Sobre los cuarenta años de El Exorcista.

(Esta columna apareció en El Definido, el día 10 de enero)

Bueno sí, hace un par de semanas andaban todos preocupados por los regalos y el cotillón, y nadie se acordó de saludar a El Exorcista en su cumpleaños número cuarenta. Tal cual, cabros, en diciembre la película de la péndex poseída cabeza tapa rosca lengua de culebra dispara vómito de arvejas garabatera contorsionista tortura-curitas poder de Cristo te obliga cumplió ni más ni menos que cuatro décadas. Es decir, si El Exorcista fuera persona ya estaría cotizando inyecciones de bótox, se habría comprado un auto deportivo y se andaría joteando minocas más jóvenes para compensar su vejez.

Afortunadamente El Exorcista no es persona, es película, y lo único que ha hecho todo este tiempo es asustar al mundo entero de generación en generación, lo que significa que hay mucho cabro chico que creció escuchando a los papás hablar de la película y las leyendas y la cacha de la espada. Yo sé porque yo mismo soy uno de esos. Desde siempre en mi casa escuché que esta era la película más terrorífica de la historia, que cuando la dieron en el cine la gente de puro miedo se suicidaba, y que tuvieron que llevar curitas a tirarle agua bendita a las cabritas, etc. También decían que los actores habían muerto en accidentes cuáticos, que el director había hecho pacto con el diablo, y que la protagonista se hizo monja.

Con todas esas cosas encima, ver El Exorcista por primera vez es peligroso. Claro porque uno está esperando que aparezcan las cosas más espantosamente blasfemas y sangrientosas de la historia, y se encuentra con un abuelito haciendo excavaciones en el desierto. Encuentra una piedrita precolombina que está a tres hoyitos de ser ocarina de Feria Artesanal y casi lo atropella una abuelita en victoria, pero nada muy terrorífico. A un reloj se le acaba la pila y después unos perros pelean, ¿dónde están las cosas más espantosamente blasfemas y sangrientosas de la historia? Bueno hay que esperar un poco, obviamente está recién empezando. Pero después conocemos a una señora que tiene problemas porque anda un león en el entretecho, y tiene una hija cachetona toda tierna, etc. Después un curita pobre va a ver a su abuelita y es la escena más deprimente que existe, pero ni espanto ni blasfemia ni sangre. ¿En serio se asustaban con esto mamá y papá?

Pero después empiezan a pasar cosas raras y uno de a poco se va dando cuenta de que el terror en esta película es cosa seria. Es cierto que la péndex cachetona es hija de una actriz millonaria de Hollywood, pero la señora es más parecida a la mamá de uno que a la Angelina Jolie que se supone que es. El padre Karras es demasiado normal también, sus dramas uno los entiende y lo quiere como a un amigo, y todo en esta cuestión se siente cercano. Así que la primera vez que esa péndex cachetona tierna abre la boca y habla como demonio travesti afónico, uno se hunde en el asiento de terror porque esto no es una película, es algo que está pasando de verdad, a gente como uno, y hasta ahí no más llegaste.

Para el momento en que la péndex está vomitando crema de arvejas uno lo único que quiere es que llegue el abuelito arqueólogo a tirarle agua bendita. Cuando se descubre que el lenguaje del demonio es inglés al revés uno ya sabe que este demonio es el mismo que adoraba Xuxa, y ya no hay nada que hacer. Las cosas que hace la péndex endemoniada (la pendemoniada) duelen tanto porque se las hace a sus seres más queridos, y al final eso es lo que más nos da miedo de El Exorcista, aunque no nos demos cuenta.

Yo no soy ni nunca he sido madre (todavía), pero de solo imaginarme que un ser que salió de mi cuerpo es capaz de hacer las cosas que hace la pendemoniada en esta película se me paran los pelos de terror. Es como una película de rehenes pero sin rehenes. Ni Mel Gibson en Ransom, ni Jack Bauer en 24, ni Blanco Lewin en Taken han tenido que sufrir un secuestro de la hija tan brígido como la pobre señora McNeil. Porque la pobre péndex está secuestrada, pero está ahí mismo. La raptaron, pero dejaron el cuerpo ahí haciendo cochinadas. Y no puede echarle los carabineros al secuestrador, porque el compadre es un espíritu maligno del infierno. Y cuando la pendemoniada le habla con la voz del amigo borracho muerto y aplica por primera vez la cabeza tapa rosca uno quiere gritar de desesperación igual que la pobre señora.

¿Saben quiénes son los héroes de esta película? Los curitas. Por eso nunca me creí que la película estuviera prohibida, ni que fuera satánica, ni que uno se fuera al infierno por verla. Dónde la viste. En esta película los curitas son prácticamente los John McClane de la fe, los que lo pierden todo pero siguen ahí, intentando recuperar a la rehén de los terroristas. Y el pobre padre Karras es el más héroe de todos. Igual que John McClane el compadre está ahí a pata pelada caminando sobre los vidrios de la crisis de fe (metáfora), llegando a sufrir tanto que es capaz de agarrar a combo limpio al diablo, con tal de que deje a esa pobre péndex cachetona en paz. Si los curitas quieren que el mundo los vuelva a querer, necesitan otra El Exorcista. Los compadres la llevan aquí, no digan que no.

Así que feliz cumpleaños, El Exorcista. Yo creo que por algo te ha salvado de que te hagan un remake, y eso es que eres una película perfecta. No te sientas sola, también está El Padrino para que te haga compañía. Ya quisiera llegar a los cuarenta como tú.

2 Comments

    • Isabel
      3 marzo 2014

      “película de la péndex poseída cabeza tapa rosca lengua de culebra dispara vómito de arvejas garabatera contorsionista tortura-curitas poder de Cristo te obliga ”

      AJAJAJAJAAJ notable!!

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    • SERGIO FULCI
      4 marzo 2014

      el poder de cristo me obliga a decir que cuando niño creia que esta era una pelicula sobre alguien que habia sido “sorcista”…

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