ODT: Antichrist.


Me pilló el reloj maldito. Ando como la colorina esa que corría con música punchipunchi en el flim La Lola que Corre, y así y todo no alcancé a escribir la minicrítica del terror de ayer (sorry). Igual fue bueno tener un día más para sacarme la carita de veterano de Viet-Nam que me dejó esta cuestión.

También fue bueno que la viera tan tarde en la noche, porque si mi vieja me pilla viéndola yo cacho que me castiga hasta mi jubilación. Para que ustedes no se manden el mismo condoro que yo, les aviso al tiro que esta cuestión no tiene nada que ver con el Andy Cristo de las películas de La Profecía. Ustedes cachan, ese cabro chico millonario apestoso que tiene de mascota un Doggenweiler satánico y que cada vez que sale se escuchan coros de iglesia terroríficos.

Andy Cristo go home!

Esta película es nada que ver, porque se supone que es de un director maestro que hace puras películas donde siempre tortura a las comadres y las trata pésimo. Se llama Lars Von Trapp, y es famoso porque hizo esa película donde la Björk sufría diecisiete horas seguidas (Bailarina de la oscuridad), y esa otra donde la Nicole Kidman sufría por veinticinco y media más (Hotdogville).

Lo bacán es que este director siempre da mucho que hablar porque uno sale TAN apestado del cine, que transmite por cinco días seguidos y no sabe qué hacer con la rabia. También es profundo y tiene ene contenido y hace metáforas bacanes como en Hotdogville, que era en un escenario negro con un mapa de USA dibujado en el suelo, y eran todos malos vengativos, y al final salen puras fotos mala onda de USA con música gringa, y un letrero que dice “Por si las moscas me carga USA. Firma: Lars Von Trapp, peliculasta”.

Se jura Gollum.

Bueno pero como les decía, esta película no es del Andy Cristo, sino de una flacuchenta horrible (la no sé cuánto) y de su marido, encarnado por el Jesús Papiche de La Última Pasión del Cristo (que también hacía de malo en Spider-Man 1). Sale un cabro chico igual, pero no es diabólico ni tiene un Doggenweiler , y dura menos que un Candy en pantalla, así que todo el resto de la película la mamá y el papá están llorando al pobre péndex y sufriendo (spoiler).

La cosa es que Jesús Papiche es sicólogo y decide él curarle la pena a la esposa. Así que se la lleva a una cabaña terrorífica y de ahí en adelante lo único que hace el parcito es aplicar alguna de estas tres cosas (o las tres al mismo tiempo porque los seres humanos son complejos): sufrir, torturarse y/o snu-snu.

Alguien se robó los Muppets.

Y a los que estén pensando que esta cuestión no es de terror, les digo al tiro: Espérense no más (por algo la vi en octubre). Aunque no hay demonios ni asesinos ni monstruos ni mi primo Feto, esta cuestión es más terrorífica que ser nochero en un manicomio abandonado donde murieron todos en un incendio hace cien años atrás, la noche de San Juan.

Como son dos personajes y la flaca horrible está medio loca, hay caleta de escenas cuáticas que son como pesadillas de la comadre, o del compadre también porque la locura es contagiosa, o si no no habría tanto fanático de Crespúsculo. Hay escenas brígidas en el bosque en que la comadre se pasa los medios rollos, ve cosas en cámara lenta y se escuchan ruidos guturales (eructos de Satanás). También es heavy cuando escucha llorar al finado péndex, o cuando lo ve aparecer como si nada.

A la pobre indefensa ni Bambi le presta ropa.

O sea, además de aguantar al marido insoportable todo el día sermoneándola con la onda sicosiquiátrica, la pobre más encima tiene que aguantar las cosas terroríficas que pasan en la cabaña y en el bosque, porque está todo construido sobre un cementerio de Boy Scouts. Es eso, o todo es mental interno cerebral y es terror sicológico el flim, pero yo me inclino por la teoría del cementerio Scout. (En una parte aparecen los fantasmas de Bambi, un pajarraco y un perro atropellado, y esas son todas insignias Scout, piénsenlo).

Lo heavy es que esta película tiene escenas brígidas para mayores de veintiuno con criterio formado, preferentemente carniceros insensibles y/o forenses, porque vieran. No les quiero contar mucho, pero hay como siete escenas que me hicieron gritar, y una con la que casi me desmayé. Yo cacho que el peliculasta se va a ir de demanda cuando vean la película en la Sociedad Protectora de Pilines y Florcitas. Quedé con pesadillas una semana, y creo que un urólogo que vio la película dijo “se fueron al p…” y no terminó la frase porque se desmayó (cáchense).

Es tan heavy todo, que me estoy angustiando de puro acordarme, así que voy a poner una foto tierna para descansar un rato. Permiso.

Aaw.

Ya. También es bacán el flim porque está separado en capítulos. Cada cierto rato salen letras artísticas encima de pinturas de arte moderno y nombres cuáticos, y da la impresión de que uno está leyendo un libro bacán y como que la inteligencia empieza a crecer heavy. La copia que vi yo además tenía unas letras que aparecían y decían “Promotion Only” y me tinca que representan al sistema que todo lo comercia. O sea, es una película con caleta de lecturas.

Antes de terminar les quiero contar que esta película las tiene todas: tiene camarógrafo con Párkinson que anda detrás de los actores todo el rato, y también tiene camarógrafo pro en blanco y negro y con cámara hiper lenta (las dos caras de la moneda).

El camarógrafo estiloso.

Al final no entendí nada y no caché bien qué pasó al final, pero filo. Voy a hacer análisis pro de aquí a unos diez años más y voy a descifrar si era maestra o puro tollo. Igual yo cacho que las mujeres torturadas representan a la mamá de Lars Von Trapp y el pilín representa a USA. ¿Cómo no se va a ganar el Oscar? Diecisiete millones quince mil cincuenta estrellas, un filósofo cesante para analizarla y un Santa Teresa Award a Lars Von Trapp, por buena onda.

© Hermes Antonio, el crítico que no avala el maltrato de pilines ni florcitas.

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