Mad Max: Fury Road.

I.- Prólogo.

No sé cómo empezar esta crítica maestra, cabros. Son demasiadas puertas que abrir, demasiadas opciones, y lo peor es que detrás de toda esa cantidad enorme de puertas está la misma represa gigante de amor fliméfilo, empujando para salir a inundarlo todo. Puede que se me haya pasado la mano con la metáfora, pero eso es lo que la película Mad Max: Fury Road me hizo. Después de dos semanas desde que la vi por primera vez, después de habérmela repetido cuatro veces más, después de practicar esta crítica conversando con amigos y procesando lo que mis ojos vieron y mis oídos escucharon, después de reventar la banda sonora muchas veces, de leer artículos y escuchar podcasts sobre la película, después de todas pero todas esas cosas, creo que sigo tal como salí de esa sala la primera vez. Mudo. Con tanto que decir que no me sale nada.

Y sigo sin saber cómo empezar esta crítica maestra.

Quizás podría partir hablando del señor don George Miller, uno de los mejores peliculastas de todos los tiempos. Decir por ejemplo que todo lo que el compadre ha hecho en su vida es una clase maestra de cómo contar historias usando el lenguaje narrativo fliméfilo audiovisual cinematográfico. Que en sus películas la cámara es un poder de la naturaleza, que su imaginación es una fuente inagotable de postales inolvidables, o qué sé yo, salir con alguna frase abacanada cursi por el estilo. Algo que intente resumir el amor que siento por la obra de George Miller (*).

Podría hablarles por mil páginas de todas las cosas brillantes que hizo con la trilogía original de Mad Max y por qué son fundamentales en la historia del cine. O podría contarles que su segmento en The Twilight Zone The Movie es una pesadilla hermosa que le hace a mis ojos lo mismo que una sinfonía le hace a mis oídos (metáfora cursi de nuevo, sorry). Podría pelarles el cable con lo única y fascinante que es Las Brujas de Eastwick, o hablarles de esa vez que perdí completamente el control de mis conductos lacrimógenos con los últimos segundos de la película Lorenzo’s Oil, donde George Miller me perforó el alma solo superponiendo una voz en off sobre la imagen de una pintura. O podría entrar en detalles de esa vez que, estando completamente solo en una sala de cine, sentí que estaba viendo una obra maestra absoluta que se llamaba Babe: Pig in the City, donde viví momentos en que pensé que no podría soportar ese nivel de oscuridad y pesimismo en una película con animalitos que hablan. Por último podría contarles de la vez que casi me agarré a combos por defender Happy Feet diciendo que era tan energizante, mítica y épica como The Road Warrior, en un carrete donde unos pelmazos querían puro tirarle mala onda a “la película del pingüino bailarín” sin siquiera haberla visto. Sí, podría hacer todas esas cosas, pero para qué. Si no me escucharon antes no me van a escuchar ahora.

Las buenas noticias con que esta vez no tienen que escucharme a mí. Mad Max: Fury Road lo dice fuerte y claro: George Miller es un genio. De esos compadres que respiran películas y que no pueden evitar crear imágenes que no se olvidan nunca, que sin ningún esfuerzo aparente puede conseguir que los planos hablen entre ellos y transmitan tanto, y que agarra a todos los demás peliculastas y les hace una clase magistral de cómo se hacen películas dejándolos a todos para dentro, al mismo tiempo entretiene como nadie y se las arregla para decir cosas sobre esa humanidad que parece maravillarlo y asquearlo al mismo tiempo (**).

Me tinca que si este compadre hubiera nacido en la prehistoria habría sido un demente, caminando aislado del resto de la tribu, hablando solo y soñando con películas. Loco, como un personaje del universo Mad Max. Y al igual que el pobre Lorenzo, esperando el momento para que esas imágenes y voces dentro de su cabeza encuentren la manera de salir.

Sí, no les voy a decir nada de eso. Mucha cursilería además, puaj.



II.- Mad Max: El Guerrero Sin Spoilers.

Había una vez un compadre llamado Mad apellido Max que vivía en el peladero del mundo postapocalíptico. Este es un mundo donde la bencina escasea y es uno de los bienes más preciados, así que obviamente andan todos en auto pelando forro y haciendo volteretas a pito de nada, porque nadie en el post Apocalipsis piensa mucho las cosas a largo plazo. La dura, uno se puede morir en cualquier momento, y más encima no hay comida ni Internet, y acuérdense de cómo se ponen ustedes cuando están con hambre y se les cae el wi-fi, y multiplíquenlo por un millón. Bueno así de dementes están todos, histéricos sin poder instagramear la ardilla que almorzaron y sin poder tuitear que vieron un ciclista en la vereda, etc.

Si han visto la trilogía original, saben también que este compadre Mad apellido Max es un guerrero solitario. El clásico compadre que no habla mucho y que puro sapea lo que está pasando a su alrededor antes de hacer alguna cosa. Ustedes saben, típico samurái onda Yojimbo o típico vaquero onda Por un puñado de dólares o típico mafioso onda Last Man Standing, ponte tú. Ese que llega a un pueblo por pura mala suerte y termina metiéndose en una pelea que no tiene nada que ver con él, pero que le interesa primero por conveniencia y después por su sentido de la justicia que creía perdido. Generalmente en esta pelea hay alguien poderoso y malvado que oprime a unos pobres diablos buena onda, y el compadre Mad apellido Max no puede evitar ser el héroe que todos necesitan, aunque Tina Turner no esté de acuerdo (***)

En la primera Mad Max vemos cómo el compadre se transforma en ese personaje una vez que los pandilleros le matan a su familia. En Mad Max 2: The Road Warrior queda entre dos tribus: una de hippies buena onda y otra de motoqueros brígidos que le quieren robar la bencina a los hippies. En Mad Max: Beyond Thunderdome llega a la ciudad gobernada por Tina Turner y debe enfrentarse a Master Blaster, y en su destierro se encuentra con un montón de péndex apestosos Señor de las Moscas postapocalíptico, y terminan ayudando a Mad apellido Max a enfrentarse a la señora y sus matones, etc.

Se entiende la idea de todas maneras: En el peladero postapocalíptico los pocos sobrevivientes se organizan como pueden. Algunos son más violentos que otros, todos tienen su onda y su propio estilo. El malo de la dos es medio tirano y quiere puro destruir, mientras Tina Turner es más compasiva y deja la violencia a su Cúpula del Trueno que es una especie de circo romano para impartir justicia. Los hippies eran más Comunidad Ecológica para sus cosas y admitían a cualquier recién llegado siempre y cuando fuera bueno, etc. Para Mad apellido Max todas estas opciones de vida eran lo mismo en todo caso. Algo de lo que escapar. Un lobo solitario no tiene nada que andar arrimándose a estructuras de ningún tipo, y esas mismas estructuras mataron el mundo al fin y al cabo. Y a su familia.

Esta vez no es distinto. Mad apellido Max anda recorriendo los desiertos buscando cualquier cosa para sobrevivir cuando un montón de flaitongos maleteros de barra brava igualitos al Pura Energía se lo llevan a una citadela gobernada por un viejo guatón llamado Immortan Joe que es como un cruce entre Bane, el vocalista de Poison y Don Francisco. Y aunque el pobre Mad está ahí prisionero sin poder hacer nada, bien pronto se da cuenta de que está la mansaca porque la pulentísima Imperator Furiosa (la For British Eyes Only de Arrested Development) ha decidido rebelarse contra Immortan Joe, escapándose con sus más preciados tesoros: Un montón de modelos Victoria Secret que el perla tenía para reproducirse, lo cual igual se le debe haber ocurrido a Don Francisco ahora que lo pienso.

Y aunque Mad no quiere que lo metan en tetes, no le queda otra que terminar esquivando camiones tuneados, lanzas con dinamita, motoristas con granadas, autos puerco espín, ataques de guerreros Pura Energía kamikazes, y un montón de otras cosas alucinantes que les juro sobre la tumba de mi Primo Feto no se pueden creer ni frotándose los ojos con el agüita con que se lavaba las patas Nuestro Señor Jesucristo. Lo que es básicamente una gran persecución extendida como el final de The Road Warrior, en esta película es una fuente inagotable de diversión pulentosa de alto impacto en los que se me olvidaba cerrar las mandíbulas, parpadear y a veces respirar lo juro.

Hay momentos tan increíbles en esta película que una señora dio a luz en plena función y la guagua salió fumándose un puro y manejando un camión en llamas que saltó siete filas de asientos dando volteretas y tirando granadas de testosterona que al entrar en contacto con otros seres humanos los transformaban en Jason Statham y la señora ni siquiera estaba embarazada. En otra parte un niñito se emocionó tanto que corrió a quemar sus juguetes de Cars y cuando prendió el fósforo la chispa encendió todo el cine porque resultó que la película había transformado nuestro aliento en gas butano de alta combustión y explotamos todos por los aires y ese niño todavía no había nacido y era una proyección de toda la testosterona que su futuro padre estaba secretando hacia el universo mientras veía Mad Max: Fury Road. Lo que estoy tratando de decir es que Oh My God.

Pero aunque las escenas de acción son una cosa que hay que ver para (no) creer de lo pulentas que son, lo mejor de Mad Max: Fury Road es ver toda la demencia y energía de genio loco que tiene George Miller aunque el próximo marzo vaya a cumplir ciento veintiocho años, y que ya se las quisieran otros peliculastas de la tercera edad que vuelven a visitar los mundos de las películas que hicieron cuando eran jóvenes. Yo sé que es feo pelar a nuestros mayores (sobre todo si son mayores tan secos), pero comparados con George Miller, pucha que se les nota la ancianidad a todos los peliculastas que han “revisado” sus glorias de juventud, no digan que no. George Lucas se puso senil cuáticamente con sus precuelas de Star Wars. Spielberg no dejó a nadie contento con Indiana Jones Anciano. Y Ridley Scott no le hizo ni cosquillas a su Alien con Prometeo.

¿George Miller en cambio? Es como si hubiese llegado después de hacer puras películas con animalitos que hablan y hubiese dicho: “Ya, ¿saben qué más? Me aburrí de ver películas de acción como las tristes, estoy chato de que no se entienda nada en las secuencias de peleas, y estos Rápido y Furioso no saben lo que es dar vuelta autos como Dios manda, así que córranse de aquí cabros chicos y vean cómo se hace que el tatita Miller todavía tiene caballos de fuerza en sus motores. Ah y a propósito, me tienen hasta la coronilla copiándome toda la estética futurista que inventé en las Mad Max así que ahora voy a hacer cosas todavía más dementes y cuáticas, y lo voy a hacer todo usando colores terrible vistosos porque adivinen, igual se puede hacer post Apocalipsis sin desteñir los colores del mundo en post-producción, zopencos”. O algo así, estoy parafraseando algo que ocurrió en mi imaginación, sorry la falta de precisión pero esa es la idea.

Lo más perfecto de Mad Max: Fury Road para mí es que pese a tener una historia muy pero muy simple, consigue armar un mundo lleno de detalles maestros que es increíblemente complejo, donde absolutamente todos y cada uno de los personajes daría para una película completa por separado, y que usa el mínimo de recursos para contar todo eso. Casi nada de diálogo, ningún discurso expositivo, pura acción y cuento en las situaciones que el compadre escoge mostrarnos. Tal como hacía la trilogía original de Star Wars, o las Señor de los Anillos, pero mejor incluso, porque este compadre lo contó todo en una sola película, sin nada que le sobre y sin la necesidad de tres horas o más de una pura película.

¿Pueden creer nerds que este señor estuvo a punto de hacer una película de La liga de la justicia? ¿Se imaginan este tipo de acción y de economía narrativo fliméfila con superhéroes como Superman, Batman y la Mujer Maravilla? Si antes la historia de esa película fallida me daba pena, ahora me dan ganas de salir a fundar una secta y destruir el mundo. (Pueden leer más sobre ese proyecto que nunca fue AQUÍ).

En mi vida muy pocas veces he sentido que he visto una película “milagro”. Una obra tan jugada y tan alucinante que no puedo creer que exista en nuestra época, que la hayan financiado, y que haya llegado a nuestras pantallas. Una película “milagro” que me hace sentir que de verdad la historia del cine dio un par de pasos adelante, y que vamos a estar años hablando de esas películas, porque la vara acaba de levantarse un poquito más. Me pasó cuando vi la primera The Matrix, por ejemplo. Cuando vi Children of Men también. Y me pasó ahora cuando vi Mad Max: Fury Road.

Pero si quiero describir por qué pienso estas cosas no me queda otra que discutir en detalle cosas que pasan en el flim, y eso se llama SPOILERS, cabros. Nos fuimos.


III.- Mad Max: Más Allá de la Cúpula del Spoiler.

Esperaba acción a toda zorra. Esperaba los toques habituales de demencia extrema que le gusta meter a George Miller en todas sus películas. Esperaba incluso un nuevo Mad Max completamente distinto al de Mel Gibson. Lo que no esperaba era que Mad Max: Fury Road me volara el traste fliméfilo con personajes secundarios completamente nuevos que se roban la película completa, y que hacen crecer el universo Mad Max al infinito y más allá.

No me malinterpreten. Todas las Mad Max tienen una galería de personajes secundarios maestros e icónicos que a uno no se le olvidan nunca: En la primera el malo Toecutter, en la segunda el péndex salvaje bueno para cortar dedos, el Lord Hummungus (Jason Vedetto), el Capitán Gyro (freak), el Mohicano en Colaless. En la tercera Master Blaster y Auntie Entity. Bueno pues nunca imaginé que a esta galería de clásicos de todos los tiempos se iban a sumar muchísimos más en Fury Road. Personajes que desde el puro diseño, el nombre, y las cosas que hacen y dicen se ganan nuestro corazón. ¿Qué importa esto en una película de acción, se preguntarán ustedes? Pues TODO, les digo yo. De alguna manera George Miller se las arregló para que cada muerte doliera un poco, que cada giro durante la acción me hiciera ponerme un poquito más tenso, y que cada cosa enana que pasaba me importara mil veces más.

Vamos viéndolos uno por uno.


Immortan Joe.

El cruce entre Bane, el vocalista de Poison y Don Francisco es un viejo rancio con un look increíble que parece salido de un cómic enfermo en volada de pasta, que tiene todo para ser un villano maestro de aquellos. Al igual que el pingüino profeta/narrador de Happy Feet, Immortan Joe es un líder religioso capaz de hacer que sus seguidores entren en trance a puro discurso, y que los tiene a todos amarrados porque tiene el poder del agua, del alimento, de las guaguas saludables (algo muy preciado en un mundo donde todos parecen ser mutantes radiactivos), además de la mano guerrera de los “War Boys”, que son los soldados kamikaze Pura Energía enfermos de radiación, capaces de dar la vida por este Señor Burns postapocalíptico. Siguiendo la tradición de Lord Hummungus (y de Dark Vader en al menos dos películas, ahora que lo pienso), uno se queda con el look pulento sin nunca verle la cara pero teniéndole miedo exclusivamente gracias a lo maleteros que son sus colaboradores. Es increíble además cómo George Miller te cuenta todo lo que pasa en la citadela de Immortan Joe a través de los ojos del pobre Mad, que lo tienen ahí de “bolsa de sangre”, es decir, de prisionero “donante universal” para que los pobres mutantes puedan vivir un poco más. En los primeros diez minutos de película uno le saca la foto al tiro al viejo rancio, y con eso tenemos para estar en su contra (y apoyando a los demás personajes) todo el resto del flim. Cuando el viejo rancio sale corriendo y se mueve apenas con esa coraza con músculos y medallas encima de su cuerpada Kreutzberger dan ganas de soltar la carcajada… Hasta que más adelante vemos que su máscara con dientes de calavera puede ABRIR LAS MANDÍBULAS para cuando el compadre grita. Ese es el nivel de detalles con el que estamos lidiando aquí, cabrito. Váyanse por la sombrita. Como buen líder de secta además, todo el staff cercano de Immortan Joe está compuesto por hijos suyos con diversos grados de deformidad. Desde el pobre mutante que tiene sentado frente al telescopio llamado Corpus Colossus (¡los nombres!), hasta el físicoculturista catador de leche materna Rictus Erectus (¡presta el registro civil Immortan Joe!). Sin ver en realidad ningún acto de excesiva crueldad por parte de Immortan Joe uno entiende que es temible por las reacciones de los demás personajes a su alrededor, partiendo por la Imperator Furiosa (definitivamente necesito cambiarme a un nombre digno del universo Mad Max).


Imperator Furiosa.

Esta comadre acaba de entrar de un paraguazo a la lista de mujeres maestras de la ciencia-ficción y de todo el cine mundial. No puedo creer que tuvo que pasar tanto tiempo para que apareciera una comadre digna de sentarse en el mismo palco con Ellen Ripley y Sarah Connor. Imperator Furiosa es una de las mujeres más hermosas del planeta (For British Eyes Only) pero en esta película anda vestida con traje de mecánica, tiene un brazo ortopédico, la cara con piñén y corte de pelo V de Vendetta, pero da lo mismo porque la comadre es una guerrera, que apenas miras te das cuenta de que ha sobrevivido el mismísimo infierno. Tiene los ojos cansados, aborrece completamente todo lo relacionado con Immortan Joe pero es su sirvienta por motivos que solo podemos inferir (y qué bacán es inferir este tipo de cosas). Apostaría que el brazo menos es por haberle pegado un aletazo a Immortan Joe cuando la comadre (seguro) fue una de sus “parideras”. Por eso la loca está ayudando a otras mujeres para que no tengan que vivir lo mismo que vivió ella, y por eso le dice al otro antes de matarlo “Remember me?!”, y por eso usa precisamente su mano robot para volarle la mandíbula al viejo rancio. La determinación y la garra de la comadre (perdón) para luchar es otro elemento que me dejó completamente para dentro, especialmente en esa escena maestra en que pelea cuerpo a cuerpo con Mad y no duda en apretar el gatillo de la escopeta para echárselo, sin saber que la escopeta no tiene balas. Ver cómo la comadre pasa de eso, a luego arriesgar la vida salvando al Mad Max cuando el otro cuelga del camión (y recién apuñalada, más encima), fue todo lo que es emocionante, y ni me recuerden la escena en que el otro pobre le dice su nombre para sacarla de la agonía mientras le hace la transfusión de sangre. ¿Hay momento más romántico que este en cualquier película de amor? Respuesta: No. Si alguien debía re poblar el planeta, esos eran estos dos. Qué les costaba. Una familia llena de péndex llamados Ignacio/Vicente/Scherezade Max Furiosa. Qué personaje inolvidable se mandaron, y qué ganas de saber más de ella pero al mismo tiempo no porque las precuelas son para mamasanes. Aparte de su esposa, esto es lo más cerca que ha estado Mad de tener un amor en el post Apocalipsis, y vaya qué dignos son el uno del otro. Ese intercambio de miradas justo al final cuando Mad Max hace lo inevitable (irse y volver a ser el lobo solitario que es) dice tanto y con tan poco. Maestros.


Nux.

Y ya que hablamos de emoción, este es el personaje del que menos esperaba, y el que más me tapó la boca en la película. Durante mucho rato sentía que era el Gyro Captain de esta película. ¿Se acuerdan del piloto de minicóptero de The Road Warrior? Era un flacuchento despreciable con cara de freak que lo único que quería era sobrevivir, y que de a poco empieza a caerte bien simplemente por lo mal que lo trata el Mad Max. Al principio este compadre Nux parte igual. Es un mutante enfermo del cuerpo y de la mente que bien podría ser un miembro de la familia de Texas Chain Saw Massacre. Como buen “War Boy” lo único que quiere hacer es morir en combate para que Immortan Joe lo lleve en los brazos a Valhalla o qué sé yo los cuentos que les mete en la cabeza el Immortan Joe. Aunque dan ganas de ver una trilogía completa sobre estos “War Boys”, queda clarísima toda la estructura de los compadres, y uno entiende que buscan morirse como kamikazes pidiendo que alguien más sea su testigo, y tirándose pintura plateada en spray en la boca. ¿Por qué hacen todo esto? Porque George Miller es un viejo loco y son esas las imágenes que tiene en la cabeza: Pelados albinos saltando sobre autos puerco espín con la mirada demente y empuñando lanzas con puntas de explosivos, en cámara lenta. Lo maravilloso de todo es que entendemos lo suficiente como para saber qué busca este Nux, al punto de llevarnos a un “casi” sacrificio del compadre en plena tormenta de arena (¡esa secuencia, loco!). Es lo único que quiere, tanto así que se va a luchar a la guerra pese a estar agónico y a necesitar su “bolsa de sangre” amarrada en un espolón en la punta del auto. Para este pobre gil, una muerte así lo es todo, y durante el transcurso de una de las mejores películas de acción de todos los tiempos el peliculasta se da la molestia de hacer cambiar este personaje delante de nuestros ojos. Igual que el Gyro Captain que se volvía mucho más heroico en cuanto la hippie Baby Spice le hacía ojitos, Nux pasa por algo parecido cuando se le derrumba el mundo por decepcionar a Immortan Joe, y la única que lo trata como ser humano es la Victoria Secret colorina. Lo emocionante viene en el clímax de la película, cuando entendemos que este personaje escoge dejar atrás el sacrificio sin sentido de los kamikazes por Immortan Joe, por un sacrificio mucho más noble y con el propósito de salvarles la vida a las que ahora son sus amigas. Díganme llorón pero creo que hace tiempo no me llegaba tanto un momento como su “Witness me” susurrado, mientras maneja el camión con Rictus Erectus directo a esas rocas, para salvar a las chiquillas e irse como siempre quiso, pero esta vez con un propósito real y mucho más humano. Nux, te banco para siempre.


Las minurris (Victoria Secret, Vulvatti, etc.).

Como les dije más arriba, una de las cosas que más me gustó de esta película es lo dedicado que es el peliculasta a darle historias hasta al personaje más insignificante. Ya sea armándoles un caminito que tomar durante el transcurso de la película, o simplemente tomándose un tiempo para despedirlos o mostrarnos lo que ellos están viviendo desde su punto de vista. Las minurris son un perfecto ejemplo de lo que estoy hablando. Al principio pareciera que las Victoria Secret están todas locas y son unas pobres prófugas sin nada que hacer, pero a medida que avanza la película uno va haciéndose una idea de lo que son, y cómo están enfrentando todo lo que está pasando. La que más destaca es la loca (más) embarazada que en un momento clave se pone delante de Imperator Furiosa para evitar que Immortan Joe le dispare. Seca. Lamentablemente no le va tan bien en la película, pero las demás chiquillas también tienen su cuento. La colorina es la única que siente lástima por Nux ayudándolo a encontrar su humanidad perdida. También está la morena esa que al principio quiere rendirse y pedirle perdón a Immortan Joe pero que después en el clímax se atreve a engañar a Rictus Erectus para subir a Furiosa al camión. Y mi favorita debe ser la rubia demente esa que habla todo en poesía (“Is that the wind, or just a furious fixation?») y que termina siendo la “encargada de las semillas” después de heredar el más preciado tesoro la pobre anciana esa que le meten sierra en el cuello. Y bueno, están ellas, las Vulvatti. Por lo que entendí esta es una tribu de mujeres guerreras (****) que han envejecido juntas y que han logrado sobrevivir lejos de los hombres pelmazos, que no dudan en armarse y enfrentar a todo el convoy de guerra de Immortan Joe, y que patean traseros hasta el infinito. Amé cada momento de estas comadres durante la batalla, cómo se despedían cada vez que mataban a una, y cómo aguantaron tanto al pie del cañón. Increíbles, vería siete películas de las puras Vulvatti, loco.


La Guitarra de Lolo.

Y ya sé que este es un personaje muy menor, pero no pude evitar estar con una sonrisa de oreja a oreja cada vez que mostraban al guitarrista flacuchento en pijama encaramado encima del camión con parlantes gigantes y la batucada detrás. El que un abuelito como George Miller haya imaginado esta caballeriza musical con un mutante ciego monstruoso que toca una guitarra QUE ADEMÁS ES LANZALLAMAS, es un ejemplo del nivel de genialidad y demencia que tiene este señor, y que todos nosotros deberíamos aplaudir. Es uno de los villanos más vistosos y memorables de la película, pero no olvidemos tampoco a ese otro “War Boy” con los tajos del Joker, o el viejo obeso seboso que anda con una nariz metálica, o el otro viejo que tiene balas clavadas en las encías y se saca una cuando quiere dar un disparo importante. Si ustedes creen que estos villanos son demasiado exagerados, entonces no están en sintonía con el espíritu George Miller. Recordemos que Lord Hummungus se presentaba a sí mismo como “El Ayatola del Rock And Roll”. Bueno con todos estos compadres el loco tiene competencia, y yo creo que debería disputar el título con varios ah.


Mad Max.

Lo dejé para el final porque durante mucho rato pareciera que Mad Max no importa nada en esta película. Es tan grande todo lo que está pasando en la historia, y tan nada que ver con Mad Max que el loco se limita a sufrir desde un rincón, siempre sapeando lo que pasa a su alrededor y siempre haciendo todo para sobrevivir. Me gusta mucho que en esta versión Mad Max esté completamente loco, a diferencia de la actitud más zen y cuerda del Mad Max de Mel Gibson. Aquí el compadre tiene alucinaciones en los peores momentos, gruñe como animal en vez de hablar, al principio de la película es lo más parecido a un ermitaño loco que existe, y se pasa casi toda la primera mitad de la película con un bozal que le tapa la mitad de la cara. Para mí todas estas cosas no son un defecto, al contrario, son la manera que tiene George Miller de elevar a nuestro héroe, de darle su recorrido de lobo solitario a héroe justiciero y vuelta a lobo solitario otra vez. Durante mucho rato Mad Max quiere hacer lo que haría un sobreviviente egoísta: Virarse y no tener nada que ver con nadie. No dudó mucho rato en volarle la mano a Nux para escapar. Le dio lo mismo dejar a las minurris botadas en el desierto (embarazada incluida) y todo lo que hace lo hace para salvarse a sí mismo… Hasta que entiende que si no hace nada por las minurris las comadres se van a morir en el desierto, donde no hay nada más que sal. Cuando intercepta a las minurris y les ofrece su plan de ataque es el momento en que nuestro héroe apareció, ni antes ni después, justo cuando lo necesitábamos. Y la de cosas que hace en esa batalla final, Dios mío. Cuenten esta secuencia en uno de mis momentos favoritos de la historia del cine: Cuando Mad Max queda colgando del camión y lo rescata Furiosa, solo para luego ser pateado por Nux y caer en el parachoques del auto del “Antropófago”, para luego encaramarse ahí, pitearse a varios malos incluyendo el guatón seboso, y escapar justo cuando el auto empieza a explotar, saltar de vuelta al camión de Furiosa y ser raptado por uno de los giles en pértigas, hacer el arco completo hasta quedar a un centímetro del suelo al otro, y después trazar el arco de vuelta MIENTRAS EL OTRO AUTO TODAVÍA ESTÁ EXPLOTANDO ATRÁS EN EL FONDO. Veo el futuro, me voy a repetir esta secuencia ochocientas veces en mi vida, lo sé. Amo que George Miller ame tanto a Mad Max como para darle todas estas secuencias (o la secuencia en que se pitea al “Granjero de Balas” sin mostrarlo “It’s not his blood!”), pero amo más todavía que ame tanto a Imperator Furiosa, al punto de que es ella la que se pitea al villano principal y no Max. Todas estas decisiones son tan corajudas y tan anti-Hollywood que no puedo evitar aplaudirlo cada vez que puedo. Tan, tan perfecto todo.

IV.- Conclusiones.

Bueno cabros no sé si se habrán dado cuenta pero esta película igual me gustó su resto, así que opino que deberían ir a verla al cine, porque salva, encuentro. Creo que he hablado de todo lo que me gustó y/o de todo lo que encuentro digno de apreciar/atesorar/aplaudir.

He pensado harto en cosas criticables que cuestionarle, y creo que solo llegué a una. Aquí va: Me habría gustado ver en esta película ese desprecio por la vida humana y la total falta de empatía y respeto por la violencia hacia los cuerpos humanos que se ve en The Road Warrior. Una escena que nunca se me va a olvidar es cuando el Péndex Salvaje le tira el bumerang al otro gil y le corta los dedos, haciendo que todos LOS AMIGOS del mutilado se maten de la risa. Ese tipo de escenas te habla de un mundo brutal, donde estamos tan lejos de la civilización que la violencia es algo no solo a lo que todos son insensibles, sino que les da risa, un loco pierde miembros para siempre y es el chiste del día. La ultra violencia de la secuencia final no es más digerible tampoco. En The Road Warrior vemos cuerpos caer bajo las ruedas a cada rato, a dos pobres hippies los decapitan simplemente porque el camión de adelante se pega una frenada brusca (¡culpa de Mad Max!), y es tanta la carnicería, que en Fury Road me distraje un poco tratando de descifrar si algunos personajes habían muerto o no, simplemente porque la cámara evitaba mostrar explícitamente qué les había pasado (como la embarazada que es atropellada por Immortan Joe). Cerca del final George Miller igual le sube a la violencia, pero de todas maneras lo encontré suavizado en comparación a The Road Warrior. ¿Se habrá ablandado con los años? Quizás. Así que sí, me habría gustado ver más carnicería. Es lo único remotamente criticable que se me ocurre, pero no le cuenten a nadie.

El resto es perfecto. Una película que superó mis altísimas expectativas que yo creí serían imposibles de alcanzar. Así que gracias, George Miller. Gracias por recordarme que el cine todavía está vivo, y que todavía puedo sentirme chiquitito mirando una pantalla de cine, mientras me atacan los sentidos y el alma por igual. Tú eres el donante universal, George, ojalá te queden muchas películas para que sigas inyectándonos esa sangre de loco de alto octanaje.

Todas las estrellas, calificación máxima.

***

Notas.

(*) Completistas, no salten de la emoción como yo cuando vean que George Miller dirigió La historia sin fin 2. Tampoco vean esa película esperando encontrarse con el talento maestro del peliculasta. Resulta que ese es OTRO compadre que también se llama George Miller pero que salvo el nombre no tiene nada que ver con el genio del que hablamos. Advertidos.

(**) Esto da para un post en sí mismo, pero para no entrar en tanto detalle y poder terminar esta crítica antes de Navidad, les resumo: En toda su flimbografía George Miller pareciera ir desencantándose con el género humano cada vez más, al punto de que terminó haciendo películas con animales donde nuestra especie es literalmente la causa de todos los males del planeta. En Mad Max: Fury Road eso se mantiene, encuentro, y no pude evitar relacionar la frase con eco “¿Quién mató el mundo?” con todo lo que dice en sus últimas películas.

(***) [youtube:https://www.youtube.com/watch?v=cg1TUKCQT80]

(****) No quiero seguir metiendo el dedo en la herida, pero considerando cómo manejó las Vulvatti mi compadre George Miller, ¿se dan cuenta de cómo habría sido su versión de la Mujer Maravilla y las Amazonas en La liga de la justicia? Sí, yo también: Oh My God.