¡Que viva El Día de la Marmota!

(Esta columna apareció en El Definido, el día 21 de febrero).

Febrero es el mes del amor. También es el mes de las noticias faranduleras de Alto Impacto del Festival de Viña como por ejemplo qué ropa va a usar Javiera Acevedo en la “gala”, etc. Finalmente es el mes de los comerciales de útiles escolares en la tele para dejar con depresión a todos los péndex del mundo. Pero yo opino que febrero debiese ser mundialmente conocido como el mes de la marmota, porque en un mes como este el amigo Bill Murray se quedó atrapado en el día 02 del 02, y vivió lo mismo una y otra vez durante años (algunos dicen que 10.000, oh my God).

Obviamente estoy hablando de la película El Día de la Marmota (1993), traducida en Chile como El Hechizo del Tiempo porque en Chile somos todos giles y nica veríamos una película sin hechizos. Se trata de un pelmazo apestoso que da el tiempo en las noticias y que es egoísta, sarcástico, chistoso y en fin BILL MURRAY, que tiene que ir obligado a un pueblo gringo a hacer una nota sobre una celebración local en que sacan una marmota de una jaula y leen un pergamino y hay una banda y todo el mundo se pone feliz y aplaude. Es como cuando acá escogen a la reina guachaca, pero menos tonto. Bueno la cosa es que Bill Murray no está ni ahí con las marmotas ni con las reinas guachacas así que está todo el día basureando al pueblo y mirándolos a todos en menos. Hasta que al otro día despierta y descubre que no es al otro día sino que está empezando el mismo día de nuevo. Y que no importa lo que haga, siempre despierta con la misma musiquita apestosa, el mismo programa en la radio, la misma gente caminando por la calle, y la misma celebración con la marmota y el pergamino.

Al principio uno se ríe porque es muy chistoso ver a Bill Murray reaccionando a todo lo que le está (re) pasando, pero de a poco la película se empieza a poner angustiante, o debería. Porque la verdad es que uno no puede dejar de mirar la pantalla cada vez que vemos una escena exactamente igual a la anterior salvo por lo que hace el protagonista.

Les juro que si no la han visto van a estar toda la película con así cada pepa de puro mirar todos esos detalles recreados una y otra vez. Uno se empieza a aprender las canciones (la de la radio reloj y la que toca la banda cada vez que Bill Murray llega al lugar de la celebración), los efectos sonoros (la bandeja que se cae en el café y que los locos aplauden) y los diálogos (cuando aparece el apestoso Ned Ryerson), y la repetición hace que uno se sienta como en casa, aunque técnicamente la película es una pesadilla para el protagonista, uno se siente bien viéndola. ¿Qué onda?

La verdad es que nos gustan las cosas repetidas, y si no pregúntenles a los miles de capítulos de El Chavo que hemos visto. Cada vez que Don Ramón se mete en una pelea y Quico queda llorando nosotros sabemos de memoria lo que viene, pero ahí nos quedamos pegados y nos da risa cuando pasa. Escuchamos las mismas canciones setecientas veces hasta que nos dan arcadas. Nos gustan las series porque queremos ver de nuevo los personajes haciendo las mismas cosas y si la serie es muy maestra nos da gusto cada vez que empieza la musiquita/créditos del principio, aunque la hemos escuchado/visto mil veces.

Todos alegan contra la rutina, contra tener que levantarse a la misma hora, salir por las mismas calles y tomar el mismo Metro/Micro/Camino. Pero todos los hacemos y lo seguimos haciendo porque en el fondo lo necesitamos. Si no me creen fíjense en lo placentero que es cuando vemos una película en que un personaje vive una rutina. Al principio de Truman Show, por ejemplo. El compadre dice las mismas frases, saluda a las mismas personas, hace los mismos chistes, y uno ahí con una sonrisa gigante en la cara viendo la película, esperando igual que los telespectadores dentro de la película a que el compadre diga su frasecita. Incluso cuando se libera de su “prisión”, el compadre se despide usando su frase de siempre, y es el momento que más felicidad nos produce a todos. Porque sabíamos que lo iba a decir, porque TENÍA que decirlo. Sí o no.

Joe Pino que El Día de la Marmota es una metáfora de la vida rutinaria apestosa que a muchos nos toca vivir, nos tocó o nos tocará en algún momento. El que Bill Murray se lo tome con tanto humor, y que llegue a descubrir que puede hacer lo que quiera sin consecuencias, nos gusta también porque es lo que uno empieza a soñar cuando la rutina nos molesta, aunque la necesitemos. Todos han querido gritarle a alguien, agarrar un auto y tirarse por un barranco, aforrarle al pelmazo que nos habla aunque no queramos, y todos queremos tener la gracia de Bill Murray al hacerlo. Pero yo creo que El Día de la Marmota funciona a un nivel más inconsciente. Y haciendo investigación descubrí que un grupo de Budistas encuentra que El Día de la Marmota es un perfecto ejemplo del Budismo, porque tiene a un personaje estancado en una rutina, cometiendo los mismos errores una y otra vez. Según los budistas, una de las cosas más humanas de nuestra naturaleza.

Pero yo encuentro que es la conquista sobre la rutina lo que más nos gusta de El Día de la Marmota, y lo que hace que esta película sea un clásico que vamos a ver (y repetirnos, obvio) por los siglos de los siglos. Lo más maestro de todo es que Bill Murray no derrota su “hechizo” haciendo algún encantamiento antídoto. El compadre no se roba un talismán del museo ni inventa una máquina especial. Simplemente se rinde a la rutina y empieza a aprovecharla. Se hace amigo de las viejitas apestosas que viven en Punxsutawney, aprende a tocar el piano, le salva la vida a un cabro chico que nunca le da las gracias, aprende a esculpir en hielo, y se resigna a querer a todos los que lo rodean. Esa es la manera en que el compadre consigue liberarse del hechizo, y de paso, conquistar a la minoca de los comerciales de tintura. Y ese es el tipo de metáforas que queremos escuchar, ¿sí o no?

Quizás no nos damos cuenta cuando la vemos por primera vez, pero El Día de la Marmota lo que está haciendo es ayudándonos a lidiar con lo peor de lo peor, y a decirnos que en nosotros está el pasarlo bien. Si lo digo yo así tan directamente suena cursi y apestoso, pero si lo dice Bill Murray piolitamente y haciéndonos reír durante hora y media, nace un nuevo clásico de las películas. Sea uno budista o no. Larga vida a la marmota.

17 Comments

    • Pato
      3 marzo 2014

      Hola, excelente análisis. Siempre te leo. Sólo una acotación. En el 4to párrafo colocas: «la repetición hace que uno se sienta como en casa, aunque técnicamente la película es una pesadilla para el protagonista, uno no se siente bien viéndola. ¿Qué onda?»

      En esa última oración: «uno no se siente bien viéndola», creo que sobra el «no», dado el contexto del párrafo, quedando en: «uno se siente bien viéndola». De otra manera, creo que se enreda un poco el párrafo con la conclusión final.

      Saludos

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      • Hermes Antonio
        4 marzo 2014

        Toda la razón, de hecho me lo habían corregido en El Definido, pero esto lo posteé desde mi propio y fallido archivo. Muchas gracias.

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    • Sole Moris
      3 marzo 2014

      ¡Ayer justamente vi esta película!
      Y si, ahora que lo dices es bien budista la cosa.
      Podríamos pensar que despertar en el mismo lugar una y otra vez, sin aprender nada o sin mejorar nuestra calidad humana serian las reencarnaciones, antes de llegar al nivana (Igual el medio volador).
      Otros, yo hallaba que también hay una moraleja más simplona que sería «aprovechar cada día como si fuera el último».
      Eso.
      Larga vida a las marmotas.

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    • Taty
      5 marzo 2014

      QUE GRAN PELÍCULA! un clásico! estuve al borde del divorcio cuando mi marido me confesó que no la había visto… ahora ya la vió y puedo seguir viéndolo a la cara.

      GRAN ANÁLISIS COMO SIEMPRE HERMES!

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      • loca6
        9 octubre 2014

        la película esta bastante bien, pero me parece increíble que digas que casi te divorcias solo por que tu marido no la había visto(AUNQUE SEA BROMA O COÑA)

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    • Esteban
      5 marzo 2014

      A ers…Yo me declaro la persona que probablemente haya visto más veces esta película, argumento suficiente para declararme absolutamente competente a la hora del análisis. Primero que todo esto se basa en un hecho real. Calma!. El meteorólogo encarnado por el gran Bill Murray debe, en contra de toda su voluntad, reportear un rito que ocurre efectivamente todos los años, un 2 de Febrero, en Punxsutawney, Pensilvania y más específicamente en el parque Gobblers Knob (http://www.gobblersknob.us/). En este lugar una marmota llamada Phil (que tendenciosamente el guionista bautizó también así a su protagonista) pronostica la duración del invierno, según los entendidos, a través de un hecho que, por ridículo que parezca, a estos gringos les hace sentido; La marmota ve o no su sombra, cuestión que este roedor gigante declara en marmotense y que es interpretado por algún pelotudo aún más loco que la marmota pues cree que entiende tan ridículo lenguaje. Para Phil, el meteorólogo, pasar más años cubriendo este ridículo evento, representa una amenaza a su carrera y cree que lo catalogarán como un periodista sin futuro si lo ven, año tras año, entrevistando a su tocayo dientón.
      El conflicto entonces se revela; el evento que Phil más odia en su vida se le incrusta como una pesadilla en el calendario, despertar todos los días, de mala gana, en el mismo lugar que detesta, haciendo lo que no quiere, con gente que no quiere y peor aún con su evidente arrogancia que lo hace finalmente un ser absolutamente despreciable y más trágico aun, el mismo 2 de febrero que debe reportear el ridículo evento.
      El avance de los hechos es notable, la repetición de todos y cada uno de los detalles del 2 de febrero del terror son muy bien cuidados. Tras 10 minutos de película, tal vez menos, ya has visto todas las locaciones donde se desarrollará el resto del film, sólo que a medida que trascurre el tiempo fílmico (que en realidad no trascurre en la historia) el protagonista comienza un torbellino emocional de aquellos. En esto el director Harold Ramis (Analízame, Mejor Imposible) hace un viaje notable por la siquis de este hombre (de hecho el director hace de su psicólogo en la película), enclaustrado en su peor momento y lo hace avanzar psicológicamente por todas aquellas sensaciones que reporta la rutina extrema, tanto así que entre cada 2 y 2 de Febrero, Phil intenta suicidarse de varias formas, roba un banco, saca provecho también poco a poco de su “deja-vu” inexorable y retrata con humor y genialidad su profecía “recontrautocumplida”.
      El destino de Phil queda entonces a merced de su propio cambio interior, lo que con la gracia de Bill Murray se disfruta en cada uno de sus erráticos pasos y además, dando poco a poco, origen a un hombre que, a diferencia del principio de la película, vas a terminar sin duda queriendo. Sacarle partido a la esclavitud de la rutina hace los días un poco más predecibles, lo que te permite en esos espacios en blanco de cada día, llenarlos de cosas que te ayuden, no solo a superar la monotonía, sino también de convertirte en alguien mejor…

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    • Luis Pino Salas
      5 marzo 2014

      Maestro!, nada mas, me encanta escuchar las mismas canciones añejas en la radio dia a dia.

      Pero al final uno la pasa bien igual y terminas inventando cosas chistosas todos los dias.

      No se trata de eso TODO!

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    • Pabloncho
      6 marzo 2014

      Don Hermes!!! Extrañaba una gran crítica y un análisis tan bueno… esta película es tremenda y en verdad tiene un mensaje tan claro y único. Yo también la vi este mes por TCM nunca me aburre.

      Un saludo

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    • Jorge A.
      7 marzo 2014

      Justo la vi en Netflix ek sábado.

      Esta película debiera ser obligatoria para todos los chilenos el 28 de febrero, cuando empiezan con las pelotudeces del taco, el trabajo, que se acabaron las vacaciones, la vuelta a clases, etc.

      Saludos,

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    • Basttian Schulz
      8 marzo 2014

      me acuerdo de haber leido en un post viejo donde decias cuantos dias estuvo Bill Murray atrapado …era un numero tan absurdamente grande que me dio mas pena el pobre de bill
      como siempre gran columna

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    • Consuelo
      10 marzo 2014

      Holas, vi esta película hace una semana exactamente, dormí mucho en un viaje en bus y después estaba a la hora del copi viendo tele y la empezaron a dar (ahora caché que está en Netflix también). Primero pensé que era una típica comedia romántica, mejorcita que el promedio porque estaba Bill Murray, pero después cuando los días se empezaron a repetir quedé súper sorprendida. En fin, tenía un amigo cuando trabajaba en un cine que me enseñó cómo hacer la exasperante y necesaria rutina más entrete, pero no voy a seguir por ahí, porque me alargaría y qué latera. Me divertí/aprendí viendo la peli y leyendo. ¡Saludos!

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    • Colt
      18 marzo 2014

      Una lección esta película: tratar de torcer el curso de la vida es imposible (salvar al vagabundo) pero lo paradójico es que Phil vive en el curso de la vida que se repite una y otra vez.

      La lección es clara, tal vez no puedes cambiar la naturaleza de las cosas, ni lo inexorable de la vida, pero si te esfuerzas al menos en tu propia existencia, tal vez no cambies el devenir de la vida, pero si la podrás cambiar la rutina.

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    • Paulo
      28 marzo 2014

      Y yo siempre ocultaba mi fascinación por la película y pensé que sólo era yo. Descubro con agrado que somos muchos los fanáticos y tal como un vicio, cuando tenemos la posibilidad, la consumimos sin pensar en consecuencias o el tiempo en el que estaremos sentados frente a la Tele.
      He leído todos los post y el notable comentario de Hermes y comparto la profundidad de los mismos, al punto que también creo que en la vida no hay opción de cambiar el devenir, tal como dice Colt, pero el secreto está en uno y Phil, de como aprendió y pudo sobrellevar «feliz» lo que la rutina le traía, hasta que se rompió el hechizo con la limpieza del alma. He dicho.

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    • fernando martinez
      28 marzo 2014

      el protagonista solo encuentra valor a su vida cuando comienza a pensar en los demas, y es en ese trance, y solo cuando lucha por alguien, cuando rompe ese hechizo, cuando le da de comer al mendigo, cuando salva al niño del arbol, pienso que tiene mucho que ver con nuestras vidas, solo cuando hacemos algo por los demas, ahi encontramos tal vez, el proposito de nuestra existencia…

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