Flimelómanos: Anvil! La historia de Anvil.

Cabros, un aplauso virtual por favor para nuestra nueva sección llamada Flimelómanos (qué bueno el nombre). No es necesario que hagan la ola virtual… bueno ya. Bacán. Como pueden deducir por el nombre (maestro), esta sección estará dedicada a un tipo de flims que yo nunca he pescado mucho, pero que son a toda zorra y que sé a muchos les gustan. Estoy hablando de las películas sobre música (fanfarria). Documentales sobre bandas, películas basadas en bandas, todo lo que dan en el festival In-Edit, etc. En Flimelómanos va a estar todo eso, escrito por nuestra nueva colaboradora fliméfila Totis. Otro aplauso y ola virtual para ella por favor, por atreverse con este tema tan maestro que ella misma me propuso (seca) y que yo acepté porque obvio. Tengo que agradecerle el aporte además porque la película con la que inaugura Flimelómanos la vi el año pasado y en verdad es a toda zorra, y me alegra recomendarla a los lectores maestros. Con ustedes, Totis.

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Los mejores documentales musicales son los que olvidan su apellido y se transforman en buenos documentales a secas, es decir, increíbles odas a la vida misma. Con lo lindo, lo feo, lo rancio, lo dulce, lo brígido. Como su vida o la mía. En esa línea anda la primera película de esta sección donde repasaremos aquellas obras que suelen ser ignoradas por el público debido a la idea (muchas veces equivocada) de que hay que saber de música para quererlas y entenderlas.

Anvil!: La historia de Anvil, ópera prima de Sasha Gervasi (guionista de La Terminal, Dallas y Comrade Rockstar… ¡puaj!) es lo suficientemente especial como para que el capo Michael Moore se escapase de su superego y dijera que Anvil es “el mejor documental que he visto en años”, y también para que metaleros de chaquetas de cuero y caras de malo lloren más que yo (una nena). Es la historia de dos amigos que aguantan más de treinta años soñando triunfar con su banda de rock… En verdad, filo la banda de rock. Son dos amigos que se prometieron cuando chicos estar juntos para siempre, y que lo cumplen. Es un documental que va más allá del estilo, de la concepción de la música o de la industria. Tiene que ver con las personas, con el aguante, con la tripa y el corazón que se pone a los sueños… Sí. Súper mamón para ser un documental metalero, pero he ahí la gracia.

Por eso la primera recomendación que podría hacerles es que no vean la película sol@s. Aunque sea acompáñese por alguien a quien quieran harto por Skype (digan al mismo tiempo 1, 2, 3… ¡Play!). De no ser así, me tinca que les darán ganas de cortarla porque es una historia de a dos, de a familia y de a fans. Dos cincuentones harto peludos, hediondos y con una familia entre admirada y chata, quieren volver a ser tan famosos como en los 80s, cuando tocaban en Japón con ropa sadomasoquista y dildos como uñetas de guitarra (guau, que malos eran).

Con pegas de mierda, tocatas a las que solo van cinco pericos y sin la ropa brígida ni la indumentaria inmoral (ja), permiten registrar su último gran intento de volver a la fama antes del asilo y la depresión. El rollo es cuático básicamente por las personalidades que están implicadas en el entuerto, y la ansiedad que tienen por cumplir sus sueños veinte años después.

El cantante y guitarrista de Anvil, Steven “Lips” Kudlow, es súper adolescente para sus cosas y como da entre risa y pena con sus discursos y actitudes. Su otra mitad, el baterista Robb Reiner, es un viejo alolado pero choro, como ese tío que les presta las pornos al lolo urgido o se engrupe a la hermana y la mamá de uno, para poder escaparse a carretear con las amigas y hacer leseras.

Y así se ven cosas más malas que buenas, notándose además en los momentos más miserables de la historia la falta de recursos que tienen los amigotes y la habilidad del director para captar momentos únicos. Así que da para reír con la patética desgracia de los protagonistas, para llorar por la profundidad de su vínculo y para encantarte con la capacidad del director para hacer de Anvil una historia valiosa y bien contada.

Vayan a verla. Si están en Santiago pueden verla en el Cine Arte Alameda (Alameda 139), y si están en regiones, ingénienselas. Les repito, no tienen para qué saber de música o conocer a la banda si quieren disfrutarla.

Anvil es, simplemente, una gran película.

-Totis.

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