ODT: End of the Line.


Hay cuestiones cuáticas, y ésta (se pasó). Mezcla como chorrocientas cosas terroríficas brígidas, incluyendo Testigos de Jehová, demonios, pesadillas, fantasmas, andar en metro, y compadres que actúan peor que Gonzalo Valenzuela. O sea, estén preparados porque se viene el tutá tutá.

Aquí tengo que confesar algo. Por si no han cachado yo soy súper recio y las películas de terror brígidas no me hacen ni cosquillas, porque soy bacán. Bueno, para que sepan, en los primeros diez minutos de esta cuestión salté exactamente tres (3) veces y quedé pegado al techo como mamasán. Y yo nunca hago eso. De hecho me burlo de la gente a la que le pasa y les digo “guaja, mamasán”. Pero ahora supe lo que se siente, así que prometo no volver a burlarme de nadie, nunca más (no dije a partir de cuándo eso sí).

Puede comer puros cabellos de ángel.

La cosa es que este películasta sabe hacer saltar a la gente, porque no usa las típicas trampas de tirar un gato por la ventana, o hacer que aparezca un amigo de repente a agarrar el hombro y con ruido de susto. Este compadre te embolina la perdiz y hace que uno mire para cualquier parte y de pronto ¡ZUÁCATE! Aparece un demonio en primer plato. Igualito que esos videos malditos de Internet que hacen que uno se fije en un rincón y de pronto chantan una foto satánica para que uno se urja, y después en venganza uno se lo muestra a cabros chicos, los filma traumándose de por vida, y después lo sube a YouTube.

Bueno igual les voy a contar la trama por si les tinca. Al principio pasan puras cosas raras a pito de nada y uno empieza a meterse en la película para puro cachar para donde va el metro (ojo, adapté la metáfora de la micro porque soy master). De pronto conocemos a una comadre que trabaja de enfermera en un manicomio de locos para la gente con desórdenes mentales dementes del cerebro, y nos enteramos de que últimamente ha habido un alza en el número de gente loca, coincidiendo con el estreno de Twilight. La comadre se va a su casa en metro, y tate.

Cuidadito con la línea amarilla.

Esta es la parte más fantasiosa de la película, eso sí, porque muestran el metro y las estaciones están vacías, con a lo más con dos personas en todo el andén (dónde la viste). Después muestran los trenes mismos y sigue la fantasía, porque hay cualquier asiento, nadie anda apretujándose y ningún flaite de chasquilla con gel escucha Daddy Yankee en el celular (tampoco hay olor a rodilla, pero igual podría haber y no nos daríamos cuenta porque es película).

Lo que sí pasa es que el metro se queda parado en un túnel (la típica), y después de un rato empiezan a aparecer los Testigos de Jehová asesinos que quieren vengarse de todos los que alguna vez no quisieron abrirles la puerta, de los que inventaron chivas para darles la cortada, y de los que nunca quisieron comprarles el Atalaya Today o el Despertar Weekly. O sea, quieren vengarse de todo el mundo.

Tajeovah.

Cuento corto, empiezan todos a arrancar de los Testigos, a encerrarse en cualquier parte con hachas, y hacerle el quite a los compadres, que aparte de asesinos son enteros monotemáticos y están todo el día pelando el cable con Dios, el Juicio Final (T2) y el famoso Apocalipsis, que es la parte con más acción y efectos especiales modernos de toda la Biblia.

¿Y por qué les digo que es cuática? Porque es po, ¿qué creen que les voy a decir mentiras? La gracia de esta película es que el peliculasta le pone ene color para que uno vaya cachando de a poquito qué es lo que va pasando, así que no dan ganas ni de parpadear esperando que expliquen qué onda. Y pasan cosas tan raras y los Testigos Monotemáticos son tan extraños, que uno está esperando la media explicación de por qué pasa todo eso, y al final uno queda con gusto a poco (spoiler).

Faltó Colgate y cotonitos (chino cochino).

Igual es entrete, y uno está metido todo el rato viendo las cosas freak que pasan, pero parece que no me gustó tanto como pensé después de haber quedado pegado al techo los primeros diez minutos. Así que sorry, End of the Line. Siga participando. Mmm… Cien mil estrellas y de bonificación un Diploma Inútil Enmarcado por las buenas intenciones.

© Hermes Antonio, el crítico que deja bajar antes de subir.

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