ODT: Matar a un hombre.

Yo siempre me quejo de que en las películas chilenas nunca pasa nada, que son muy flaitongas, y que en general les preocupa tanto ser «reales» que se les olvida ponerle una historia y personajes para que uno entienda que está viendo una película. Bueno pues resulta que esta Matar a un hombre (2014) comete todos esos pecados que me cargan del cine chilensis, pero el peliculasta lo hace funcionar. Y mucho. Esta es de las buenas, cabros.

Les aviso al tiro: No es de terror-terror. Pero la incluí en ODT porque es increíblemente angustiante y tensa, y es imposible no sentirse identificado con el pobre protagonista, que lo pasa pésimo. El compadre es un loco muy piola, que vive con su familia en un barrio medio pobre, pero que sufre constantemente los acosos de un flaite apestoso que cada vez va más lejos con sus ofensas. Primero le falta el respeto delante de su familia, después lo asalta y le roba su insulina (es diabético), después le dispara a su hijo (!) y de ahí va haciendo cosas cada vez peores. El pobre compadre hace lo que haríamos todos: Pone denuncias en carabineros, graba con el celular al flaite molestando, etc. pero todo da lo mismo. Hasta que la tensión es tanta, que el compadre dice BASTA y empieza a considerar (SPOILER) matar a un hombre.

No es mucho lo que pasa en esta película así que no les voy a contar más, pero es tan realista que llega a doler, los actores pareciera que son personas reales que uno podría encontrar en la calle, y las discusiones y escenas de enfrentamientos son torpes y caóticas, igual que en la vida real. Uno está incómodo viendo las cosas que pasan, y la angustia que siente el protagonista por los acosos del desgraciado, y por el poco respeto que le va teniendo la familia, empiezan a impregnarlo a uno, y es terrible. Me acordé de una película de hace unos años llamada In the bedroom ¿alguien la vio? Eran unos papás que decidían vengar al asesino de su hijo, y era casi tan terrible como esta.  Casi.

Lo otro que quería destacar de esta película es lo indignantemente verídico que se siente todo el asunto “carabineros”. No sé si les ha pasado, pero cuando te roban, o cuando te pasa algo, lo único que puedes hacer con los carabineros es contarles lo que pasó, para que ellos lo archiven y te digan que no se puede hacer nada más. En el mundo de las películas, los policías llegan y son brillantes, y encuentran pistas y dan con el asesino y lo hacen pagar su merecido, pero en la vida real un carabinero llega a hacer preguntas y no te tranquiliza en lo absoluto. O te escucha mientras tipea en una máquina de escribir demasiado antigua. ¿Soy el único que se siente así? Bueno el peliculasta de esta cuestión piensa como yo, porque no hay momentos más frustrantes que los de los protagonistas intentando hacer justicia por los medios tradicionales. Uno de verdad entiende que el loco haya tenido que llegar tan lejos.

Lo que me hace pensar, que ese es el verdadero potencial del cine chilensis, que nunca usa. De verdad puede reflejarnos como ninguna otra película hollywoodense, ¿no encuentran? Acá ese reflejo es doloroso. Cuando los flaites insultan, cuando agreden, de verdad transmiten esa incomodidad, esa violencia tan única y realista. Brígido.

¿Saben qué? La voy a hacer corta y al grano. Igual que la película. No creo que le vaya bien en los Oscars porque aunque está basada en hechos reales (lo cual explica mucho), no tiene el dinamismo de otras películas, ni es muy satisfactoria de ver. Son casi puros planos largos, demasiado reales, angustiantes y amargos, pero por lo mismo encuentra imágenes brígidas e inolvidables, como esa parte en que el loco sube la escalera y ve al flaite con una pistola… Y BANG. Ya van a entender a qué me refiero. Fue el momento en que caché que la película era filete, pese a tener todo lo que odio.

No sé si la van a disfrutar o si les va a gustar, pero es un excelente ejemplo de oscuridad, de maldad y de miedo, todo lo cual nos cae tan bien en estas épocas de octubres terrorosos. Doscientas ochenta millones catorce mil diez calabazas. Véanla y me cuentan qué les pareció. Yo le doy el Oscar en mi corazón.

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