El problema con The Thing (2011), la precuela de The Thing (1982).

Spoilers de Las Cosas.

La primera vez que vi la precuela The Thing (2011) no había visto recientemente la original The Thing (1982), y me acuerdo que mi sensación fue “Meh, no es la original pero igual salva”. Bueno anoche después del ciclo en que vimos la original en pantalla gigante y conversamos con los asistentes sobre lo maestra que es, decidí llegar a mi casa y ver la precuela al toque. Como está en Netflix, me instalé y la vi de nuevo, con la original muy fresca en la memoria.

Y cabros, duré veinte minutos de película y la tuve que apagar.

Insoportable.

Las buenas noticias son que pude identificar EXACTAMENTE cuál es el problema de la precuela y por qué no funciona, y se los voy a decir ahora mismo, para todos aquellos confundidos de por qué no es lo mismo, y para que los de Hollywood tomen nota porque obvio que me están leyendo.

El problema es que en la precuela, la Cosa es un MONSTRUO de película que quiere ASUSTAR, mientras que en la original la Cosa es un ANIMAL que quiere SOBREVIVIR. Así de simple, cabros. Pero este problema mancha toda la precuela y hace que no se pegue ni por si acaso con la original, por más que los compadres metan detallitos y referencias. Es tan distinta la ESENCIA de la Cosa, que es IMPOSIBLE sentir que es “lo que pasó antes”, o que estos personajes viven en el mismo universo siquiera que los otros.

En la precuela lo primero que hace la Cosa cuando se descongela es pegarse un salto olímpico hacia el techo gritando y destruyendo todo a su paso, para después matar gente con tentáculos que salen disparados y atraviesan tóraxes, todo mientras acecha, y grita y hace escándalo como si fuese Godzilla pisoteando las maquetas o señora que quiere asiento en el Metro. La Cosa original, en cambio, era un ser que quería pasar desapercibido, que no quería alertar a los humanos de su presencia, y que andaba por los pasillos mirando con desconfianza. Por eso es tan maestro el perro antes de que quede la mansaca. Si se acuerdan el siberiano (que es un Coso) está siempre alerta, escondido debajo de las mesas, mirando por la ventana, y escuchando conversaciones. Cuando aparecen los compadres con el cadáver mutante de Cosa del campamento noruego, el perro está en un rincón con cara de “Cooperé. Estos humanos giles me van a cachar pronto y tengo que hacer algo”. Y no lo hace hasta que se queda solo, y puede asimilar a los demás perros con privacidad.

De hecho cuando el McCready y los demás iluminan con la linterna al Coso-Perro-Mutante, el criatura da vuelta la cabeza y les echa la media foca, porque es básicamente como si lo hubiesen pillado en el baño con los pantalones abajo. Y más tarde cuando hacen la prueba de sangre (pedazo de escena) el compadre que en instantes veremos es un Coso, está con expresión de absoluta resignación, como diciendo “Estos humanos giles me van a sacar del clóset y voy a tener que hacer cosas feas, ¿por qué no me pueden dejar en paz?”. De hecho me atrevería a decir que cada vez que los humanos ven a la Cosa en acción, es porque la Cosa no tuvo otra opción más que mostrarse, y esta naturaleza de animal arrinconado y desesperado hace que sea un monstruo único, y terrorífico, e impredecible.

Lamentablemente, los de la precuela NO ENTENDIERON ESTA ESENCIA DE LA COSA, se preocuparon de los puros efectos especiales, y transformaron un ser viviente creíble en monstruo destructivo que no piensa, eliminando toda posibilidad de dar miedo, porque el Coso no tiene lógica de criatura inteligente, tiene lógica de película. No hace cosas marcianas que asustan, fascinan o desconciertan, hace lo que haría un monstruo en una película. Como esperar el momento más silencioso para romper una pared y salir corriendo aullando y dejando la mansaca. O acechar a cualquier personaje que se quede solo, solo porque sí. No quiere sobrevivir, quiere asustar. No es un extraterrestre, es mentira.

Y esto termina contaminando toda la precuela, que se siente increíblemente falsa en comparación a la original. Ahí todo pasaba por alguna razón. Uno conocía a los personajes sin que se presentaran, todos estaban ahí y llevaban mucho tiempo aislados, y uno los empieza a conocer de a poco. Al principio cuesta hasta diferenciarlos, pero la historia va armándose de a poco, y uno siente que está espiando algo que es real. Por eso funciona tan bien. La precuela en cambio funciona como película, los personajes se presentan, uno puede distinguir los personajes chistosos que morirán antes, y ese tipo de cosas. Los personajes se comportan como si supieran que todo es una historia que está empezando. Y esto pasa hasta en los detalles más chicos, por ejemplo en cómo muestran la Antártica. En la original las primeras escenas del perro corriendo muestran la Antártica como por casualidad, como si fuera un lugar en el que estamos. La precuela en cambio hace una escena del helicóptero entrando a la Antártica con fanfarrias en la música como si fuera Jurassic Park. “Esta es la Antártica, impresiónense y tengan miedo” nos dicen los peliculastas. Pero John Carpenter sabía que la Antártica era así y no tenía que decirlo. Dejó que uno mismo se impresionara.

¿Y saben qué? Ahora que lo pienso este problema también lo tiene el remake de The Texas Chain Saw Massacre. En la original todo era real, incluyendo el peliculismo y la manera en que el peliculasta contaba todo. El remake es todo falso, y la original al lado parece documental. Ah y ellos tampoco entendieron la verdadera esencia de la familia Sawyer. También diría que pasa esto cuando comparamos Alien con Prometeo, aunque esa sí me gusta. Pero todo eso es para otro post.

Así que eso. Felicitaciones, precuela de The Thing. Con veinte minutos de película me transformaste en mi tata.