Sobre Fed Up, dejar el azúcar, That Sugar Film y Preguntas Frecuentes.

Bueno cabros, como ya deben (estar chatos) saber, después de ver la película Fed Up decidí dejar todas las comidas con azúcar agregada y/o endulzantes de cualquier tipo. Esto resultó ser muchísimo más difícil de lo que pensaba, pero es a la vez lo que más me ha hecho bajar de peso (y más rápido) en toda mi larga vida de intentos de bajar de peso, y lo que más y radicalmente ha significado cambios de verdad y plausibles. En todo este tiempo sin azúcar he aprendido un montón, pero en resumen para mí la lección es simple: Fed Up tiene razón. Y es EL documental que todo el mundo tiene que ver para saber de verdad qué es lo que nos está haciendo engordar y por qué, y qué podemos hacer al respecto.

Para mí fue tan fuerte ver Fed Up que al otro día de verla fui a mi refrigerador y boté a la basura una torta casi entera que había comprado hace dos días en el supermercado. Porque sí, yo era de esos gordos que se compraba tortas sin necesidad de cumpleaños de por medio, y se las zampaba como quien se zampa una manzana, viendo tele. También estaba convencido de que esto era una cosa mía, de mi personalidad, algo que me hacía ser quien soy, como que me gusten las películas o las canciones románticas ochenteras.

Pero no, era una adicción. Al alimento más omnipresente en nuestro ambiente, y al más nocivo de todos, el azúcar. Después de ver Fed Up me sentí indignado con la industria alimenticia, con las autoridades que cooperan y no cuidan a la gente, y con el mundo que le estamos dejando a nuestros hijos. Yo sé que suena increíblemente drástico y extremo, pero qué quieren que le haga, no les voy a mentir. Menos en algo tan importante. Si creen que estoy loco, vean el documental y conversemos.

Cuando escribí sobre la peli y el efecto que tuvo en mí recibí un montón de comentarios de gente que tiraba mierda porque sí. Me dijeron que los gordos siempre buscábamos excusas para eludir nuestra responsabilidad. Me dijeron que la ciencia apoyaba la teoría de que somos gordos porque ingerimos más calorías de las que quemamos y que por lo tanto somos los culpables, por golosos y flojos, todo lo cual es una falacia del porte de todos los obesos mórbidos del mundo. Me dijeron esas y un montón de cosas indignantes más, escritas por gente ignorante y desinformada que se apura en hacer juicios, porque así somos los seres humanos con acceso a Internet, aparentemente. ¿Sueno categórico y talibán y sin mi usual buena onda? Sí, porque me aburrí.

Las buenas noticias son que esos comentarios mala onda fueron los menos. Y muchos más fueron los que me escribieron para agradecerme la recomendación, para contarme sus propias experiencias luchando contra la adicción al azúcar, y para recomendarme libros/películas/grupos de apoyo/ técnicas para mi propia lucha. Ene gente me sigue escribiendo (al correo, al Facebook, al Twitter) para decirme que, como a mí, el documental les cambió la vida. Me han escrito papás que se dieron cuenta de lo mal que estaban alimentando a sus hijos, pololas que decidieron dejar el azúcar con sus minocos, hermanas que se lanzaron con el desafío en familia, y un largo et cétera de lectores maestros que prendieron y vieron lo mismo que yo. Y claro, a todos ellos les quiero dar las gracias porque es muy rico sentir que no estoy tan loco, que varios nos reconocimos adictos y manipulados, y que toda esa rabia sirvió de algo. Yo hasta el mes pasado era de los gordos que les sacaba fotos a los helados nuevos del supermercado y los tuiteaba para “pasar el dato”. Ahora me escriben para pedirme consejos de alimentación. ¿Cómo pasó eso? La vida es muy loca.

Y como esto no para, el otro día escribí un estado en Facebook sobre estas mismas cosas y me hicieron un montón de preguntas que decidí contestar en un post. Este post (fanfarria). Pero primero, hablemos de una película más, porque esta es una página de esas cosas, dicen.

That Sugar Film (2014).

Entre todas las cosas que me recomendaron me saltó esta película, porque se centraba justamente en uno de los mensajes principales de Fed Up: El demonio del azúcar. ¿Una película entera sobre mi nuevo enemigo declarado? Corrí a conseguírmela, obvio.

That Sugar Film es de esos documentales de peliculasta pintamonos y florerito que se pone delante de la cámara y no para de alumbrar en toda la película. El compadre es un actor australiano (creo) y tal como el de Super Size Me comía puro McDonald’s, este loco decide consumir solo productos con azúcar añadida para comprobar en su propio cuerpo los efectos de la dieta que mucha gente cree es normal. Se pone como condición que esa comida no será ni comida chatarra ni golosinas, sino que solo aquellos alimentos que se encuentran en el supermercado y que se consideran “saludables”. Muy buena idea, si me preguntan a mí, mucho más razonable que el “Voy a comer McDonald’s todos los días SPOILER el McDonald’s no es bueno”. Así que partimos bien.

Independiente del contenido que es buenísimo y tiene mucha información que nos sirve a nosotros adictos en rehabilitación (sí, así me considero), That Sugar Film no consigue transmitir su mensaje con la misma fuerza que el Fed Up, y los comparo porque se tratan de casi lo mismo, hacen los mismos puntos, e incluso entrevistan a las mismas personas. Pero así y todo ni se acerca a abrirte los ojos y/o cambiarte la vida. Es un buen complemento sí, porque tiene algunos momentos pulentos por aquí y por allá, pero todo lo pintamonos que es el peliculasta le resta mucha claridad al mensaje. Según yo, lo importante.

Pero está todo lo que hay que saber igual: La falacia de que caloría ingerida vs. caloría quemada es lo que nos hace gordos, la desinformación, las malas prácticas de la industria alimenticia, y los efectos de una dieta alta en azúcar, todo eso está aquí también. A medida que pasa el tiempo en su experimento el compadre se empieza a poner flojo, empieza a comer más por la adicción que está apareciendo, empieza a engordar muy visiblemente, a estar mal genio, y a no querer hacer el ejercicio al que estaba acostumbrado. Hace constantes comparaciones entre alimentos vs. cucharadas de azúcar para que entendamos qué es lo que estamos comiendo y así. La verdad es que no puedo decir nada malo de este documental porque tiene el corazón bien puesto, pero qué peliculasta más hinchapestoso Dios mío. Es como si la adicción al azúcar se traspasara a las imágenes porque todas las escenas le empiezan a salir obesas y con diabetes (metáfora audiovisual nutrióloga). Ejemplo: Gary Taubes, uno de los autores que entrevistan en Fed Up (y de quien me compré un libro), dice casi las mismas cosas aquí, pero por la pura choreza lo ponen en post-producción en las teles de un gimnasio, con ruido ambiental, y como si fuera un noticiario falso. ¿Para qué? No sé, pero si me hubiera quedado solo con este documental jamás me habría comprado el libro del compadre.

Llega a las mismas conclusiones que el Fed Up, eso sí, y termina con un llamado a cuidar a los cabros chicos y a mejorar nuestra alimentación de manera informada e inteligente. Y después el compadre siente la necesidad de hacer un video clip con él mismo disfrazado, recorriendo supermercados en un trono. Spoiler. En resumen, es un excelente bonus track para el otro documental, una muy buena fuente de conocimientos y consejos para los que quieran cambiar, pero se lo recomiendo solo a los que ya estén decididos, porque no creo que le cambie la vida a nadie. Y ya que les hablé de una película, ahora los dejo con mis respuestas a las preguntas que me han hecho. Vamos viendo.

Preguntas Frecuentes.

Y bueno aquí llegamos al verdadero motivo de por qué escribí este post. Hace unos días conté en Facebook que había bajado diez kilos en 34 días, y apareció una nueva oleada de lectores preguntándome cosas. Antes de contestarlas, quiero aclarar algo importante, y eso es que yo no soy ningún experto en el tema. Todo lo que sé lo sé por mi propia experiencia y porque me puse a leer, ver videos, escuchar TED talks, etc. Aunque no lo parezca, no soy doctor en medicina (todavía), así que léanme pero guarden una dosis de escepticismo y averigüen lo que les interesa por su cuenta, vayan al doctor, etc. Los libros que estoy leyendo para los que les interese son el Why We Get Fat de Gary Taubes y El mito de las calorías de Jonathan Bailor. También tengo en carpeta el Quiero ser flaca y feliz y el Cerebro de pan (los tres últimos que nombré están en librerías chilensis, el primero lo compré en Amazon). A continuación les iré dando todas mis papas en versión muy resumida, así que si les interesa, los invito a ponerse las pilitas y averiguar. Y si les parece los invito también a evangelizar con el temita. Si son profes muestren Fed Up en clases, sermoneen al mundo, échenme la culpa a mí con confianza. ¿Trato? Y bueno, con todo eso, vamos con las Preguntas Frecuentes. Trataré de contestar las más posibles.

Primero queremos los datos duros, cuenta en qué vas tú.
Yo actualmente estoy en mi día 38 sin azúcar, y he bajado once kilos. No he hecho casi nada de ejercicio ni he pasado hambre. Suena a milagro, pero es así. Y no es fácil, me atrevería a decirles que es lo más difícil que he hecho en mi vida. Así que prepárense.

Dejar el azúcar no suena a algo tan terrible, tómate el té con Stevia, qué tanto.
Para que sepan cabros el azúcar es una fuente calórica muy grande, que estamos diseñados a buscar desde miles de años. Estamos condicionados a buscar cosas dulces y amarlas porque en algún momento de nuestra historia eran calorías que podían salvarnos la vida. Pero las cosas cambiaron, nuestra supervivencia no depende de zamparnos la fruta que encontramos en el campo, ahora sobre producimos toda la comida y la compramos en el supermercado, y el azúcar consumida en grandes cantidades (lo cual es facílisimo) se transforma no solo en gordura, sino también en efectos secundarios como la dependencia, la falta de ganas de hacer ejercicio, las ganas de comer más y más azúcar y así. ¿Sienten que pueden comerse toda una pizza y aún comerían más si hubiera? Bueno eso no significa que tengan “el estómago más grande”. Es el azúcar interviniendo en sus cerebros la señal de “saciedad”. O sea, no son ustedes los flojos glotones, es su perfil bioquímico que les está afectando el cerebro, y condenándolos a ser gordos y miserables porque no pueden dejar de ser gordos. Las malas noticias son que en los setentas la gente decidió que la culpa de la gordura era la grasa, y nacieron todos esos productos “Light” “0% materia grasa” y todo lo que uno sigue comprando cuando quiere bajar de peso. ¿Lo malo? Que les sacaron la grasa pero para hacer que siguieran siendo ricos les agregaron azúcar. A todo. Arroz, productos bajos en grasas, tallarines, salsa de tomates, el pan, el jugo, los cereales, TODO TIENE INCREÍBLES CANTIDADES DE AZÚCAR. Que nos mantiene adictos y con ganas de seguir comiendo. Como adictos. Y sobre los endulzantes, hablaré más abajo.

¿Por qué hablas de adicción al azúcar?
Porque eso es lo que es, una adicción. Si han hecho una fila en el Dunkin Donuts sintiéndose miserables, si se dan la vuelta larga para tomarse su Frapucchino del Starbucks, si ver fotos de Nutella en Instagram los hace salivar, es muy probable que sean adictos o estén al borde. Esto es serio y tienen que metérselo de la cabeza. No es cosa de ustedes, no son ustedes los que “no tienen voluntad”. Tenemos una dependencia fisiológica muy real y concreta que nos tiene de las pelotas. Y los responsables son los de la industria alimenticia, que tienen un lobby y un poder del terror, y que orientan todo a la falacia del “Eres gordo porque comes mucho y no haces ejercicio”. Cosa que no es así. Como dice el Fed Up, hay guaguas de seis meses que son obesas. ¿Es porque no hacen ejercicio? Teniendo en cuenta además que, según los números, la obesidad es una enfermedad INCURABLE (casi el cien por ciento recupera el peso perdido a la larga), no es nada de ilógico considerarlo como adicción, ¿o no?

¿Cuáles son los síntomas de la adicción al azúcar?
Flojera y desgano. Permanentes ganas de comer. No sentirse lleno hasta zamparse algo “rico”. Cambios de humor. Dolores de cabeza y temblores si no comen esas cosas. Todo lo que nosotros los gordos creemos que es “la vida”.

¿Qué es eso de que las calorías son un mito?
En el Fed Up (y los libros esos) explican que en algún momento los doctores gringos alertaron a la población los efectos del azúcar y de la industria que estaba prosperando. La industria que ya era muy poderosa contraatacó, y salieron con lo de las calorías. Pero no hay que ser Einstein para darse cuenta de que 100 calorías de brócoli no son lo mismo que 100 calorías de Coca-Cola. El brócoli va con fibra, con nutrientes y cosas que se llevan las calorías al sistema digestivo y las usan en el instante. Aunque no hagamos ejercicio. De hecho, están quemando calorías ahora sentaditos leyendo esto (ejalé). Las calorías de la Coca-Cola no tienen nada, el azúcar se va directo al hígado, nos da el placer del alza de azúcar (que todos sentimos y es bacán), y se transforma en grasa AUTOMÁTICAMENTE. Aunque vayan a pedalear al gimnasio hora y media y quemen 180 calorías, el hígado ya transformó esa azúcar en grasa. Y engordar es un proceso químico, que más encima le dice al organismo que “hay que guardar calorías”. Eso se traduce en flojera, en no querer moverse, en querer comer más. Como ardillas a punto de hibernar. Eso estamos haciendo los gordos permanentemente. Guardando calorías por una falla del sistema, ocasionada por el azúcar.

¿O sea que el ejercicio no sirve?
Sirve, obvio. Desarrollas músculos, mejoras tu sistema cardio, generas endorfinas, y todo eso que sabemos. ¿Pero sirve para ADELGAZAR? ¿Para QUEMAR GRASAS? No como lo conocemos. Es importante saber esto: No eres gordo porque no haces ejercicio. NO HACES EJERCICIO PORQUE ERES GORDO. Y eso no es culpa tuya. En El mito de las calorías entran en detalle con este punto. Las grasas no se queman por movimiento, se queman porque secretas una hormona que le dice a tus células que hay que quemar las grasas, y esa hormona se secreta solo cuando se activan músculos inactivos. O sea, si uno hace elíptica todos los días, vas a ejercitarte y bacán. Pero no vas a quemar grasas ni a adelgazar. Para un gordo es peor, porque después de la elíptica vas a querer ingerir más comida para balancear. ¿Ese apetito voraz que te da después de hacer ejercicio? Todos lo hemos sentido. Así que la lógica de todo se desarma muy rápido. Como gordo que ha hecho este tipo de ejercicios toda la vida sin bajar un gramo, doy fe de esto.


¿Y cuál es el ejercicio que sirve para adelgazar entonces?
El más rudo y el que más cuesta. Es muy desmotivante esto, pero eso dice lo que he leído. Si hago media hora de trotadora caminando a toda velocidad no voy a quemar grasas porque estoy haciendo el mismo ejercicio que hago cuando camino. Pero si pongo la trotadora en una pendiente imposible, y me torturo por cinco minutos extenuantes: Ahí sí. Se van a activar músculos inactivos, voy a secretar la hormona maldita y listo. Lo malo es que nadie quiere hacer estos ejercicios, hay riesgo de lesiones, y es más complicado. Lo bueno es que bastaría con dos veces a la semana de ejercicio intenso y corto, en vez de todos los días de esas cosas tolerables. Pero no se desanimen, que mis once kilos los bajé sin nada de ejercicio. Bueno, bicicleta, pero siempre ando en bici y ahora entienden por qué eso da lo mismo.

Oka, entiendo. Pero si quiero dejar el azúcar, ¿exactamente qué tengo que dejar de comer?
Esto también es rudo, pero créanme que se puede. Si son gordos como yo, básicamente tienen que dejar el 90% de las cosas que comen, que es más o menos el 80% de las cosas que venden en los supermercados. El Fed Up lo simplifica así: Si es un alimento procesado con etiqueta, y en la lista de ingredientes hay muchos elementos con nombres difíciles de pronunciar, lo más probable es que sea algo que te hace mal, y que tiene azúcar. Y ojo, que el azúcar tiene como SESENTA SINÓNIMOS químicos que desconocemos. O sea, un producto que dice “0% azúcar” en su etiqueta puede tener mucho azúcar igual, en la forma de un primo químico que le va a hacer lo mismo que el azúcar a tu cuerpo. En concreto: Yo dejé el pan, las bebidas, el arroz, las pastas, todo lo que sea dulce incluyendo endulzantes, miel, jugo de frutas. Dejé los cafecitos esos preparados que son tan ricos, dejé los productos light “reducidos en grasas” (yogur light, leche cultivada), las comidas procesadas como Maruchanes, sopas en sobre, platos preparados congelados, dejé también la fruta en conserva, etc. Es una lista mucho más larga que incluye mucho más de lo obvio (como las golosinas y la comida chatarra). Mi carro de supermercado ahora solo tiene carnes, pollos, pescados, verduras, frutas enteras, y cosas para limpiar. Eso significa pasar mirando el suelo por TODOS LOS PASILLOS. Pero entiendan, la etiqueta que promete salud es una falacia, ellos quieren vender no más. No son nuestros amigos. Ayer por ejemplo me encontré en una reunión con galletitas increíblemente “saludables”. Eran unas obleas con crema, pero que prometía grasas reducidas, cero por ciento de azúcar, nada de gluten, etc. Miré la lista de ingredientes y parecía tabla periódica de los elementos. No comí obleas con crema.

Oye pero eso es casi todo, ¿qué es lo que SÍ se puede comer?
Las buenas noticias son que una vez que identifiquen al enemigo, hay muchas cosas que se salvan. Y eso incluye las grasas, por ejemplo. En grandes cantidades sigue siendo dañina (obvio) pero si dejan el azúcar no tendrían que tener problemas comiendo queso, mayonesa (casera), huevos fritos, comidas salteadas, etc. La regla sigue siendo la misma. ¿Es alimento procesado con muchos ingredientes que no pueden pronunciar? Chao. ¿Un bistec bien jugoso con huevo frito y verduras salteadas que preparé yo mismo? COMÁNSELO TODO. Si lo que se van a comer fue asesinado y/o recolectado/hecho en casa: Denle. En otras palabras: No se compren nada en el supermercado pero cómprense la feria completa si quieren.

Ya pero tengo dudas. ¿Por qué ningún tipo de endulzante? ¿Ni siquiera miel?
El Fed Up y los libros lo explican mucho mejor que yo, pero básicamente es porque el dulce tiene en nuestros cerebros el mismo efecto que el azúcar. Puede que no se transforme en grasa, ni nos aporte calorías ni nos dañe el hígado, pero produce la misma NECESIDAD en el cerebro, y los mismos síntomas de un adicto al azúcar. Si reemplazan el azúcar con endulzantes falsos SIEMPRE van a querer azúcar, la ansiedad no va a bajar, y se van a mantener adictos. Aunque no lo crean, llega un momento hermoso en el proceso en que ya no les interesa el azúcar (yo estoy cada vez más cerca). Ya no piensas tanto en comer lo prohibido, te sientes mejor, y ya no te importa, porque tu cerebro está dejando de a poco la dependencia. Si mantienen lo dulce en sus vidas con endulzantes eso podría nunca llegar, y también doy fe de ello. A principios de este año me puse en una campaña agresiva por bajar de peso, iba al gimnasio a sudar hasta cinco días a la semana, pero seguí comiendo todo lo que (ahora sé) me hace mal. Productos light, todo con endulzante, sanguchitos muy saludables con pan blanco cero por ciento colesterol. ¿El resultado? Bajé como un kilo en un mes, andaba muerto de hambre siempre (por hacer mucho ejercicio seguro), y no había un instante en que no quisiera zamparme una pizza, un plato de tallarines o un plato de torta. Obviamente terminaba comiendo inevitablemente alguna de esas cosas y los gordos sabemos que caer una vez significa irse al carajo al tiro. Por eso deben enfrentar esto como una adicción, tienen que cortar TODO para ganarle a la adicción, así que olvídense de los endulzantes. Aclaro que esto es exclusivo para los que quieran dejar la adicción. Si no tienen ese problema (como yo espero no tenerlo algún día), claramente los endulzantes son inofensivos, y prefieran la miel y todo. Si están en plan de desintoxicarse, no usen el sucedáneo de la heroína, es lo que estoy tratando de decir. Hay que cortarlo de una.

Y dele con la droga. Encuentro demasiado exagerado que digas que el azúcar es una droga. ¿No le estarás poniendo mucho?
Lamentablemente no. En los docus y los libros hablan de experimentos con ratones que concluyen que el azúcar es más adictiva que la cocaína y la heroína. Específicamente, a 43 ratones adictos a la cocaína se les dio escoger entre cocaína o agua con azúcar. Y 40 de los 43 escogieron el azúcar. Lo terrorífico es cuando pensamos que vivimos en un ambiente en que uno de los mercados más fuertes de esta droga son los péndex.

Oye pero el café, el té, y esas cosas son asquerosas sin azúcar ni endulzante.
Es triste, pero si no podemos tomar café sin azúcar ni crema ni caramelo del Starbucks en realidad no es el café lo que nos gusta. Como tantas otras comidas/brebajes, el café y el té se transformaron un poco en “dispensadores de azúcar”. Yo en todo este tiempo me acostumbré a tomarme las cosas así no más. Se puede.

¿Por qué dices que se puede comer fruta pero no jugo de frutas? ¿Cuál es la diferencia?
Cuando empecé esto yo seguía tomando jugo de frutas, pero escogía esos marca Afe o Florida, que en la etiqueta de ingredientes solo dice “Manzanas” o “Naranjas”, y que agregan que no tiene aditivos, ni azúcar agregada, ni nada. ¿Suena saludable, verdad? Obvio. Pero lo que no te dicen es que al hacer jugo la fruta le sacas la fibra y los nutrientes que enviaban toda esa azúcar al sistema digestivo y no al hígado. Al tomar el jugo solo, tu cuerpo lo procesa igual que la Coca-Cola. Y además ingieres mucho más. Cuando te comes una manzana, después de terminarla estás listo. No quieres más manzana. Un puro vaso de jugo de manzana tiene hasta CUATRO MANZANAS. En otras palabras, CAN’T TOUCH THIS. Los batidos de verdura, en cambio, no tienen azúcar ni pierden nutrientes al licuarse. ¿Esa persona loca que todos conocemos que se hace licuados asquerosos con espinacas, betarraga, zanahoria y una sola naranja? Esa persona loca tiene razón. Eso sí es saludable. ¿Licuar (y colar) siete naranjas para un puro vaso de jugo? Lo mismo que tomarse una Coca-Cola.

¿Y qué pasa con el pan negro, o con el pan que no es envasado como el que venden en la panadería de mi barrio?
Aquí no lo tengo tan claro y debo recordar que todavía tengo muchas dudas al respecto, pero lo que sí se sabe es que el pan blanco (en su mayoría) tiene gran abundancia de azúcar, especialmente el envasado, que no por nada dice con letras gigantes en la etiqueta “0% colesterol” porque todos nos creemos que eso los hace sanos. El pan integral y el casero de panadería de barrio tiene menos, pero igual tiene, y no estamos seguros de dónde viene. Algunas panaderías reciben el pan que hacen en otras partes, y te estás arriesgando a comerte el mismo pan del supermercado. Debo confesarles también que junto con las bebidas, el pan es LEJOS lo que más me ha costado eliminar de mi dieta. El otro día me compré un sándwich “para llevar” con la intención de sacarle el pan en mi casa, pero sentí TANTAS ganas de comerme el pan que estaba calientito y empapado con palta y jugo de tomate, que en un arranque lo rocié con Lysoform para asegurarme de que no me lo comería después. Suena extremo, pero problemas extremos requieren medidas extremas, opino.

Ya, me decidí, voy a dejar el azúcar… ¿Qué me va a pasar?
Lo van a pasar mal al principio. Van a creer que no son capaces, que es demasiado difícil, que es imposible. Pero se puede. Cuando pasen un tiempo sin azúcar (un puro día) van a sentir jaquecas, mal humor, y lo peor, ganas incontrolables de comer algo con dulce. Cuando digo algo “dulce” aclaro que no estoy hablando necesariamente de un chocolate, me refiero a que querrán comerse algo con azúcar, y eso va desde un pan hasta una Coca-Cola. Y esas ganas van a ser TAN incontrolables que van a darse cuenta de que no son simples ganas, lo cual es positivo. Va a ser tan incontrolable que ustedes mismos van a cachar que no es normal. Un día (creo que mi tercer día) tenía tantas ganas de comer algo dulce que me tragué un poco de mermelada vencida “light” que encontré en un mueble. Días antes había botado todo lo que tenía azúcar en mi casa para no tentarme, pero esa mermelada había sobrevivido. La abrí, temblando. Y a los dos sorbos me obligué a escupirla, porque WTF, cuerpo. Otro día sentí NÁUSEAS de ganas de comerme un completo. Náuseas pos loco. ¿Qué comida te produce náuseas si no la comes? La que parece DROGA, es mi respuesta. Las buenas noticias de esto son que muy rápido van a notar cambios y eso los va a motivar. Los cambios que a mí más me impactaron fue darme cuenta un día de que ya no quería comer más de mi almuerzo, y dejé el plato con comida. Al almorzar con agua mineral te das cuenta también de que con un vaso basta y usualmente sobra (yo era de los que se tomaba hasta cuatro bebidas en un almuerzo, los restaurantes con “refill” eran mi paraíso). También dejé de sudar por cualquier cosa, cualidad que yo juraba era por ser gordo. Ya se fueron los dolores de cabeza. Y ya me acostumbré a ir al cine sin bebida ni cabritas, cosa que no hacía hace décadas. Si van al cine y escuchan a un gil comiendo manzana, saluden.

¿Oye y cómo lo haces con la once, el desayuno? Esas cosas son puro pan y/o cosas dulces.
Mi once y mi desayuno me parecían bien fomeques al principio. Lo más práctico es comerse lo mismo que comías antes, pero sacando lo nocivo. Así me encontré desayunando una taza de té o café sin nada, un poquito de palta molida, pechuga cocida de pavo, quesillo/queso (que no está prohibido si lo que quieren es dejar el azúcar). Después me aburrí y fui alternando, a veces me como un huevo duro, a veces pico un par de frutas, a veces me como un puñado de almendras con un vaso de leche descremada. A veces se me olvida y no como nada, y da lo mismo. Les juro que esas ganas incontrolables de estar siempre comiendo se empiezan a ir una vez que se deshacen del azúcar. Antes yo me iba a dormir con la guata llena (de pizza, pan, papas fritas), todas las noches. Ahora se me olvida y despierto sorprendido.

¿Y qué comes el resto de las comidas?
Aquí les tengo una mala noticia a los vegetarianos y veganos. Uno de los cambios más grandes que he sentido es que con esta nueva forma de comer me volví mucho más carnívoro que antes. Ahora quiero mucho comer carne, o pollo o pescados. Me compré una parrilla para la cocina y tiro los tremendos pedazos de carne jugosa que después me zampo con muchas verduras, arroz integral, o todo mezclado en una ensalada. Uno de los cambios más grandes es que hay que empezar a cocinarse, mucho más, y como gordo adulto me he sorprendido en la feria mirando verduras que no sé ni cómo se llaman.

Ya, carnes y verduras. ¿Qué pasa el arroz o los tallarines? ¿Las papas?
Si tiene azúcar, chao. Eso elimina muchas pastas y el arroz blanco. Las papas son una verdura con mucho almidón y no hay que comer tanta, porque tiene un efecto similar al azúcar en el organismo, y lo mismo pasa con las frutas excesivamente jugosas y dulces (como la piña). No es lo mismo que las comidas procesadas, obvio, no es necesario eliminar DEL TODO estas comidas, pero yo les hago el quite. Y si van a comer traten de mitigar el efecto. Escojan la versión integral, las papas cocidas y no rellenas con mozzarella, etc. Algo muy bacán que pasa es que ahora puedo PERCIBIR las comidas que me hacen mal. Todos hemos sentido esa “patada” de azúcar, que es muy placentera y desata la ansiedad, pero te acostumbras a sentirla. Cuando dejas el azúcar después la “patada” se hace muy evidente, y es una excelente señal para dejar de comer lo que estás comiendo. Cuando uno es gordo y adicto al azúcar tiene todas las señales cerebrales del sistema digestivo estropeadas, siempre queremos azúcar, no queremos parar aunque estemos llenos y estamos en modo “guardar calorías”. Cuando dejas el azúcar esas señales reaparecen, y es bacán. Te da hambre de verdad, sientes que estás lleno, y sientes (como yo por ejemplo) ganas de comer carne porque necesitas las proteínas. Así que una vez que lleven días sin azúcar háganle caso a su cuerpo con confianza.

Los bebestibles me complican, ¿qué puedo tomar y estar a salvo?
Agua. Agua mineral. Agua mineral con gas. Agua mineral con gas con rodajas de limón. Infusiones. Té, café sin nada. Batidos de verdura. Leche descremada (uno de mis libros dice que hace mal, pero yo no la he dejado). Leche descremada con plátano (sin endulzante). Estas son las opciones que he explorado hasta ahora. Ah, uno de mis libros dedica muchos párrafos a tirarle flores al té verde.

¿Y el copete?
Afortunadamente para mí nunca he tomado alcohol así que para mí no fue tema, pero entiendo que el alcohol tiene azúcar y se procesa con el hígado, así que está prohibido. Si esto les cuesta (yo sé que son todos borrachos) averigüen ustedes mismos cuál es menos nocivo, apuesto que debe ver alguno en particular. Y si no existe, busquen la manera de hacerlo más procesable, por ejemplo dejen la piscola por la bebida, o el que se haga con jugo. Pero este de verdad no es mi campo, sorry.

¿Y en los restoranes? ¿Qué comes?
Claramente hay locales que no puedo ni pisar. Como todo el patio de comidas del mall, o las franquicias famosas de comida chatarra. En todos los demás restoranes siempre hay una opción si no quieren comer azúcar. A las fuentes de soda voy, pero pido sánguches al plato y evito los embutidos. Adiós completos, pero un churrasco italiano al plato, bienvenido. En los restoranes chinos la idea es evitar el arroz, y siempre me voy por las “parrilladas chinas”, que son mucha proteína con verduras servidas en plancha. Si no hay de eso, voy por comidas no tan condimentadas porque no confío en ellas. Mis restoranes favoritos hoy día son los que ofrecen carnes. Si no, voy por la ensalada y evito los aderezos que suelen ser muy procesados. Lo más difícil de los restoranes aunque no lo crean es no picotear el pancito que sirven antes.

Tienes mucha fuerza de voluntad, yo no podría.
¿Saben qué? Me carga ese concepto. Implica que hay una “debilidad” y en mi opinión eso no es tal cosa cuando tenemos una dependencia fisiológica real a estas comidas, y cuando todo nuestro ambiente está bombardeado de cosas deliciosas llenas de azúcar. Así que no nos torturemos más con estas ideas, y enfrentémoslo como algo que es más difícil que la cresta, para todos. No les hagan caso a los que dicen que “solo hay que cerrar la boca”. Si algo me mostró el Fed Up, es que todas esas cosas no valen cuando entendemos que todo lo “saludable” que nos venden en el supermercado no es tal cosa. Sí, gente condescendiente, puedo llevar un año sin haber ido al McDonald’s y seguir siendo gordo porque compro yogur “0% grasas” y cereales con “fibra” mientras voy al gimnasio cinco veces a la semana. Eso a mí me suena a la “tremenda fuerza de voluntad”, pero adivinen. Da lo mismo. No es fuerza de voluntad, es cambiar tu sistema de creencias relacionado con la comida, y empezar a ver el mundo de manera distinta. Antes veía anuncios de helados y decía “Qué rico, voy a probar ese helado nuevo”. Ahora digo “Fuck you” y sigo mi camino. Yo creo que se puede. Si no pueden ahora, ya podrán.

Okay, ¿es muy terrible si caigo en tentación?
Obvio que no, y es bueno también que entiendan que somos humanos y que no va a ser fácil. Como lo estoy tratando como una adicción, no creo que el camino sea “bajar las cantidades e ir de a poco”. Pero una cosa distinta es desmoralizarme porque me comí un pan o un poco de arroz. Yo aquí debo transparentar y contarles que he cedido a mi tentación de comer arroz. En sushi, en mi casa, el otro día en los chinos. Con el arroz en particular decidí que me pondría un límite más progresivo, y dejarlo de a poco, ¡porque me gusta demasiado! Y como no es como comerse un Snickers o un kilo de pan, creo que puedo manejarlo. La idea es que ustedes también encuentren esos límites, y recuerden también lo que les conté del “umbral de seguridad”. Si se comen algo que no deberían pero se han portado bien el resto del tiempo, no se achaquen y échenle para delante.

Oye, ¿y cuándo se termina esto? ¿Puedes volver a comer azúcar algún día?
Originalmente yo quería hacer los diez días del desafío que proponen en la página de Fed Up. Pero mientras más sabía sobre mi adicción, fui alargando los plazos. Ahora quiero estar un año así y ver qué pasa. Según todos los estudios hay un “umbral seguro” con el azúcar. Es decir, una cantidad diaria que se puede consumir sin que te haga daño. En un adulto eso son de 6 a 9 cucharaditas de azúcar. Suena a harto. Lo malo es que una dieta considerada “normal” por una persona promedio en la actualidad tiene ¡42! O sea, si desayuno con cereales y jugo de naranja ya pasé el “umbral seguro”. Con todo eso en cuenta, el riesgo de volverse adicto de nuevo es muy grande. Si consigo pasar el año, y creo que puedo tener el control voy a empezar de a poco. Pero entre nos, tengo muchísimo miedo de recaer, y de que como buen adicto, llegue a convencerme de que todo esto ya no me importa. Esto para mí por lo menos no es una dieta, es renunciar al estilo de vida que me definió durante mucho tiempo. Y es increíblemente difícil.

Pero tratemos todos. Como al final del Fed Up, estoy fantaseando con un futuro en que el azúcar sea tratada como el tabaco lo es hoy en día. Me imagino a la Elisa yendo al colegio, y que sea ilegal que le vendan dulces en el recreo. Que los chocolates vengan con una advertencia. Que McDonald’s no pueda ponerles juguetitos a las cajitas felices. Que no den comerciales de comida tóxica en los programas para niños. Incluso que sea mal visto que un adulto se coma un helado gigantesco delante de un cabro chico. Pasó con el tabaco, hasta hace treinta años se podía fumar en todas partes, pero suficiente gente se murió de cáncer y la ciencia consiguió que los escucharan. Hoy día estamos igual con la comida, pero el daño es peor. ¿Por qué no podríamos hacer lo mismo? Yo tengo esperanza, y empecé cambiando al que tengo más cerca. Yo mismo.

Gracias por leer, cabros.

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