MARÍA ANTONIETA, LA REINA ADOLESCENTE

Esta es la primera película que vi en el año, y quiero agradecer a los señores que traen las películas, porque en el cine nos pusieron aire acondicionado y dejaron la película despacito para que se pudiera dormir en paz. Unos críticos famosos que vieron esta película conmigo y que me bolseaban ramitas de queso decían que esta película era de la misma directora de Perdidos en New York (la de la rubia gritona enamorada del abuelito que canta como las tristes) y decían también que la directora era seca porque era la hija de Marlon Brando.

La película se trata de la tataratataratatara (etc) abuela de Legalmente Rubia y actúa la flacuchenta cara de sueño (Mary Jane Watson) que actuó en la película de las porristas que no podían soportar ni perder el concurso ni conquistar al minoco y les venía la depresión (Las vírgenes suicidas).

Legalmente rubia vive en la época de Glen Close y empieza la historia cuando la mandan de Australia a Francia a casarse con un francés tacuaco que le dicen “delfín”, pero no el de las torres gemelas, uno que no lo conoce nadie, y que ella más encima nunca ha visto. O sea, como casarse con alguien por chat, pero sin haberle mandado ni una sola foto, ni canciones, ni haberle hecho una poesía. (El francés tacuaco además es más fome que chupar un clavo, pero ya lo conocerá)

La cosa es que cuando llega a Francia, donde en la época antigua hablaban inglés, igual que en Roma de Gladiador, o en España de esa película de Cristóbal Colón, todos la tratan bien y tiene mil empleados y no puede hacer nada sin pedirle permiso a alguien, ni cambiarse el disfraz en privado porque siempre anda con una manga de viejas que la siguen y la espían y le recuerdan lo bacán que es ser ella. Y todo esto porque ella es princesa, pero princesa de las de verdad, no esas cabras chicas cualquiera que las viejas les dicen “princesa” porque andan con el vestido nuevo o con trenzas. Y como esta película demuestra, ser millonario es muy difícil.

A las finales que la vida de esta comadre es más fome que estar en la casa y que se corte la luz, y en el medio castillo donde vive hay puro pelambre y de a poco todos la empiezan a odiar porque no tiene hijos, le dicen “delfina”, la basurean y no la dejan tranquila, y aquí uno se siente mal por ella y la compadece, porque siempre en las películas uno se siente mal por el que es pollo en corral ajeno, aunque aquí el pollo en corral ajeno sea medio idiota y empiece a gastarse toda la plata del delfín en zapatos, torta de panqueques, perros chihuahua para poner en la cartera y las mismas estupideces que hace la Legalmente Rubia, pero en versión casa de antigüedades.

Aquí me di cuenta de que la directora Brando es seca y merece más Óscars que Clint, porque aunque no se había inventado nada entretenido en esa época y la película no tiene explosiones, la música que pone es pura música oreja de ahora con canciones de esos cómpacs bonitos que venden en el Portal Lyon y que siempre cuestan dos lucas más de lo que uno tiene.

La música oreja ayuda a tres cosas (este análisis es en serio): a) hacer que la comadre parezca más pollo en corral ajeno, porque es como si en una película de universidad de las de ahora, onda American Pie, al protagonista le pusieran charleston (lo peor); b) Ayudar a que las minocas de hoy en día se identifiquen con la legalmente rubia, porque hoy en día nadie quiere ser famoso, gastarse toda la plata en ropa, carretear y hacer farándula; y c) vender más CDs. (Nadie compraría el cómpac si tuviera música de la carta de ajuste).

Como es farandulera, millonaria y ociosa, y no se ganó nada de eso por mérito propio, todos los giles andan diciendo que Mary Jane es como la Paris Hilton, pero yo encuentro que nada que ver. Para empezar a uno no le dan ganas de matar a Mary Jane cada vez que la ve, ni tampoco la mina hace estupideces como sacar un disco o dedicarse a la actuación siendo que tiene menos talento que una corchetera. Es una cabra chica malcriada que no tiene idea donde está parada, tal cual la rubia gritona que andaba perdida en New York sin entender nada. Parece que a la directora le pasó lo mismo en su vida (porque vivía con los Brando) así que ahora hace puras películas de patitos lindos que lo pasan pésimo porque están “atrapados” en el palacio de Versalles o en un hotel cinco estrellas, y cómo no se va a identificar uno.

Por ser tan universal y por demostrar que las mujeres también pueden hacer películas (aunque sean películas que duran doscientas horas donde lo único que sale es la rubia en el palacio “sufriendo”) le doy dos mil doscientas estrellas. Rosadas y con blonditas.

© Hermes.

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