ODT: The Hills Run Red.


Es bien chanta esta cuestión (sorry por matarles la ilusión de una). Se trata de unos compadres que andan buscando una película perdida, que se supone era tan terrorífica, que la prohibieron en todas partes y nadie sabe dónde está ni el peliculasta ni los que actuaron (onda Takilleitor). No hay copias de la película tampoco, porque es como un mito urbano y nunca nadie la ha encontrado (ni siquiera en el Persa), el Porvenir de Chile quemó todos los VHS que existían, y etc.

Lo único que se conoce de la famosa película legendaria es un tráiler charcha que no salva a nadie y que no tiene nada de terrorífico ni de impresionante, así que partimos mal. Porque esta es la típica película donde están ene rato metiendo cuco con que la película-dentro-de-la-película es terrible y la cuestión, y después cuando finalmente muestran escenas, uno dice “Plop, ¿eso era todo?” (Lo mismo que pasaba con las películas supuestamente brígidas de 8MM, donde el único que se arrugaba mirando era Nicolas Cage).

¡Cáspita!

Pero filo. Sigámosle la corriente a la película no más. Resulta que el protagonista (un lampiño equis) da con la hija del peliculasta desaparecido, y parte a investigarla, sin saber que la comadre es una toplera hot con pinta de supermodelo y labios de choripán. Lo más divertido es que la toplera además es drogadicta, y eso uno lo sabe porque tiene el brazo morado y porque echa pericos y es violenta. Y el lampiño no encuentra nada mejor que amarrarla para que se le pase lo drogadicta, porque a los drogadictos hay que torturarlos.

Después de mostrar escenas cortitas de la comadre gritando/vomitando/echando pericos, ¡zás! Sale curada de la drogadicción, le da las gracias al lampiño por haberla ayudado, y parten felices al bosque como si nada. Así que ya saben, si algún día pillan a un drogadicto violento, lo único que tienen que hacer es amarrarlo hasta que se le pase, y tate: Best Friend Forever (un consejo de su película amigui, The Hills Run Red).

La drogadicta rehabilitada (aprende Amy Winehouse).

Cuento corto: Los compadres llegan al bosque con la toplera drogadicta rehabilitada, y descubren que el asesino de la película sigue matando gente, y los pasteles se vinieron a meter justo donde no debían. Y sería. De ahí en adelante terror, corre que viene el asesino, chúngale, ejalé, ¡bú!, ándate cabrito, y ay, juraban que había terminado.

Igual es la típica película que cuando a uno le preguntan si es buena o no, uno se demora y hace un ruido así como “meh”, porque no es ni chicha ni limonada, ni Bilz, ni leche con frutilla. Es más una agüita perra, diría yo. Pero hay que pensar positivo así que vamos con las Cosas buenas de la película: Como tres escenas buenas sangrientas que me hicieron arrugarme, el look del asesino (anda con una máscara de guagua horrible, peor que Tiernecito, Dondo Tan Redondodó y mi primo Feto), algunos enredos cuáticos al final, y que igual es entrete y no hay tiempo para aburrirse (es cortita también).

Corre que te pilla el Careguagua.

Ahora las Cosas malas de la película: la toplera drogadicta rehabilitada, las escenas con chorezas de computador y efectos cuáticos para dar susto a cada rato, la supuesta película terrorífica que no salva a nadie, algunos enredos cuáticos al final que no se cree ni Forrest Gump (que es ingenuo), y demasiada filosofía medio chanta sobre el peliculismo terrorífico que sueltan los personajes, porque uno se distrae y da lo mismo todo.

Veredicto final: Meh, pero entrete. Aunque después de un ratito se les va a olvidar, y de lo único que se van a acordar es de la muerte de la comadre que era como trampa del Coyote, pero brígida y sangrientosa. Trescientas mil quince estrellas y un Belleza Interior Award al Careguagua, por horrible.

Igual tuvo polola por Internet.

© Hermes Antonio, el crítico que opina que algunas cosas es mejor dejarlas en la imaginación.

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