TITANIC

Después de estar el otro día tres horas con mi polola Laura V. y sentir en todo el cuerpo esa sensación Barco Pirata de Fantasilandia, decidí irme a arrendar una película romántica para hacer de cuenta que yo era el jovencito y Laura V. la niña y emocionarme todo el rato como si nunca hubiera visto películas románticas. Como quería escuchar además mi disco de música romántica decidí irme caminando al Blockbuster, esperando que hubiera viento y que me viera como si caminara en cámara lenta con las hojitas y la mirada triste y el comercial de Sahnne-Nuss.

Cuando llegué no sabía qué arrendar porque en todas las películas sale una rubia que es tonta y que se le caen las cosas y que sufre porque no tiene a su pololo y al final el pololo termina siendo el que le caía mal porque el mijito rico era en realidad pelmazo. Incluso el que le cae mal al principio le ayuda a (re) conquistar al pelmazo, pero justo cuando lo logra ella se da cuenta de que el que le gusta es en realidad el que le cae mal y sale corriendo y el pelmazo se queda con las ganas, y ponen la música linda y van mostrando al que le cae mal sintiéndose solo y a la rubia tomándose un taxi que se lo gana la abuelita y ella tiene que hacer algo gracioso a última hora. (Si es año nuevo o Navidad es mejor porque en las calles andan todos arreglados y hay luces y nieve, igual que en la Navidad del Parque Arauco y el beso al final es más emocionante).

Pero como no quería arrendar las películas de la rubia le pedí al caballero que tiene su nombre en una chapita que me recomendara, y me recomendó esta diciendo que tenía de todo y que se había ganado sesenta y dos Oscars (incluyendo mejor actriz revelación del año uno y el Parkinson Lifetime Achievment Award), y que era una de las pocas películas románticas para todo espectador porque no se ve nada para mayores, sólo cosas que nos gustan a todos como cinco mil personas que mueren, incluida una guagua que queda como Tiernecito y Tiernecita (de Jésmar, para jugar), pero en el freezer.

La verdad es que esta película no es una película, son como cien películas en una sola (dura veintidós horas), y es tan compleja que hasta cuenta en paralelo la historia de una viejita igual a Yoda con peluca que se va en un crucero y pierde la única joya que tenía en el mundo y de pura pena se muere (Aunque está claro que tiene Alzheimer porque nadie lleva el medio ni que zafiro a un barco). Esa es la parte fome, eso sí, porque si quiero ver películas de abuelitos para eso mejor arriendo Terminator 3. Lo bueno viene después cuando estamos en el barco, que no me acuerdo cómo se llama, pero tiene un nombre oreja.

Esta película está basada en esa serie de televisión famosa donde todos los que se subían al barco morían (El crucero del amor) y acá para darle más realismo hicieron que chocara con un iceberg (que es un pedazo de hielo judío) para que después se hundiera igual que cuando se hunden los barcos en los monitos, pero con efectos especiales modernos.

Pero lo más importante aparte del barco y el mar, son los dos personajes principales, y para que quede claro esas son las cuatro cosas que salen en la carátula, además de un Oscar para que sepamos que la película no es cualquier cosa. El protagonista hombre es el que hacía de mongolito turnio en El jinete sin cabeza y la protagonista mujer es la gordita de esa película donde todos son ingleses sensatos, sensibles y fomes que no me acuerdo cómo se llama. Cuando la película empieza ellos se van viendo infelices cada uno por su lado y uno sabe al tiro que se van a conocer y todo va a cambiar. (Además que ponen un pianito cuando se conocen y siempre que hay pianitos es porque se viene el tutá tutá). Y aquí es lindo porque da esperanza: Si hay alguien en el mundo que está igual de solo que uno y haciendo lo mismo, entonces uno no está solo y todo bien, aunque lástima que uno nunca tiene cómo saber, a no ser que sea película. (Y por eso que las películas con mejores que la vida real).

La cosa es que el mongolito y la gordita se conocen y se enamoran, pero como es de amor imposible la película a nadie le gusta que anden juntos, menos a la familia cuica de la gordita que le tienen mala a Machuca porque es pobre y habla con la boca llena. (El monguis no tiene familia, porque es huachito). Al final los cuicos odian tanto al pobre que le hacen puras cosas mala onda, sobre todo el Señor Burns cuando joven que es hijo único y quiere casarse con la gordis. (Y tiene pistola, porque está en la constitución)

Aquí yo me mordía las uñas porque con todo esto, sólo una cosa es segura:

Barco gigante + Machuca + Gordis + Señor Burns + Pistola + Iceberg

= Whitney Houston.

Y desde que el mongolito y la gordis se hacen amuñumuñú en la punta del barco en adelante que no paramos más. Hay hasta una escena en que él la dibuja como mona pilucha y eso es cine arte porque los primerísimos primeros platos a las manos arrugadas de Machuca representan que el arte nunca envejece. Hay una escena también donde se besuquean en un baño turco y dejan la mano en la ventana igual que cuando uno hace patitas de duende en el espejo del baño con el costado del puño después de la ducha, y eso es emocionante porque evoca.

Y cuando chocan con el iceberg, ahí si que no quiero saber nada. Al monguis lo arrestan por haber secuestrado a la gordis y queda la escoba porque todos quieren subirse a los botes y salvarse, pero los botes no alcanzan porque el crucero estaba sobrevendido, y todos pelean con todos y encierran a los pobres para que no molesten a los cuicos, y este es el mensaje más importante de toda la película: no hay que hacer barcos para cuicos y pobres, hay que hacer uno para cada uno, así nadie rabea, igual que la playa de la Plaza de Armas, donde no murió nadie.

En fin, el mongolito y la gordis corren por todo el barco, intentan adoptar a un niñito, arrancan de la ola gigante y se suben a la punta cuando se está hundiendo para ver mejor (ahí hay un cameo de Luigi Bros, ojo al charqui, pero cien estrellas menos porque es el típico personaje que se zampa un trago de su petaca en el momento más absurdo), y uno siempre se muerde el labio esperando que se salven. (Es una lata eso sí porque a cada rato cortan a la abuelita que pela el cable con las causas sociales, pero en video se puede adelantar así que todo bien) Y como la gordis es mujer se pone romántica en los momentos más peligrosos y uno se emociona más porque comprende que la obra está operando a muchos niveles. (El social y el de género).

Al final el barco se va para abajo y todos se empiezan a congelar. Los protagonistas llegan a una balsa y ahí nos acordamos de que la película es de amor en serio, o sea, va a terminar mal: No pueden subirse los dos al mismo tiempo porque la balsa se hunde. (Si la gordis hubiera dejado los cuartos de libra la canción de Whitney al final no habría hecho llorar a nadie) Y aquí me emociono hasta los mocos porque el monguis dice que él tiene mucho menos posibilidad de triunfar en la vida (además de pobre es turnio) y va y se hunde todo azul, o sea, se sacrifica por su polola, y eso que la conoció ese mismo día en la mañana. ¿Cómo no va a ser bonito?

Así que perdonen que haya escrito tanto, pero como ven esta película es maestra y uno no para. Yo pensaba todo el rato en la hipotermia y mi Laura V. y me olvidé de todos los problemas del mundo. La dura. Un TRILLÓN de estrellas.

(Mañana veré más películas si mi colegio sigue en paro, y si no me mata un carabinero mientras cruzo la calle hacia el Blockbuster)

© Hermes in love.

Nota: La expresión “Sensación Barco Pirata de Fantasilandia” es propiedad intelectual de Laura V, y Hermes la usó con autorización implícita de la propietaria. Más linda.

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