Un Mundo Feliz: Cuando Terminator era Análogo.

Advertencia: El siguiente texto incluye múltiples referencias a la infancia de papá mono, datos biográficos que probablemente no le importen a nadie, reclamos de anciano cascarrabias y ganas de mejorar el mundo fliméfilo popcorn. También tiene spoilers de Terminator, T2, Terminator Genisys, Star Wars, Duro de Matar y Mad Max Fury Road.

¿Ustedes creen que ver películas malas es llegar y olvidarse? No señores, no es tan fácil. A veces ver una película mala significa pasar días, semanas o más pensando en lo lamentable de la pérdida, en lo que no fue, en lo que pudo haber sido. Muchas veces las películas se quedan con nosotros, pero eso no necesariamente lo originan buenas experiencias, es lo que trato de decir.

Si la película mala nos decepciona por cosas más bien personales, el “eco” que nos deja es peor. Se podría decir que las películas malas se nos repiten como empanada rancia. Y eso es justamente lo que me pasó con Terminator: Genisys, donde lo personal viene por lo mucho que me gustan las primeras Terminator. Lo bueno es que a veces de un sentimiento negativo nacen reflexiones buenas (o que uno jura son buenas), así que he decidido compartir las mías con ustedes. Les advierto que antes de las reflexiones me voy a poner autobiográfico, cabros, sorry, pero les juro que es para que entiendan mejor mis puntos. Nos fuimos.

Yo me acuerdo cuando estrenaron Terminator en los cines chilensis. Era muy chico para ir a verla, claro, pero había visto no sé si fotos o algo de Schwarzenegger con el ojo rojo de robot expuesto, y como buen péndex alucinado con los monstruos, la sangre y lo espeluznante (no tenía noción de lo que era la «ciencia-ficción» todavía) , LO ÚNICO QUE QUERÍA EN LA VIDA ERA VER TERMINATOR. Bueno la cosa es que mi mamá fue a verla al cine, y cuando volvió a la casa, se sentó delante de un cabro chico muy entusiasmado y procedió a contar toda la película. De principio a fin. Y sin saltarse ni un detalle.

Como la mamá de Forrest Gump, mi vieja se sentaba conmigo no a darme consejos sobre la vida usando analogías chocolatosas,  mi vieja me contaba películas que yo no tenía cómo ver, o películas que ella había visto antes de que yo naciera.

«Bueno hijo, entonces el Terminator se saca el ojo con un bisturí y luego va a la estación de policía a asesinar a la fuerza pública, alucinante». (Recreación)

Tengo que darle crédito a mi vieja. Era seca para contar películas. Me contaba todo lo que tenía que saber para entender la trama, y después me describía con lujo de detalles todas las secuencias de acción, o de terror, o de aventuras. Yo por lo general me quedaba mudo escuchando su relato, pero a veces la interrumpía con preguntas, que casi siempre eran para que ahondara en más detalles sangrientos. Tan buenos eran sus relatos, que muchas veces cuando finalmente conseguía ver las películas que me había contado, yo sentía que ya las había visto. Los detalles siempre calzaban, y creo que la pillé engrupiendo como tres o cuatro veces nada más. Y la perdono, porque le ponía color para hacérmela más entretenida a mí.

Películas que mi vieja me contó con lujo de detalles y que yo no vi hasta tiempo después: Príncipe de las tinieblas, RoboCop, They Live, La Mancha Voraz, El Exorcista, Dos bribones tras la esmeralda perdida, Cobra, Rambo, Rambo II, Rambo III (le gustaba Stallone), etc. Y bueno, creo que Terminator fue uno de mis “cuentos maternos” favoritos. Ayudó mucho que mi vieja amara la película, porque le puso todavía más entusiasmo a contármela. Y yo lo pasaba tan bien que le pedía que me la contara de nuevo, o al menos que repitiera “escenas”. Me gustaba en particular el momento en que el Terminator salía de las llamas hecho un esqueleto metálico. Brígido.

(Una nota aparte merece el cómo me contaba las escenas de sexo, que de repente aparecían. Usualmente mi vieja decía algo como “aquí viene una parte que es para mayores”, pero en el caso de Terminator dijo “Y aquí ella pasa la noche con el jovencito de la película”. Claro, no podía censurar completamente la escena porque después teníamos que entender que John Connor había sido engendrado, así que me la contaba en versión para todo espectador. Qué querían que hiciera, yo tenía siete años).

Igual quiero aclarar que nosotros no éramos indigentes ni vivíamos aislados del resto del mundo en una cabaña en la pradera. Tienen que recordar simplemente que era una época muy distinta para los que nos gustaban las películas. En la época en que llegó Terminator a los cines ya había VHS, pero todavía no era masivo, ni había tanto videoclub. En mi casa no teníamos (todavía), no había cable, e Internet era un sueño en las cabezas de escritores de ciencia-ficción, por lo que la oferta no alcanzaba para satisfacer la demanda. Si queríamos ver películas teníamos que ir al cine, o esperar a que las dieran en televisión abierta. Esto les puede parecer prehistoria a los fliméfilos de esta generación, pero esa espera para ver las películas que querías ver era una tortura. Imagínense. Si antes del relato de mi vieja yo quería ver Terminator, después habría donado órganos por verla. (Porque eso es lo otro, cuando uno es péndex y quiere saber sobre las películas, no existen los SPOILERS, todo lo que uno sabía con anticipación era bienvenido).

La primera vez que vi Terminator por fin fue cuando la dieron en la tele, su buen año después de que mi vieja la viera en el cine y me la contara. ¡Un año con la historia en mi cabeza, con ganas de ver a ese esqueleto robot salir de las llamas! ¡Un año esperando ver a Sarah Connor derrotarlo! Y como yo era péndex las expectativas y la espera solo ayudaban a que disfrutara aún más la película. ¿Me gustó? Obvio que me gustó. Rallé la papa. Era todo lo que había imaginado y más. Para cuando la dieron en la tele ya teníamos VHS en la casa, así que la grabé de la tele, cortada y todo, y procedí a repetírmela una y otra vez. Este era el tipo de cosas que debía vivir el fliméfilo en la época análoga.

¿Se puede tener una experiencia así hoy en día? Está difícil, precisamente porque en la época digital todo es más fácil. Me acuerdo que en el colegio leíamos en alguna parte sobre unas películas de terror, y las buscábamos durante meses. Te la conseguías cuando hablabas con Juanito y él conocía a alguien que la tenía, y de repente te hacía una copia, pero te cobraba tres lucas, así que con los compañeros fliméfilos hacíamos una vaca y le comprábamos la copia, bajo compromiso de hacer copias para todos. La otra opción era encontrar un videoclub con películas más desconocidas y ahí uno se “hacía socio” solo para arrendar esa película en específico, y en el proceso te podías echar tres días, y toda la poca plata que tenías.

Hoy día es distinto. Yo les puedo recomendar la película más rara que se me ocurra, una joyita independiente de terror hecha para la televisión nigeriana, y en tres minutos la pueden tener en sus computadores en HD con subtítulos y sonido 5.1. Sin haber levantado el traste del asiento, y sin haber gastado un peso. No lo digo con ese resentimiento de abuelo picado que tenía que caminar diez kilómetros para llegar al colegio, no. Lo digo como alguien que está feliz de vivir en esta época, que todos los días está descubriendo cosas nuevas y que sigue sin poder creer que algo como Netflix exista… Pero también lo digo con preocupación. Y aquí es donde volvemos a Terminator: Genisys. (Por fin Hermes, vamos en la carilla tres, qué onda).

Sarah Connor, después de haber visto Genisys.

Hace unos días me repetí The Terminator, ya no con el relato apasionado de mi vieja sino gracias a un blu-ray pulentísimo que me regaló el Dr. Malo. Y lo que más me sorprendió de la repetición fue lo simple y compleja que es la historia, a la vez. Es simple porque se trata de dos compadres que vienen del futuro. Uno es bueno y otro es malo. Uno es humano y otro es robot. Uno viene a proteger a una comadre, otro viene a matarla. Partieron. Acción, secuencias filete, sorpresa al final. Fin. Ahí está lo simple. ¿Dónde está la complejidad? En los detalles. En que estos dos guerreros no podían viajar con armas, así que tienen que conseguirse. Ni siquiera tenían ropa. Desde el principio la contienda es desigual. Al robot no le importa nada, mata gente, tiene una computadora que le da múltiples ventajas, etc. El humano sufre: Se cansa, los golpes le duelen, no quiere hacerle daño a nadie en el proceso.

¡Y nadie sabe dónde está Sarah Connor! No existían archivos, así que el robot y el otro compadre van a la guía de teléfonos. Por pura suerte, la protagonista es la última en la lista, así que alcanza a alertarse de la amenaza cuando su nombre empieza a salir en las noticias. El soldado protector llega a ella justo antes de que el Terminator le meta una bala en la frente con su mira laser. Pero el soldado protector es un guerrero dañado que se comporta como sicópata, un veterano de guerra que está pésimo, y que no entiende el mundo al que llegó. Se mete la policía gringa, el cuento del veterano suena cada vez más loco y lo quieren internar. Hasta que llega el Terminator y se mete a la estación de policía y mata a todos y cada uno de los que se supone están para proteger a Sarah. Salvo al veterano de guerra loco. Y bueno así, ustedes me entienden.

Todas esas dificultades, esas vueltas, y esos procesos, son la clase de cosas que están desapareciendo de las películas hoy en día, porque son cosas que ocurren en el mundo real, tangible. En el mundo análogo, ustedes me entienden. No es malo que el mundo esté volviéndose digital en todos sus aspectos, para mí lo malo es que las películas se contagien con ese pensamiento digital, porque se traduce en flojera. Tal como los fliméfilos ya no tienen que buscar las películas que quieren ver, las películas nos muestran personajes que no tienen que recurrir a la guía de teléfonos para encontrar a sus víctimas.

La gracia de las dos primeras Terminators es que son películas de acción análogas. Toda la tecnología que existe es secundaria, incluso Terminator 2 que es la película de acción que empezó de alguna forma la transición a las películas de acción digitales, es análoga en espíritu. El T-1000 puede imitar a quien sea, pero el compadre primero tiene que robarle un computador a un policía, después pedirle una foto de John Connor a los padres adoptivos, y después ir y asesinarlos cuando John Connor se le escapa. ¿Y cómo lo pilla el T-800? Le tiende una trampa con el nombre del perro. Aquí tienen un ejemplo de dos personajes que vienen del futuro, pero que incurren en acciones que todos podemos seguir, que pertenecen a un mundo análogo, nuestro mundo. Nos podemos identificar con estos personajes, podemos darnos cuenta de lo inteligentes que son y emocionarnos, podemos gozar esta película porque son cosas que podrían pasarnos.

Para Terminator 3: Rise of the Machines las películas de acción (y la saga Terminator) ya se habían contagiado con el espíritu digital, y todo empezó a volverse más imposible, más fantasioso y más épico. Ahora los Terminators podían conectarse a “la red”, infiltrar sistemas de vigilancia, incluso la Terminatora podía propagarse como un “virus” y hacer que un millón de autos se manejaran solos para perseguir a John Connor y la minoca.

Y así de poco empezó a podrirse todo.

Si se fijan en las grandes películas de ciencia-ficción y espectáculo de hoy en día, todas las escenas climáticas cerca del final de la película son un despelote de efectos especiales donde se destruyen ciudades completas, donde cien millones de ultrones invaden Bosnia para levantarla y dejarla caer en la tierra, donde un man of steel se enfrenta a otro kriptoniano y transforman todo Metrópolis en Chuquicamata, o donde cien millones de orcos se enfrentan al ejército de enanos codiciosos que no le importan a nadie. Toda esta destrucción y despliegue de efectos especiales ocurre por un simple motivo: Porque se puede hacer. Y es lo que el público ha llegado a esperar (o lo que Hollywood cree que el público espera).

Pasa lo mismo cuando uno compara las Star Wars viejas (análogas) con las precuelas (digitales). Antes la gracia era que Han Solo llegaba a último minuto a ayudar a Luke, y el compadre decidía entregarse a la Fuerza en el momento más intenso. Boom. Chao, Estrella de la Muerte. Comparen eso con el final de Phantom Menace. Ahora hay efectos que lucir, ejércitos con millones de robots que mostrar, batallas increíblemente complejas con muchas naves, duelos de sables con capoeira y espadas laser dobles, triples, cuádruples. Antes al final de la película uno esperaba que el bueno fuera más pillo que el malo, y con eso bastaba. Cuando John McClane consigue ponerle el balazo a Hans Gruber y su cómplice con las únicas dos balas que le quedaban uno quedaba feliz, no quería ver que volaran a toda la ciudad, ni que McClane se subiera a un avión y destruyera toda la autopista central.

¿No les pasa a veces que encuentran que todas las películas terminan igual? ¿En un gran escándalo de efectos especiales y ruido donde nada importa mucho? Mi sensación es que las cosas ya no les pasan a personas de carne y hueso, no les pasan a personajes inteligentes y sensibles (como nosotros), todo pasa a gran escala, con robots destruyendo todo, con monstruos peleando contra pixeles. Y con razón todo lo que pasa nos importa una raja.

El ejemplo que tengo más cerca hoy, claro, es Terminator Genisys. Con la original tan fresca en mi cerebro no pude evitar comparar la simpleza del mundo análogo vs. la complejidad apestosa e inútil del mundo digital. En la original el Apocalipsis comenzaba cuando la computadora Skynet cobraba consciencia, decidía que la humanidad era la principal amenaza para el planeta y BOOM. Nos tiraba nuestros propios misiles. Listo, chao. Bienvenidas pesadillas de Sarah Connor en la plaza.

Como vivimos en el mundo digital, Terminator Genisys sintió la necesidad de cambiar esto, y transformar la amenaza en una cosa digital de nuestros días. “Skynet es Genisys”, es el mensaje confuso que recibe Kyle Reese desde las profundidades de las líneas temporales. Y desubrimos que «Genisys» no es otra cosa que un sistema operativo. Al principio lo encontré aceptable. Esta película iba a hacer el puente entre el mundo análogo de las originales y el mundo digital actual. Por un momento me entusiasmé porque pensé que podían hacer algo pulento con esto. ¿Skynet vuelve a la humanidad en su contra mediante Internet? ¿Cómo? Sorpréndanme, peliculastas.

Pero no me sorprendieron. Porque la idea llega hasta ahí no más. En la película, Genisys es un sistema operativo que le permite a la gente tener todos sus aparatos sincronizados (así lo describen), y es algo que por alguna razón resulta muy excitante para todos, al punto de que hay “cuentas regresivas” en todas partes. Incluso los doctores están felices mirando sus iPads en el hospital, esperando poder usar Genisys. ¿Y cuál es la idea? ¿En qué afecta esto a los demás personajes? ¿Cuál es la misión que tienen nuestros héroes? La idea es nada. El sistema operativo solo afecta a los personajes porque ellos mismos nos dicen que el sistema operativo es malo. Y la misión es apagar un computador. Literalmente, eso es todo lo que tienen que hacer. ¿Se acuerdan que los personajes de las precuelas de Star Wars pasan todo el día sentados, caminando por pasillos, mirando por las ventanas? Claro, después pusieron ciudades impresionantes de fondo, miles de naves siempre volando en el cielo, todo digital, todo sin alma. Eso es mucho más fácil de hacer. ¡Nunca habíamos visto cosas así! Es tanta la flojera que contagia a las películas, que antes si queríamos una Sarah Connor guerrera, la actriz se transformaba en una loca brígida, que sin dudas era capaz de hacer todo lo que hacía en la película. ¿Hoy día? Filo, los compus pondrán explosiones filetes de fondo:

(Foto comparativa de las Sarahs Connors por Vern).

Vuelvo a preguntarme. ¿El mundo digital tiene tan malacostumbrados a los peliculastas (y a nosotros) que ya no se dan la lata de pensar buenos conflictos, buenas escenas, buenas aventuras? ¿Cuándo se van a dar cuenta los peliculastas de que la conectividad y el poder digital que tanto nos impacta no sirve para hacer buen drama, el principal combustible de la ficción? ¿Cuántas películas más tenemos que mamarnos en que los malos son todopoderosos gracias a los computadores, y la misión del héroe consiste en apretar un botón en medio del carnaval de los efectos especiales donde, literalmente, no salva a nadie?

He pensado mucho en películas análogas vs. películas digitales, y curiosamente llegué a la conclusión de que puede existir en el equilibrio. Terminator 2 es una de ellas, y el otro equilibrio es The Matrix. Lamentablemente son dos películas noventeras, cuando lo digital todavía era nuevo, bueno y fascinante, donde los peliculastas encontraron herramientas nuevas, pero el cerebro aún lo tenían en análogo. Por eso el climax de T2 consiste en tirar a un robot a la lava, y en Matrix en Neo Dewán corriendo para contestar un teléfono. Las secuelas de The Matrix (como las de Terminator que siguieron) se perdieron en el abismo digital y lo único que tenían para ofrecernos eran batallas aparatosas donde no importa nada ni nadie. Como dice el personaje Ian Malcolm en esa otra maravilla análoga que es Jurassic Park: «Estaban tan ocupados pensando que podían hacer todo esto, que no se preocuparon en pensar si DEBÍAN». Si los peliculastas dejaran su cerebro y su corazón en el mundo análogo, todo sería más emocionante para nosotros los espectadores, porque recuperarían el lado humano que tanto le falta al cine de espectáculo hoy en día.

¿Saben quiénes mantienen su espíritu en el mundo análogo pese a chapotear en pixeles y maravillas digitales? Los de Pixar. Por algo estrenan una película increíble que jamás habría sido posible hacer sin la tecnología actual que se trata LITERALMENTE de los sentimientos. Y ahí tienen Intensa Mente, una de las mejores películas del último tiempo, animadas o no.

¿Saben quién también es análogo? George Miller, el director de Mad Max: Fury Road. Por eso el énfasis está en los humanos, y el climax nos muestra a un villano siendo derrotado con ingenio, y a un personaje decidiendo cambiar el propósito de su destino sacrificándose en un choque apocalíptico. Choque apocalíptico que no vemos, por cierto, porque el peliculasta sabe que da lo mismo. Lo importante ya lo vimos. Nux, Furiosa y Max se redimieron, así que aquí tienen un plano en cámara lenta del comienzo del choque, y del volante con el símbolo de Immortan Joe volando hacia la cámara… Ahí está todo. Guarden su festival de efectos digitales cansadores para el final de la nueva Transformers. Atte., George Miller. Además, ¿quién necesita ver más destrucción cuando ya vimos todas esas secuencias alucinantes, donde siempre SIEMPRE siempre lo importante eran los personajes metidos en la acción, y no la acción en sí misma?

Yo creo que es hora de dar otro paso en la evolución fliméfila. Escúchenme con atención, Hollywood. Ya explotaron demasiado la era digital de no pensar mucho las cosas y de hacerlo todo solo porque pueden. Ya entendemos que pueden destrozar planetas completos de manera fotorrealista, y entendemos también que esa fórmula ha traido dividendos. Pero ahora demos vuelta el péndulo un poquito para el otro lado. Hagan una película de Superman en que el compadre derrote al malo con ingenio y que el final signifique algo, no terminen la película solo porque ya pasaron diez minutos de destrucción y tenemos que irnos pa la casa. Hagan otra de Batman en que el final sea él solo conversando con dos compadres más. Quedó tan lindo en Dark Knight, ¿no encontraron?

Si siguen yéndose al chancho y calcando fórmulas sin pensar tanto en lo que nos lleva al cine (el alma), me temo que la flojera digital va a terminar matando las películas. O peor, nuestro amor por las películas. Ya no habrá niños que pidan que les cuenten las películas y no será porque habrá mucha oferta de flims para ver. Será porque dará lo mismo, y no habrá nada interesante, inteligente ni emocionante que contar.

Y ese amigos, será el verdadero triunfo de Skynet.