobre y tan arrepentido de haber dejado a su hijo en un siquiátrico donde los pacientes tenían libre acceso a las hachas, que decidió ir a una tienda, comprarse la máscara de chalas Crocs más parecida a la de Jason que encontró (falló en el color), hacerse una pelada falsa para desconcertar y después matarlos a todos uno por uno, obvio, dejando para el final a los personajes simpáticos y al único compadre del planeta que se había enfrentado al Jason verdadero. Buen plan igual.

El giro no me parece tan tonto en sí mismo, eso sí. Lo que vive este chofer de ambulancia es casi exactamente lo mismo que vivió la señora Pamela Vorhees que la transformó en una asesina (recordemos que en Viernes 13 es ella la asesina y no Jason). Los dos eran el único padre de un hijo “especial” que murió por la incompetencia de funcionarios de un recinto para jóvenes, y los dos tuvieron predilección por las armas cortopunzantes. Lo malo de esta película es que ellos mismos te calientan la sopa con Jason, y no te dejan aceptar que sea algo distinto. Jason aparece en dos escenas maestras de esta película y las dos escenas son “sueños”. El asesino se hace pasar por Jason. Puros petardos que nunca superan a sus propios engaños, no sé si se entiende. Imagínense que aparece un superhéroe nuevo común y corriente. Podría ser bueno, obvio, pero si el compadre decide hacerse pasar por Batman, y está constantemente recordándonos que Batman es el mejor, ¿cómo nos va a gustar cuando se saque la máscara y nos diga “no era Batman, sorpresa”? Nunca va a estar a la altura. Si el compadre hubiese sido un asesino distinto desde el principio, habría sido más tolerable. Y hasta bueno, si algo me gusta de esta saga es que no le tiene miedo al ridículo (recordemos que en una secuela el compadre se enfrenta a una minoca con telekinesis, y en otra va al espacio etc.). Pero esta variación en particular no deja a nadie contento. Sorry.

El final-final después de que Jason Polystation cae sobre unas puntas muestra a los sobrevivientes en el hospital, y termina por irse al reverendo carajo cuando el mismísimo Tommy Jarvis decide ir donde fue al final de la IV. El compadre se vuelve loco, se pone la máscara de Jason y agarra un cuchillo. ¿Para qué? Ahí terminaba la película anterior, y en esta estuvieron todo el rato jugando a que quizás el compadre era malo pero sin dar el giro a ninguna parte. La idea de los peliculastas (según leí) era continuar la saga con Tommy-Jason, pero a los fans les cargó tanto esta película, que los compadres decidieron hacer realidad los sueños de Tommy, y en la siguiente el compadre simplemente es resucitado de entre los muertos. Pero eso es la entrega que viene, y de esa hablaremos el próximo 13 de mayo de 2016 (guaja).

Veredicto: No era tan mala como decían, pero tampoco es muy buena que digamos. Hasta el momento se lleva el récord por tener los peores personajes y actuaciones de toda la saga, pero el asesinato-a-pito-de-nada del pobre guatón es un clásico de la historia del cine de aquí a la eternidad. Cuatroscientos millones de estrellas y un Lester y Eliza Award a Jason Polystation, por seco.

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