ODT: La Residencia.

Lo primero que me llamó la atención de esta carátula fue el nombre del peliculasta. Yo les cuento. Narciso Ibáñez Serrador es un señor español (de España) que según mi investigación científica en Google ha hecho muchas cosas terroríficas en la tele española pero que se ganó mi corazón fliméfilo por haber hecho la maestra ¿Quién puede matar a un niño?, película sobre péndex asesinos que hace tiempo me voló todo lo que es traste.

Esa cuestión aparte de dar miedo, tener péndex maestros y ser entera cuática tiene la gracia de verse bacán porque le lleva las medias escenas así fotovisualmente hablando. Así que apenas vi que había hecho una llamada La Residencia (1969), dije “chalupa” pero nadie me había dicho “upa” así que fue triste en verdad.

La Residencia se trata de un internado todo hogar de Pony donde hay puras minocas, y es muy terrorífico porque es de la época de las carrozas, los caballos y los corsés. Claro que no las carrozas, los caballos y los corsés bonitos de Sensatez y Sentimentalismo, sino la versión más oscura y terrorífica de esa época, onda Los Otros, The Innocents, o las fotos de mi Tata. Apenas empieza la cuestión tira toda la onda de ser película de fantasmas, de hecho. La casa es vieja, tiene escaleras gigantes, mesas largas, iluminan todo con candelabros, etc. Como la escuela de los magos de Howard’s pero sin péndex apestosos ni hechizos. De hecho a las pobres comadres del internado les enseñan puras cosas feministas para que puedan crecer como mujeres independientes: amasar pan, cocinar, bordar, hacer el jardín, etc.

Al principio explican que el internado es donde las familias antiguas llevaban a las hijas que no hacían nada en la vida, y las dejaban ahí abandonadas en el encierro, así que es como un reality. En una parte incluso las muestran duchándose y las pobres tenían que ducharse con ropa, igual que en los realities. Lo peor del internado eso sí es la directora, que es una viejuja toda distinguida y parada en las hilachas a la que todas le tienen miedo, porque es brígida. Es como una Mary Poppins pero que nunca echa la talla, ni menos canta y/o baila con monitos animados. Puro hace dictado (zzz) y si no le hacen caso agarra a las pobres comadres a latigazo limpio, como la de la teleserie nocturna La Argandoña.

Y como en todas las películas que se tratan de manicomio, colegio, universidad, institución equis, la cuestión parte con la llegada de la comadre «nueva». En este caso una pobre  que en cuanto llega todas le intrusean las cosas y le piden enaguas prestadas, que es como el equivalente hoy día de “deja revisar el correo por fa”. Ahí le muestran toda la rutina, y le dicen que entre las alumnas hay una sapa que es como la Smithers de la viejuja, y también le explican que la viejuja vive en la casa con su hijo, el tal Luis.

Este Luis es un compadre rubio todo mamón que parece marioneta de ventrílocuo y que obviamente anda espiando a todas las minocas y queda loco cuando a una se le ve el tobillo al borde del camisón. La mamá le dice que esas comadres no están a la altura que él se merece, y que algún día va a encontrar una mujer como ella. O sea, la señora no ha visto Psicosis ni ha leído Edipo Rey y no sabe con la chichita que se está curando.

La cosa es que un día una comadre equis se aburre de la vida en el internado, y cuando está a punto de escapar aparece una silueta de la nada y ZUÁCATE la acuchilla en cámara lenta y uno queda para dentro con así cada pepa, porque es terrible inesperado (si la ven, olviden este pedazo de la crítica, gracias). La cosa es que ahí la película se transforma en misterio y uno está todo el rato creyendo que la asesina es una, o quizás esa otra, o en una de esas ese otro y así.

Y aunque al principio no me gustó nadita esta cuestión, debo confesar que después de un rato me empezó a caer mejor, después me sacó a bailar, me regaló chocolates, y al final le di mi teléfono y le dije mándame un inbox al Face (metáfora). O sea, me conquistó el flim, qué quieren que les diga. No sé si les va a gustar a todos, así que mejor les explico qué fue lo que me gustó a ver si les tinca.

Lo que más me gustó fue la onda en general de la cuestión, y que parece película antigua de fantasmas, con música llena de cornetas cuáticas y coros, y todo. Me hizo acordarme de esas de Drácula inglesas que hacían en los sesentas con Saruman como Drácula también, y en general encontré que se veía a toda zorra. La embarró que sabe hacer películas con casas viejas el compadre. También para ser tan vieja tiene chorezas fliméfilas que encontré maestras, como una parte en que muestra a una comadre del internado poniéndole Wendy con un compadre, y al mismo tiempo va mostrando las caras de envidia de todas las compañeras mientras bordan. A toda raja. Aunque las chorezas fliméfilas que más me gustaron fue lo que hizo el compadre con dos asesinatos. No es nada muy OH MY GOD pero los detallitos hicieron que sintiera que estaba viendo algo entero original y nada de típico, y esa no la pueden hacer ni las películas modernas contemporáneas de ahora.

Y lo otro que me gustó fue el final. A diferencia de lo que pasaba en La Casa Cercana al Cementerio, La Residencia (Cercana a Puros Bosques) tiene un final que se entiende perfecto, y que es espeluznantemente inquietantoso y cuático. No tanto por lo que pasa, sino por cómo pasa. Y para no dejarlos metidos, se los voy a contar, después del maravilloso monito de SPOILER que inauguramos. Si no quiere saber lo que pasa, sáltese el párrafo que sigue.

Resulta que la señora Brígida del internado era inocente, y el malo era el pelmazo de su hijo Luisito. Claro, uno juraba que el compadre era california no más, pero en realidad estaba ENTERO loco, y se tomó a pecho lo que le dijo la mamá de encontrarse una minoca igual que ella. Porque lo que ha estado haciendo el compadre es matar a cualquiera que se escapa, y armarse un cadáver que se parece a la mamá. A una le corta las manos, a otra le saca los ojos, etc. Y al final la viejuja descubre la “polola” del hijo y está toda momificada asquerosa, ¿y saben lo que hace el hijo? Encierra a la viejuja con el cadáver y le dice “Háblale, enséñale a quererme como me quieres a mí”. ¡Y la deja ahí! Y adentro la viejuja hecha pebre gritando “¡Luiiiis! ¡Luiiiiis!”. Para terminar de rematar el final, el Luisito mira a la cámara y la imagen se CONGELA. Y déjenme decirles, señores peliculastas del terror, resuciten esta práctica porque es LO PEOR.

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Y bueno, eso sería. Si están en la onda de ver algo distinto y lenteja que no es ni tan sangrientoso ni brígido pero que tiene cosas MAESTRAS, esta les va a gustar tanto como a mí. Bien, peliculasta Narciso ah. Me sigue gustando más la de los péndex, pero esta está harto buena. Te felicito. Trescientas millones una calabacita.

¡Hasta mañana!

* El dibujito maestro del SPOILER así como el logo del FlimCast, cortesía del seco amigo Andrés Padilla.