ODT: Balada Triste de Trompeta (2010).

Se me había olvidado Álex de la Iglesia. El peliculasta que nos voló a todos la cabeza cuando apareció con esas películas dementes de personajes feos buenos para gritar y para caer en situaciones ridículas fantasiosas terroríficas violentas de alto impacto. ¿Quién no gozó Acción mutante, El día de la bestia, Muertos de risa? Creo que le perdí el rastro después de muchas películas que encontré buenas pero nada del otro mundo. Supongo que eché de menos la demencia tan única que tenía el compadre, y se me olvidó que existía no más. No se enojen, sigo creyendo que sus películas son buenas, pero se me perdió no más, qué quieren que le haga. Estoy siendo honesto aquí, no me linchen.

Fue tanto lo que me perdí que nunca sentí ganas de ver Balada triste de trompeta (2010), hasta ahora (chachán). Y déjenme decirles de entrada que se transformó de sopetón en mi segunda película de Álex de la Iglesia favorita de todos los tiempos (*). Desde los primeros segundos se nota que esta película va a ser especial, porque vemos toda esa sarta de logotipos acompañados por risas de cabros chicos, y ya parece una pesadilla extrañamente graciosa, cosa que no se termina hasta el final.

Se trata de un compadre que crece en un circo, pero que pierda a su papá payaso (Santiago Segura) cuando unos soldados mala onda interrumpen el acto circense y se lo llevan a la guerra. Y cabros no han pasado ni diez minutos de película y ya vimos un payaso matar a decenas de personas con un machete mientras los miembros y la sangre vuelan por los aires. ¿Qué más quieren? De ahí en adelante todo es un bonus. ¡Y lo que viene es lo mejor!

El pobre cabro chico crece y se transforma en un gordo condenado a ser el “Payaso triste”, que en jerga profesional payasil es el compadre que recibe todos los golpes del payaso que DE VERDAD hace reír a los niños. Y cuando llega a trabajar a un circo descubre que ese otro payaso es el peor de los pelmazos malnacidos. Un loco que se cree el manjar del cuchuflí y que maltrata a su polola hot, que más encima le empieza a hacer ojitos al gordo payaso triste. Rápidamente la película se transforma en un triángulo amoroso donde los ángulos son esta minoca hot masoquista y los dos payasos sicópatas, que aunque tienen demencias muy distintas son igual de brígidas y peligrosas. Esta película es increíblemente al chancho, y en mi opinión mejora aún más esa dinámica de escalada de rivalidad/rabia/violencia que había en Muertos de risa simplemente porque se trata de dos payasos asesinos, esta vez literalmente. Es épica además, en el sentido que abarca años de historia y donde hasta el pasado con el papá tiene que ver.

Hace tiempo les comenté en un podcast la película La piel que habito y les dije que esa era una película de terror pasada por el filtro de Almodóvar, con todos sus temas, su estilo y sus obsesiones. Bueno, Balada triste de trompeta es una película de terror de De la Iglesia, con todas las cosas que siempre le ha gustado mostrar, todas al cerdo, y todas funcionando a mil. Están los monstruos (el final es prácticamente Frankenstein), está ese resentimiento de gordo nerd (“¡Quiero que me ames por mi cuerpo!” le grita el guataca a la minoca), están esas referencias extrañas (no puedo creer que exista esa película con Raphael como payaso triste) y claro, el humor. Porque este peliculasta debe ser el compadre que mejor sabe mezclar comedia con terror, y se las arregla para inquietar de verdad aunque estemos viendo lo más absurdo que existe. Como esa escena de invocación a Satán en El día de la bestia, o como en La comunidad cuando los vecinos empiezan a acosar a la Carmen Maura. En mi opinión lo más difícil del terror es mezclarlo con comedia, pero a este compadre le sale como si nada. Así que respect.

No creo que Balada triste de trompeta sea gusto de todo el mundo, pero yo lo pasé increíble. Hay por ahí algunos planos de efectos especiales digitales que dejan mucho que desear, y el personaje de la minoca llega a ser misógino, pero todos estos defectos los encuentro muy coherentes con el universo de la película, así que ni siquiera los registré como defectos. Lo mejor de todo es lo personal que se siente la película, y lo bien que se integra el estilo y los temas con la historia y los personajes, algo que debería darle envidia a Tim Burton, encuentro yo. Quinientos millones de calabacitas y un Pennywise Award compartido para los dos compadres, por ser tan dementes y terroríficos. Ahora cada vez que hablen de payasos asesinos, pensaré en esta película. Y en Raphael, por qué no.

(*) Mi favorita es esa obra maestra que es La Comunidad (2000), por si alguien quiere saber.


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