CHOCOLATE


Cabros, hace ratito que no les escribo una minicrítica maestra, pero hoy día me vi el manso ni que flim y se lo merece, así que aquí estamos. Minicriticando maestramente (obvio), a la hora del lolypop (tengo vocación).

Para que sepan esta película contesta una pregunta muy importante que todos nos hemos preguntado alguna vez en la vida, en mi caso caleta de veces porque soy terrible de reflexivo: “¿Qué pasaría si una chinita mafiosa le pone Wendy con un yakuza del otro bando, los pilla el jefe mala onda apestoso, ella se tiene que escapar pero queda embarazada, años después le da cáncer y su hijita que nació autista se vuelve seca para el karate puro viendo películas y empieza a recolectar la plata que le deben los mafiosos a la mamá a pura patada y rodillazo limpio, todo para comprarle remedios para el cáncer a la vieja porque después de que se fugaron no tienen plata ni para andar a pie? ¿Ah?”.

Respuesta: “Uff, espérate no más, viejito” (spoiler).

De eso mismo se trata esta cuestión. Es más dramática que Marco invitando a Anna Frank a ver El diario de la princesa y entrando a ver La lista del Schindler por equivocación, y después más encima cachar que les dieron cabritas saladas en vez de dulces (tragedia). Pero de que es la zorra, es. Igual van a tener que mamarse toda la teleserie de la mamá con cáncer sufriendo heavy, y la niñita que además de flacuchenta y autista es china (pobrecita), pero apenas empiecen a volar las patadas… ahí te quiero ver.

A punto de abrir Palumbo para muñecas.

Entre esta película y Rain Man queda clarito que hay que puro ser autista en todo caso. El otro no sólo iba al casino y se ganaba toda la plata, sino que además cachaba al tiro cuántos fósforos faltaban de la cajita, y le enseñaba lección de vida a Tom Cruz, que no la hace cualquiera. Y la chinita de este flim es capaz de aprender a pelear mejor que Dewán y por puro ver películas de karate y sapear a los compadres que entrenan en la escuela de karate que hay al lado de su casa. También tiene oreja de Superman y escucha hasta cuando una mosca camina encima de la alfombra en calcetines. O sea, los autistas la llevan.

Aunque no la llevan tanto ahora que lo pienso, porque siempre andan con la cabeza para el lado, les dan ataques de epilepsia a pito de nada y se auto pegan cachamales, tienen peinado de asopado, etc. A las finales es como si Dios les hubiera dado superpoderes de yapa por haberlos hecho tan al lote, y cuando nacieron venían con un post-it en la frente que decía “Sorry por haberme condoreado con la serotonina, pásalo pork en Las Vegas igual. Chabela. Firma: El Más Bacán (Yo, Dios)”.

«Hácete esta, Dustin Hoffman»

Pero menos debate Ciencia VS. Religión y más crítica fliméfila: Viendo esta película dije tantas veces “ándate cabrito” que me quedó la lengua igual de áspera que la del gato, porque me deshidraté. Vieran cómo reparte codazos, rodillazos, combos y patadas esta chinita. Además es de esas películas de karate en que uno está con la boca abierta no sólo por lo que hace la protagonista, sino también por la media ñoña que se sacan todos los demás. Hay partes en que los pobres caen al suelo y llegan a dar bote y SE CACHA que no son efectos especiales modernos. O sea, los compadres se sacan la mugre haciendo la película de verdad, no como uno que dice «me saqué la mugre escribiendo la crítica», pero es metáfora.

La primera reacción de uno a estas escenas es arrugarse de dolor. La segunda abrir las medias pepas y hacer un ruido de sorpresa. La tercera decir “chúngale” u “oh my God!”. La cuarta retroceder la escena, verla de nuevo y repetir los tres primeros pasos. La dura. Es cortita la película, pero uno la retrocede tanto que dura más que programa doble de Watchmen con El retorno del rey, en cámara lenta y debajo del agua.

«¡Lo aprendí viendo La Cultura Entretenida!»

Ya les dije ya que es bien dramática y a uno como que le da lo mismo el drama, pero las escenas en que la chinita alfeñique les saca las reñoñas a como cien mafiosos son tan la zorra que da lo mismo, y uno no alcanza a aburrirse ni a decir “pffft, dónde la viste que iba a aprender tan bien karate puro viendo flims, fuera por eso yo habría aprendido a caminar como Blade hace ratito y sería negro”, etc. Todo da lo mismo cuando la chinita empieza a hacer sus autismos bacanes.

¿No me creen? Para muestra un YouTube (como dice mi abuela). Esta escena es una de las primeras peleas, y no le llega ni a los talones a las que vienen después. Cáchense:

¿Cómo les quedó el ojo? Y eso que todavía no ven la parte en que a la chinita le echan otro enfermito karateca, o esa pelea en el edificio que parece Donkey Kong con la chinita saltando los pisos como si fuera Mario Bros detrás de la princesa (de ahí van a cachar). Como los gringos nos tienen acostumbrados a las peleas mamonas que no salvan a nadie y los pericos ni se mueven, este flim la lleva en mala. Consígansela de una y véanla, porque es entera maestra. A mí me gustó pero es que N. De hecho la voy a ver caleta de veces más para ver si me hago maestro del karate y después puedo dejar la grande cuando me tope con algún flaitongo escuchando reggaeton con el teléfono en el metro (pelmazos). Trescientos millones doscientas quince mil cinco estrellas. Y un Robocop Award a la mejor rehabilitación a la chinita por haber superado su enfermedad repartiéndoles rodillazos a los mafiosos, que esa no es fácil, yo cacho.

© Hermes.

PD. Se llama Chocolate porque a la comadre le gustan los M&Ms, los Rocklets y/o los Chubis, o como sea que allá en su país se llaman los chocolates redondos con colores más ricos que no sé qué (ñami). Eso no más. Menos mal que no les gustaban las guatitas a la jardinera, en todo caso, porque no me habría tincado verla nica. (Guácatela).

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